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Homenaje al vecindario

El aparador del Raval

La Escola Massana dedica su primera exposición a las gentes y transformaciones del barrio que la acoge

La muestra reúne desde sobrecogedores retratos de marginados hasta inocentes fotos de 'flaneurs' ocasionales

Natàlia Farré

En ‘Melodia del Raval’, Jordi Oliver recogió la vida en el barrio entre 1989 y 1999.

En ‘Melodia del Raval’, Jordi Oliver recogió la vida en el barrio entre 1989 y 1999. / JORDI OLIVER

Desde la plaza de la Gardunya, una inmensa cristalera permite ver el interior de la nueva sede de la Escola Massana. Y lo que uno ve son los grandes, en forma y fondo, retratos que Sasha Asensio lleva años haciendo a los personajes del barrio. No a todos. Solo a los más marginados. A los desahuciados sociales. Habitantes que lucen con toda su precariedad, sí, pero también con toda su dignidad. El tiro de Asensio es entre iguales. "Todos somos ellas, ellos somos todas", afirma. Los retrata desde 1987, cuando llegó al vecindario atraído por ser "el barrio más multicultural de España, quizá de Europa". Las imágenes de Asensio no son fáciles de digerir. La humanidad de las  figuras representadas desafía el canon, pero está es la idea, romper con la clandestinidad y la opacidad de existencias remotas y, a la vez, dar un puñetazo emocional al que mira.

Uno de los retratos de Sasha Asensio.

Aunque la tensión, quizá no sea tanta, pues en frente de las fotografías de Asensio también pasan cosas de esas que golpean el estómago. En el otro lado de la plaza, que debe su nombre a ser el patio de atrás de la Boqueria, el lugar en el que se ponían las paradas con menos caché y con más gritos y de ahí la relación etimológica con el patio de la Gardunya de la prisión de Santa Amàlia (1839-1836). Una cárcel tan superpoblada que sus reclusos vivían en los patios: el del Mico y el de la Gardunya. De la conexión entre el jolgorio de ambos lugares viene el nombre de la plaza: 'Pati de la presó i de la part més cridanera i tèrbola del mercat de la Boqueria', en diuen també la Gardunya, reza en el nomenclátor de la ciudad. Bien, pues en el otro lado de la plaza, el que uno ve desde la cristalera de la Massana, desde el aparador del centro, inmigrantes y refugiados protestan desde hace meses contra "el racismo social e institucional» del que se sienten víctimas. 

Así, el interior sale y el exterior entra:"«Este espacio expositivo no es solo de fácil acceso público, sino que, además, tiene una visibilidad pública evidente desde la plaza. Es un aparador", explica Pep Dardanyà, comisario de la muestra que reúne en la Massana las fotografías de Asensio y otros cinco fotógrafos, a la vez que reconoce que las instantáneas de los habitantes más precarios del barrio son las más visibles desde el exterior de forma buscada: "Las pusimos de cara al aparador porque cuando sales de la exposición, te enfrentas a esta realidad que capta Asensio".

Del Chino al Bar Marsella 

Una mirada vehemente e hiperrealista que nada tiene que ver con la de Jorge Ribalta, otro de los autores presentes en la muestra. La suya "es más reflexiva y sutil pero no por ello menos sobrecogedora", sostiene el comisario. Asensio, Ribalta, Consuelo Bautista, Paco Freire, Jordi Oliver y Mireia Vidal son los seis artistas que reúne Raval. 'Canvi d’escena', la exposición con la que la Massana inaugura su espacio expositivo y propone "una reflexión sobre la capacidad de la fotografía de representar un lugar, sus gentes y lo que acontece", explica Dardanyà.

Uno de los retratos de Consuelo Bautista.

De ahí que se hayan seleccionado seis fotógrafos que han trabajado de forma permanente en el Raval y que tienen una "diversidad de miradas". Incluso antagónicas, como la de Asensio y Ribalta. Si la del primero alude a la comunidad marginada; el segundo habla de "la transformación arquitectónica como metáfora de la gentrificación", relata el comisario. Desde abril del 2009 a octubre del 2017, Ribalta fotografió regularmente la esquina de la calle de Hospital con la de Floristes de la Rambla. El tiempo transcurrido entre que el espacio ha pasado de estar ocupado por una modesta tienda de barrio a lucir sobre el solar el moderno edificio diseñado por Carme Pinós para la Massana. La secuencia es inédita y es parte de un proyecto más amplio.

Más años tiene los dos  proyectos que presenta Jordi Oliver: 'Melodia del Raval' y 'Bar Marsella',  trabajos realizados en los 90 que son un documento fotográfico, el retrato de un barrio que estaba en plena transformación. Instantáneas de lo que existía y ya no existe. Empezó retratando la fiesta y el drama de la vida en el Marsella y luego continuó con todo el barrio Chino. Acabó por autoeditarse un libro con las imágenes que Manuel Vázquez Montalbán prologó y, al final, el trabajo le dio el pasaporte, en forma de beca, para irse a estudiar Nueva York.

El atentado en la Rambla  

Pero ¿es toda la exposición una mirada sesgada de la realidad más cruda del barrio? No. Ahí está el trabajo de Mireia Vidal: "Una mirada inocente del flaneur'", expone el comisario. Vecinos, turistas, estudiantes... que pasan por el Raval y que la autora recoge con una cámara desechable analógica en la que pasa el carrete despacio para que las imágenes se enlacen unas con otras.  Consuelo Bautista, desde el compromiso social  y el género documental, pone voz a sus imágenes proyectando instantáneas de la calle de Hospital al tiempo que se oyen los sonidos grabados en la vía.

El atentado de la Rambla visto por Paco Freire. / PACO FREIRE

No necesita palabras la última de las series presentadas: un trabajo inédito de Paco Freire realizado el 17 de agosto del 2017, el día del atentado de la Rambla. El fotoperiodista llegó al lugar de los hechos cuando el paso ya estaba barrado por la policía. Así que cambió su objetivo. Apuntó hacia los vecinos del barrio, pero no a todos, se fijó en la comunidad musulmana. Y ahí está la preocupación latente que se respira en las cinco fotos expuestas de una serie de 474. "Me interesaba el hecho de que si no conoces la historia que hay detrás, la imagen no se puede leer con toda su intensidad", sostiene Dardanyà, que concluye: «La exposición es un homenaje al barrio,  en el que la escuela lleva mucho años instalada». 

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