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Cedó y Belbel conmueven en la Beckett con 'Una gossa en un descampat'

La obra aborda el drama y las dudas de una mujer que teme perder a su bebé pocas semanas antes de nacer

Vicky Luengo y Maria Rodríguez son la protagonista y su conciencia y alternan sus papeles cada día

Eduardo de Vicente

Un dramático momento de Una gossa en un descampat.

Un dramático momento de Una gossa en un descampat.

Perder un hijo a pocas semanas de que nazca es uno de los mayores temores que puede asaltar a una mujer (y por extensión, a su pareja). Es un tema del que no se habla. No hay demasiadas películas, novelas ni obras teatrales que lo aborden. Sin embargo, cuando alguien reconoce que le ha ocurrido descubre que, a su alrededor, hay más gente de la que creía que ha padecido una experiencia similar. La autora Clàudia Cedó (Tortugues: la desacceleració de les partícules, L’home sense veu) se ha armado de valor y se ha atrevido a explicar sus vivencias en Una gossa en un descampat, que puede verse en la sala Beckett. Y el resultado es de los que dejan huella.

Una pareja joven espera su primer hijo pero, a los cinco meses, algo empieza a fallar y ella debe ser ingresada. Paralelamente, el chico que es actor, sigue con los ensayos de su nueva obra. A ambos les tocará decidir si seguir adelante con el parto con los riesgos que conlleva y la mínima esperanza de salvar al bebé o acabar con el embarazo.

De la poesía al terror

El texto es hermosísimo, se nota cómo Cedó domina el lenguaje y la dirección de Sergi Belbel es impactante. El escenario es, como avanza el título, un descampado repleto de piedras pequeñas y restos como neumáticos, botellas de plástico o bolsas de basura. A ambos lados del escenario se encuentran una silla ginecológica y una cama que serán los otros elementos destacados. Ofrece instantes poéticos gracias a unos globos flotantes y otros casi de terror cuando, en la oscuridad, acecha una misteriosa sombra. Otro de los recursos mejor utilizados es una escena en paralelo que transcurre simultáneamente en el hospital, en uno de los fragmentos más dramáticos, y en el teatro durante uno de los ensayos.

Vicky Luengo (izq.) y Maria Rodríguez se alternan como la protagonista y su conciencia.

El reparto está encabezado por unas impresionantes Vicky Luengo y Maria Rodríguez. Ambas interpretan a la protagonista y a su conciencia e intercambian sus respectivos papeles cada día. Una inteligente decisión del director para que entre ambas haya una mayor complicidad y también, por qué no decirlo, tomarse un pequeño descanso en unos personajes tan intensos. Su interpretación conjunta (es imposible e injusto destacar solo a una) es extraordinaria y están presentes en el escenario durante toda la obra, a diferencia del resto de intérpretes, que entran y salen.

Se agradece la presencia de la excubana Anna Barrachina, que se desdobla en varios personajes algunos de los cuales (la madre, la diva teatral) aportan el necesario contrapunto cómico en un entorno tan tenso. Otro de los momentos más divertidos es un viaje por Estados Unidos en el que los chicos hacen chistes sobre los actores de cine y teatro. Completan el elenco con eficacia Pep Ambròs, Queralt Casasayas y Xavi Ricart.

Anna Barrachina aporta en el contrapunto cómico con algunos de sus personajes.

Cedó y Belbel miden el dramatismo inherente al tema que abordan pero sin cargar las tintas, dejándose llevar por el humanismo y eludiendo el sensacionalismo, retratando los sentimientos, las dudas y el sufrimiento como una prueba más del aprendizaje al que debemos someternos. De hecho, la obra podría verse como la búsqueda de la redención por parte de una mujer que no ha hecho nada malo, simplemente no sabía si debía o no ver el rostro del bebé que no llegó a nacer.

Dos momentos estremecedores

Pero hay dos instantes que quedan en la retina del espectador: uno en el que las protagonistas interpelan al público y el tramo final que se sigue con máxima inquietud. Ambos provocan en la platea un silencio absoluto, estremecedor, casi reverencial, de total emoción. El momento de los aplausos provoca que los espectadores se levanten de las butacas para ovacionar con entusiasmo a los actores quienes también están cercanos a la lágrima, en especial Luengo y Rodriguez, sometidas a un esfuerzo psicológico extremo.


  

Un espectáculo único, necesario, imprescindible que puede ser una terapia (algunos espectadores agradecen que se hayan atrevido a tratar este tema) pero que sabe hablar de vida a través de la muerte. Conmovedor, un espasmo de realidad que te deja en estado de shock durante unos cuantos días. Toda una experiencia que va mucho más allá del hecho teatral para adentrarse en la intimidad del individuo con delicadeza, respeto y amor, mucho amor.

Para mayor información, recomendamos este reportaje con declaraciones de la autora y el director. 


  


    

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'Una gossa en un descampat'

Lugar: Sala Beckett (Pere IV, 228-232).

Horarios: martes a sábado (20.30 h.) y domingo (18.30 h.)

Precio: de 10 a 20 euros

Más información: www.salabeckett.cat.


        


    

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