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ENTREVISTA

Eun-Me Ahn: "La danza es libertad"

Coreógrafa y bailarina coreana, la 'Pina Bausch de Seúl', estrena 'Dancing grandmothers', obra en la que participan bailarines profesionales y ancianas aficionadas

Imma Fernández

La coreógrafa y bailarina surcoreana Eun-Me Ahn.

La coreógrafa y bailarina surcoreana Eun-Me Ahn.

'Dancing Grandmothers' forma parte de una trilogía sobre las generaciones junto con 'Dancing Ten-Ten' y 'Dancing Middle-aged Men'. ¿Cómo convenció a las ancianas para que bailaran?

Les decía que eran las más bonitas del planeta. ¡Nunca les habían dicho nada parecido!  'Mírate el cuerpo, no eres tan vieja', les animo. Han llevado una vida muy dura. Las mujeres no podían hacer nada en mi país. Son unas luchadoras y cuando bailan son felices. Este ‘show’ les ha rejuvenecido, incluso a una la operaron la rodilla y se puso a hacer muchos ejercicios para no perdérselo. Les encanta, y quieren más y más, nunca están cansadas. Cambio de grupo en cada gira para que no se sientan divas. Cuando se ven en los pósteres y en la pantalla, ¡uahhhhh!  Y yo quiero que sean espontáneas, que improvisen. Yo solo les digo: ¡Bailad!.

¿Qué supone para usted la danza?
Intento llevar libertad a la gente y compartir la felicidad. Decirles que como ser humano tienes tus derechos y puedes hacer lo que quieras. Con la danza puedes volverte loca, ser tú misma. En Corea, con la dictadura, era difícil. Más que la técnica, siempre me interesó el significado de la danza en nuestra historia. Aún hay gente que cree que bailar es cosa de prostitutas, de gueisa. La danza tiene que ver también con la sexualidad, te da poder, y algunos piensan que es como vender el cuerpo.

¿Su cabeza rapada es signo de rebeldía?
No, no. Me rapé en 1991 para probar. Me dijeron que parecía un chico, un monje. Y yo: '¿Y qué?'. Vi el arcoíris sobre mi cabeza y me sentí rara, desnuda y libre para bailar. Me siento honesta. No pertenecemos a nadie.

Bailó usted en el festival de su amiga Pina Bausch, y algunos la llaman la 'Pina Bausch de Seúl'.
Somos personalidades muy distintas, ella alemana y yo coreana. Nada que ver. La primera vez que vi a su compañía lloré. Eran tan buenos, estaba celosa.  La conocí en mi país y me la llevé de compras, a beber cervezas, fumar, al karaoke. Le extrañó que pudiera divertirse tanto conmigo. Fuimos amigas durante 10 años, hasta su muerte.