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la gran cita del pop catalán

Canet Rock vibra con su esencia

La reivindicación y el mensaje político protagoniza la quinta edición de la era moderna del festival

Ignasi Fortuny

El público llenó ayer el mítico Pla d’en Sala en la quinta edición del Canet Rock del siglo XXI.

El público llenó ayer el mítico Pla d’en Sala en la quinta edición del Canet Rock del siglo XXI. / ACN / Jordi Pujolar

La música como pretexto para el encuentro, la celebración y, sobretodo, la reivindicación. Eso es el renacido Canet Rock, como no podía ser de otra manera por nombre, por esencia y, en definitiva, por genética. Y eso ha sido de una manera muy clara el arranque de la gran cita del pop catalán en su quinta edición de la era moderna, sin duda el que ha tenido más mensaje político desde que el certamen volviera en el 2014. Una cifra redonda que le consolida y con la que logra superar los cuatro festivales que bajo el mismo nombre se celebraron en los 70.

En el año en el que este hito suponía la emancipación de esa muleta histórica que le ha acompañado, despertó más que nunca su esencia. En el mismo lugar, en el mítico Pla d'en Sala de Canet de Mar, se siguen reivindicado libertades al ritmo de lo más granado de la escena musical catalana. Así, el Canet Rock, que desprecintó las doce horas de música ininterrumpida con los debutantes Sense Sal, bajó el volumen para proyectar mensajes de Open Arms y del rapero Valtònyc -apoyado por personalidades del mundo de la cultura-.

Y si el año pasado el jovencísimo público del Canet Rock se desgañitó gritando "indepèndencia", este sábado el estribillo más repetido no era el de ninguna canción de la docena de grupos de su cartel, sino "presos polítics, llibertat". En eso tuvo mucho que ver la lectura de un manifiesto de familiares de los políticos presos. "Que podamos ver salir en sol en libertad", proclamó la mujer del 'exconseller' Jordi Turull, Blanca Bragulat. Acompañaron desde el foso atentos a su lectura el vicepresidente del Govern, Pere Aragonès, y el 'conseller' d'Interior, Miquel Buch. 

También música

Antes, el festival protagonizado por el pop-rock autóctono y el mestizaje de genes rumberos, reggae y ska que impregna muchas de las bandas emergentes, había visto oscurecer en una tarde conducida principalmente por Animal Brams, los más combativos del cartel. Los primeros, capitaneados por Gerard Aledo, presentaron su segundo trabajo, 'La melodia del foc'. Por su parte, el grupo de Berga desplegó sus mensajes cantados de siempre. Además, Brams fue el único vínculo de conexión con esa generación de bandas catalanas de los 90, a diferencia del año pasado donde tocaron Gossos, Sopa de Cabra y Jarabe de Palo.

Un hecho que muestra esa emancipación de la nostalgia y la apuesta definitiva por el público joven, al que se le sirven bandas, claro, jóvenes, de su generación. Pocos quedan ya de aquellos que vinieron en el primer Canet Rock del siglo XXI movidos por el recuerdo de su primera vez en el Pla d'en Sala. Pero las cifras, 23.000 entradas vendidas y 'sold out' casi dos meses antes, enseñan que hay espacio y continuidad para el festival, que bebe de una nueva generación de jóvenes que cree en la música como herramienta para la reivindicación. 

A la noche se llegó con el grupo de Terrasa Doctor Prats, que cerró con la ayuda de gran parte del público que llenaba el Pla d'en Sala con su juvenil 'Ara!'.  Le cogieron el relevo lo más destacado del cartel: Els Amics de les Arts, que versionó el tema de Ed Sheeran 'Shape of you'; Els Catarres, que tocaron el himno del Canet Rock, 'Fins que arribi l'alba'; y Macaco, que adelantó parte del que será su nuevo trabajo. 

Los encargados de animar la espera hasta la icónica salida del sol del Canet Rock eran las bandas más marchosas. La Raíz, Zoo, La Sra. Tomasa y Txarango, con el papel de agitador final del festival. En la madrugada también hubo tiempo para la -única- pincelada femenina del cartel, Pupil·les, rap feminista venido desde Valencia. 

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