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PREMI JOAN MIRÓ 2017

Un cuscús para el arte de Kader Attia

El artista francoargelino reflexiona sobre las cicatrices de la historia y el colonialismo en la Fundació Miró

Natàlia Farré

El artista Kader Attia, junto a la instalación J’accuse, la semana pasada en la Fundació Miró.

El artista Kader Attia, junto a la instalación J’accuse, la semana pasada en la Fundació Miró. / JOAN CORTADELLAS

Ua inmensa circunferencia de cuscús puede ser eso, una simple circunferencia de cuscús o mucho más: como una crítica al colonialismo; una metáfora de la dinámica de desposesión, apropiación y reapropiación de la arquitectura vernácula por Occidente; y, también, una evidencia de que se puede hacer arte con elementos ajenos a la cultura europea. Y eso último es lo que hace Kader Attia (Dugny, