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NOVEDAD EDITORIAL

Sergi Doria, memoria de Barcelona

El periodista y escritor publica la novela 'La verdad no termina nunca' ambientada en los años 30 y 50

Elena Hevia

El periodista y escritor barcelonés Sergi Doria. 

El periodista y escritor barcelonés Sergi Doria.  / Alba Cambeiro

El periodista cultural Sergi Doria tuvo dos abuelas modistas, y así las recuerda permanentemente unidas a la máquina de coser Singer y al sonido acompasado de los pedales. “Ser periodista tiene algo de aquellos vestidos a medida que ellas cosían, te piden un artículo de una cierta extensión y con una determinadas características”, advierte. Pero la realidad se le ha quedado corta a Doria que hace unos años se estrenó en la ficción con una novela, de la que 'La verdad no termina nunca' (Destino), su segunda incursión, es una especie de prolongación de aquella aunque una y otra puedan leerse independientemente. Regresan las señas de identidad del autor: su vocación barcelonesa, el peso de la historia antes y después de la guerra civil española estilo 'Amar en tiempos revueltos' y muy especialmente la recuperación de personajes que por sí solos se merecerían una novela entera. En este libro varios de ellos, más o menos camuflados, se pasean por sus páginas, en eso que tan bien sabe hacer la novela histórica mezclar lo real con lo inventado.

La querencia de Doria por los años 20 y 30, felices y turbulentos, viene de sus estudios, de su tesis sobre las revistas de esas décadas que le devolvieron a Alexander Promio, el francés que trajo a España el invento de los Lumière, a la aviadora y periodista Titayna que robó una cabeza de Buda en un templo de Angkor y entrevistó a Alfonso XIII (además de a Hitler y a Mussolini), a Luys Santamarina, amigo de Max Aub, un raro falangista que dio la cara por muchos republicanos después de la guerra, o a los mangantes Strauss y Perle que acuñaron la palabra con la que a partir de entonces se conocerían los trapicheos económicos, el estraperlo. “Es el antecedente más claro del caso Gurtel y es que

"El estraperlo es el antecendente más claro del caso Gurtel y es que la corrupción ha existido siempre" 

Sergi Doria 

la corrupción ha existido siempre”, relaciona el autor.

Pero sobre todo se recrea en un personaje de infausta memoria, Alfonso Laurencic, creador de checas de diseño en Barcelona que en la novela adopta el nombre de Teufel. Ese es el descubrimiento que hace Alfredo el protagonista de esta historia en 1956, oscuro escritor de artículos para una enciclopedia popular a quien le toca escribir el de Kandinsky. La investigación en la entonces Biblioteca Central –hoy de Catalunya- le lleva a descubrir que la cultura no siempre ayuda a ser una buena persona y que el libro de teoría de los colores del pintor, ‘De lo espiritual en el arte’, le sirvió a Teufel [es decir, a Laurencic] para organizar las refinadamente crueles checas psicológicas que funcionaron en Barcelona.   

La olvidada autocrítica 

Y es que el autor sostiene que la izquierda (de la derecha ya ni hablamos) no ha hecho los deberes respecto a la autocrítica de sus acciones durante la guerra. “Yo llegué a la universidad poco después de la muerte de Franco y recuerdo cómo entonces un libro como ‘Homenaje a Catalunya’, de George Orwell, que relata la guerra interna entre comunistas y anarquistas durante la contienda, era contemplado entonces con mucho desagrado porque la gente estaba esperando la legalización del partido comunista y todos aquellos libros que explicaban los desmanes del estalinismo eran desterrados”. Doria recoge en el libro un dato poco conocido que Anna Maria Dalí, la hermana del pintor, estuvo recluida en una de esas checas. "Nunca quiso hablar de ello". 

En estos tiempos de reducción a añicos del pasado ciudadano cuando las franquicias de ropa arrasan con los veteranos establecimientos, Doria aboga por ficciones que nos devuelvan los recuerdos, quizá por eso también se dedica al periodismo “porque el periodismo es la manera urgente de hacer historia”. 

Temas: Libros

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