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EN LA CRESTA DE LA OLA

Oriol Broggi: "Me he convertido en una especie de Gilgamesh y quiero hacerlo todo a la vez"

El director de La Perla 29 inaugura el Grec con una gran epopeya sumeria y prepara su debut operístico con 'La flauta mágica', en Peralada

Marta Cervera

Oriol Broggi, en el Teatre Grec, este viernes.

Oriol Broggi, en el Teatre Grec, este viernes. / CARLOS MONTAÑÉS

Oriol Broggi está en la cresta de la ola. Tras triunfar con 'Èdip' en el Romea y reponer 'Bodas de Sangre' en la Biblioteca de Catalunya, el director teatral de La Perla 29 inaugura oficialmente el Festival de Verano de Barcelona con 'El poema de Gilgamesh, rei d'Uruk', una gran epopeya sumeria que recala en el Teatre Grec el próximo día 2. Los ensayos han coincidido con la preparación de su debut en la ópera con 'La flauta mágica', de Mozart, en una nueva producción que se estrenará 6 de agosto en el Festival de Peralada.

¿Tienen algo en común los montajes que prepara?

Todas las historias resuenan. 'La flauta mágica', 'Gilgamesh' o 'Epido rey' resuenan por todas partes. Cuando te metes en 'La flauta' aparece 'La divina comedia', de Dante. Cuando ves un filme como 'La guerra de las galaxias' descubres el argumento de 'Edipo rey' y tras profundizar en 'Gilgamesh' he hallado pasajes de la Biblia y de 'La Odisea', de Homero. Hay una serie de ideas que están presentes en todos estos textos fundacionales porque 'La flauta' también es un inicio de algo. Todo está muy unido.

¿Qué descubrirá quien no conozca 'Gilgamesh'? 

Un texto clásico de hace más de 5.000 años lleno de imágenes sugerentes. Trasladarlas a escena y lograr que el público las pueda imaginar a partir de la palabra, la danza y la música no ha sido fácil. Nos ha ayudado mucho trabajar con la coreógrafa Marina Mascarell y con el músico griego Yannis Papaioannou. Sus melodías de Armenia, Persia pero también del Mediterráneo nos trasladan a ese mundo de leyenda plagado de dioses, monstruos, batallas y hasta un diluvio. Pero, a la vez, 'Gilgamesh' es un texto hecho a escala humana que, como todos los clásicos, habla de sentimientos, muerte, sexo, amistad y miedo. 

¿Por qué comparten varios actores el personaje protagonista? ¿No lo complica más?

Los mitos que aparecen en esta obra no nos son ajenos porque han traspasado los siglos y llegado hasta nuestra civilización occidental. Y a ese ser mitad hombre, mitad Dios que persigue la inmortalidad le sienta bien estar interpretado de forma colectiva por Màrcia Cisteró, Toni Gomila, Sergi Torrecilla, David Vert y Ernest Villegas. Ellos están todo el rato en escena y se van pasando la historia. Hay unos códigos internos que van dando las claves necesarias al espectador para entender cuándo hacen de Gilgamesh, o de narrador, o cuándo escenifican aquello que explican otros actrores que entran en escena como Lluís Soler, Clara Segura, Marta Marco y Ramon Vila.

¿Cómo logra implicarse en tantos proyectos y no volverse loco? 

Gracias a un gran equipo. A veces pienso que hacer muchas cosas es beneficioso porque tienes menos tiempo para agobiarte y todo sale de manera más natural. No es malo para la creación tener mucho entre manos, al contrario. Un pintor con diferentes cuadros en marcha no se obsesiona tanto a la hora de trabajar en uno. Y un director a tope de trabajo no se puede pasar horas y horas dándole vueltas a las cosas para después llegar al ensayo y triturar a los actores. Vas al grano.

Y eso, ¿en qué consiste exactamente? 

En saber identificar cosas que aparecen en los ensayos, esas que coges al vuelo y desarrollas de forma bastante intuitiva. Asumir más proyectos me obliga a trabajar de manera más intuitiva. Por eso, cuando se solapan montajes, no lo rechazo: juega a favor de mi forma de trabajar.

