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LA CITA METALERA DE CAN ZAM

Scorpions, nostalgia del 'hit' en el Rock Fest

El grupo alemán revivió los días en que el rock duro podía coronar las listas de éxitos

Jordi Bianciotto

Klaus Meine y Matthias Jabs, de Scorpions, durante el concierto en el Rock Fest. 

Klaus Meine y Matthias Jabs, de Scorpions, durante el concierto en el Rock Fest.  / FERRAN SENDRA

Aunque con frecuencia se asocie al heavy metal a la periferia del ‘mainstream’ musical, hubo tiempos en que conquistó las listas de éxitos. Que se lo cuenten a Scorpions, que marcaron a fuego muchas vidas y muchos romances con las ‘power ballads’ y, también, los rocks de estadios como los que este sábado resonaron con fuerza en Can Zam, en la tercera y última jornada del 5º Rock Fest.

Al grupo alemán le sobra discografía para construir varios repertorios de ‘hits’ y clásicos con los que saciar a sus fans. Caen algunos y entran otros. En Can Zam, tras abrir con ‘Going out with a bang’, de su último disco, ‘Return to forever’, del 2015 (canción que rinde homenaje a la amistad en una banda de rock más allá de las idas y venidas de sus miembros), puso inicialmente el foco en un período interesante, el que va 1979 a 1980, cuando Matthias Jabs inyectó tensión metalera al grupo dejando atrás la mística de Ulrich Roth. Ahí estuvieron ‘Make it real’, ‘The zoo’ y la poderosa instrumental ‘Coast to coast’, piezas de aquella época en que Scorpions era una banda ni nueva ni vieja y a punto de que se le pasara el arroz.

Vestigios de los 70

Fueron entonces un poco más atrás en el tiempo con el ‘medley’ setentero, carne del doble en directo ‘Tokyo tapes’, encabezado por ‘Top of the bill’. Scorpions, en su esencia hard rock, aunque a base de citas troceadas. Y la versión del grupo más reconocible, la de los ‘hits’ y las baladas épicas, de 'Big city nights' y 'Rock you like a hurricane' a ‘Wind of change’ y ese ‘Still loving you’ que tanto daño hizo a la abnegada generación de los 80. La garganta de Klaus Meine, aguantando con dignidad. En medio del repertorio, una singularidad, la versión de 'Overkill', de un grupo aparentemente tan alejado como Motörhead, con el que fuera guitarrista del grupo, Phil Campbell, que había actuado horas antes en el festival. Un homenaje al desaparecido Lemmy, evocado en las pantallas de vídeo.

Antes de Scorpions, y a la espera de que Kiss pusiera el clímax de esta edición, se abrió paso el metal con ancestros thrash y speed de Megadeth, el grupo californiano comandado por Dave Mustaine, exmiembro de Metallica de primera hora. Apertura con la clásica ‘Hangar 18’, potables ráfagas de su última obra, ‘Dystopia’, como ‘The thread is real’, luciendo músculo con la batería de doble bombo de un fichaje reciente, el belga Dirk Verbeuren, rumbo a números de solvencia contrastada como las, aunque no lo parezca, humanistas ‘Peace sells’ y ‘Holy war… the punishment due’.

Y propagando la divina palabra del metal, literalmente, estuvieron los señores de Stryper, también californianos, alertando del poder supremo en ‘Yahweh’ y lanzando biblias al público entre canción y canción. Su metal cristiano mantuvo el tipo valiéndose del potente estado vocal de Michael Sweet y de piezas servidas cual cáliz sagrado como ‘To hell with the devil’, que cerró el pase apelando al cántico popular.

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