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CRÓNICA

Cruïlla BCN: David Byrne, siempre único

El antiguo Talking Heads sorprende en el Cruïlla con su imaginativo nuevo espectáculo, sin cables ni amplificadores por medio

Juan Manuel Freire

David Byrne, la noche del sábado en el Parc del Fòrum

David Byrne, la noche del sábado en el Parc del Fòrum / EFE / MARTA PÉREZ

Ya lo avisaba el propio David Byrne en un tuit a mediados del pasado diciembre: se refería a su próximo espectáculo como "el más ambicioso que he dado desde los conciertos que fueron filmados para 'Stop making sense', la mítica película firmada por Jonathan Demme.

Y no, el ex Talking Heads no mentía. Lo que ofreció en el Cruïlla comparte ADN creativo con aquellos conciertos, empezando por su rechazo frontal al barniz de espontaneidad y autenticidad que se presupone a una actuación rock, y siguiendo por unas coreografías estilizadas, o, en fin, una eterna capacidad de sorpresa.

La visión del escenario Cruïlla Enamora era insólita: ¿dónde estaban los cables, los amplificadores? ¿Qué iba a pasar aquí? Byrne llegó, se sentó en una mesa y empezó a cantar 'Here', de su reciente disco 'American utopia', mientras analizaba la réplica de un cerebro. Se oía música, pero no había músicos. Salieron para 'Lazy' (su colaboración con X-Press 2), con sus instrumentos a cuestas, ya fueran guitarras o tambores o teclados. Lo mejor y más sorprendente es que, en lugar de pasearse a su aire por ese escenario vacío, convergían con Byrne en estudiadas coreografías. Mención especial para el corista pelirrojo y su compañera afroamericana, que evidentemente se quedaron los mejores pasos durante los ensayos.

 Para regocijo de los fans más antiguos, Byrne recuperó clásicos de Talking Heads, como 'I Zimbra', 'Slippery people' o una extraordinaria 'Once in a lifetime', título que podría servir para subtitular esta actuación: solo "una vez en la vida" se ve algo así. Byrne, siempre único.

Contagiosa Diawara

Al principio de la jornada, la maliense Fatoumata Diawara había entusiasmado al público del escenario Time Out con su afro-pop teñido de funk wassoulou. Entre canción y canción (como 'Kokoro', el hit 'Sowa' o una afrobeat 'Negue negue'), múltiples llamadas al entendimiento entre culturas, el respeto e incluso el amor por la diferencia, la necesidad de paz en el mundo… Todo ello expresado con verdadera furia positiva. La misma que la impulsaba a perderse en su propia música, alargando cada número con bailes sin freno.

Completaron un positivo menú vespertino Elefantes, tan expresivos y sentimentales como se esperaba; We The Lion, con sus canciones-estufa indie-folk; la decente banda reggae SOJA, o un animado Ramon Mirabet.

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