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EXPOSICIÓN DE LUJO

El MNAC desnuda a Gala del tópico de musa de Dalí y la reivindica como artista

Era una mujer culta y leída con escritura y obra propia que tuvo un papel activo en la creación del genio ampurdanés

Natàlia Farré

Una pared de la exposición con retratos de Gala firmados por Dalí. 

Una pared de la exposición con retratos de Gala firmados por Dalí.  / ALBERT BERTRAN

Personaje poliédrico, con claros y oscuros, amado por unos y odiado por otros. Misterioso y seductor. Inaccesible, a veces. Con una biografía particular, compleja y fascinante. Musa, seguro. Artista, posiblemente también. Figura clave en la vida y obra de Salvador Dalí. Piedra angular del surrealismo, a juicio de algunos. Y personaje de las vanguardias, según muchos. Fue la mujer de Paul Éluard y del genio ampurdanés, un demonio para Luis Buñuel y André Breton, y objeto de pasión para Max Ernst; amiga de René Crevel y modelo de Man Ray. Fue Helena Dmitrievna Diakanova, Gala para la historia, nacida en Kazán, Rusia, en 1894 y fallecida en Portlligat en 1982.

La muestra defiende la autoría compartida de algunas piezas del pintor firmadas como Gala Salvador Dalí

Escudriñar quién fue realmente esa mujer, y cuál fue su verdadero papel en la historia del arte es una tarea que lleva a cabo la catedrática Estrella de Diego desde hace años. Desde que en 1998 puso los pies por primera vez en Púbol y quedó fascinada por el personaje. "Una figura debilitada por la historia. Lo que hay que hacer es olvidar todos los preconceptos que se han dicho sobre Gala y volver a replantearla", afirma.

¿Musa? Que inspiró a muchos nadie lo duda, pero ¿fue también creadora? Su legado es corto: a penas dos obras perdidas, algún cadáver exquisito y un diario. Pero quizá hay más, bastante más, quizá fue una 'performer' 'avant la lettre', una autora capaz de crear su propio personaje: la artista como obra de arte. De hecho, los retratos Max Ernst, Man Ray, Cecil Breton y, sobre todo, de Dalí son mucho más que retratos, son el camino a la creación de su figura. La suya y la de Dalí. El artista de Portlligat no fue solo su pintura, fue la suma de sus pinceles y de la imagen que se creó. Un personaje a la construcción del cual Gala no fue ajena, pero ¿hasta qué punto participó?

"Era una mujer extremadamente culta, que leía mucho y con escritura propia", apunta Montse Aguer, directora de los Museos Dalí. De hecho, sus manuscritos demuestran su pericia con la pluma y su pasión por la poesía. Y ahí entra en juego otra posible lectura de su relación con Éluard: quizá más que su musa fue su acicate creador, pues si los versos que el poeta escribió le eran extraordinarios, las cartas de ella a su joven marido son de un gran refinamiento literario.

Cuatro vestidos que pertenecieron a Gala y que se exponen en la muestra que le dedica el MNAC. / ALBERT BERTRAN 

Vestidos y objetos de tocador  

En resumen, muchas preguntas y una exposición, la primera que se le dedica a Gala, para intentar responderlas: 'Gala Salvador Dalí. Una habitació pròpia a Púbol'. La muestra, que comisaria Estrella de Diego y se desplegará en el MNAC hasta el 14 de octubre, escudriña al personaje a partir de 315 obras entre pinturas, dibujos, fotografías y documentos, incluidos los manuscritos de su proyecto autobiográfico, sus vestidos y objetos de tocador. Algunas piezas son inéditas y nunca han salido de Púbol, y otras, sobre todo postales, libros y manuscritos, dejan la Fundación Gala-Salvador Dalí, coproductora de la exposición, por primera vez.

La mayoría de obras llevan la firma de Dalí, pero también las hay de Ernst, Picasso, Breton, Brassaï y Man Ray. Y ahí llega la sorpresa y una de las patas sobre las que Estrella de Diego sustenta su tesis de autoría compartida en algunas de las creaciones del genio ampurdanés: algunos cuadros de Dalí, el pintor los firmó como Gala Salvador Dalí convirtiendo así a su mujer en coautora.

El óleo 'Un segundo antes del despertar de un sueño provocado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada', firmado como Gala Salvador Dalí. / ALBERT BERTRAN

Lectura desde Púbol  

No son obras menores, no en vano, la comisaria recuerda que a Dalí le gustaba decir que los mejores cuadros los había rubricado con la doble firma. Entre ellas figurán, ni más ni menos, 'El Ángelus de Gala' (1935)y 'Un segundo antes del despertar de un sueño provocado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada (1944). La primera no está en la muestra pero la segunda, sí, junto con otros óleos importantes como 'Galatea de las esferas' (1952),  'Gala mirando al Cristo hipercúbico' (1954), 'La Madona de Portlliga't (1949) y 'El concilio ecunémico' (1960).

La exposición parte de la idea de olvidar todos los tópicos sobre Gala y de la pregunta que  De Diego lleva tiempo planteándose:  "Si Gala era tan mala, tan manipuladora, tan interesada por el dinero dinero, si era tan horrorosa, ¿por qué de repente en el año 29, cuando es famosa y esposa de un gran poeta que vive en París, se encuentra con Dalí queda fascinada por ese joven que le parece extraordinario y extravagante, lo abandona todo y se va a vivir en un espacio de 20 metros cuadrados en un sitio que nadie conoce?". Y ahí aparece un personaje "mucho más complejo y mucho más interesante  con obra propia y con escritura propia", y un nuevo relato de autoría compartida: "La idea no es que ella construyera a Dalí sino que se construyeron juntos".

Para ello parte de Púbol, la casa que Dalí regaló a Gala y a la que tenía prohibida la entrada sin permiso expreso. "Un lugar de extraordinaria importancia dentro del proyecto daliniano. Y clarisimanete, un objeto surrealista a dos" ya que Gala contribuyó a su construcción como queda constatado en las cartas. A partir de aquí la muestra despliega todas las Galas posibles. 

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