Los jugadores de futbol prefieren también un calendario con más apretado. Consideran que rinden más pero no siempre el resultado es óptimo. 

Yo prefiero cuanto más trabajo, mejor. Cuantas más obras llevas entre manos, menos te obsesionas con una. Estás un poco más relajado.

Anda metido en dos proyectos y…. 

En tres, porque también preparo algo para la próxima temporada en el TNC ['La bona persona de Sezuan’] y hay que tomar decisiones.

Realmente, ¿no es demasiado?

Es preferible no parar. Y, aunque algún día estar en tantas cosas puede resultar agobiante y un poco confuso, superado el susto inicial, diría que me va bien compaginar tantos proyectos. Quizá no duermo todo lo necesario, cierto, pero ya llegará el momento de descansar.

Solo le falta sacar la capa y será SuperBroggi.

(Ríe). Me he convertido en una especie de Gilgamesh y quiero hacerlo todo a la vez. Reconozco que existe el peligro de superar tus propios límites. A veces pienso que me he pasado, lo admito.

¿Se ha endiosado, como Gilgamesh? 

A veces me ha pasado, pero un poquito solo. No demasiado porque tanto yo como La Perla nos mantenemos al margen de las modas y las dinámicas de esta profesión. Son cosas que te ayudan a mantener la cabeza fía. No participamos en los Max, por ejemplo.

¿Por? 

Has de apuntarte a la SGAE para participar y nosotros no estamos, aunque son los premios nacionales de teatro de España. ¡Pero España es tan poliédrica y diferente! Los ecosistemas teatrales de Barcelona y Madrid no tienen nada que ver ni entre ellos ni con el de otras ciudades. Dicho esto, me alegro mucho por los éxitos de mis colegas en la última edición. Para mí, hay una diferencia de calidad tremenda entre el espectáculo de Julio Manrique ('L'ànec salvatge') y otros espectáculos que han ganado en años anteriores. Creo que Julio debería haber ganado un 'megamax'. En realidad, debería haber ganado cada año que ha montado algo el premio a la mejor dirección.     

Debuta en el Grec pero ya trabajó antes allí. 

Uff, eso fue cuando era muy joven, hace 24 años. Actué en 'L'avar', de Molière. Era un montaje protagonizado por Lluís Soler y dirigido por Sergi Belbel. Entonces era actor y no demasiado bueno. Por suerte, me percaté de ello a tiempo.       

¿Qué ha descubierto con su primera ópera? 

La metodología de trabajo cambia mucho con la ópera. Los ensayos son radicalmente diferentes a los del teatro y lo que manda no es el texto, sino la música. La puesta en escena va a remolque de la música. Mientras preparaba 'Gilgamesh', he estado reduciendo los diálogos de la ópera y he introducido un personaje que hará de narrador, interpretado por Lluís Soler. La escenografía, muy austera, se está construyendo.

La orquesta estará en el centro del escenario ¿Por qué? 

Me parece increíble y mágico lo que hacen los músicos.

Volviendo al Grec. Este montaje con la compañía de La Perla29, acostumbrada a trabajar en la Biblioteca de Catalunya en un espacio singular con unas 200 localidades, casi ha llenado tres días el anfiteatro grec, con 2.000 butacas. ¿Cómo lo valora? 

Es un éxito del festival y de su apuesta por montar un texto importantísimo. Aunque para el gran público no lo sea, hay mucha gente que conoce y tenía ganas de ver 'Gilgamesh'. Los conocedores de esta literatura y esta primera civilización existen, así como los seguidores de La Perla y los amantes del teatro que consideran una fiesta ir al Grec.

¿Cómo está siendo la adaptación a ese impresionante escenario natural de Montjuïc? 

LaPerla hace un tipo de teatro que harmoniza bien con ese espacio. Aunque parece muy grande, no lo es tanto. Es mucho mayor el del TNC. La escenografía se integrará en la naturaleza que la rodea. El suelo estará cubierto de arena y los objetos irán saliendo de allí y de otros lugares.

Temas: Oriol Broggi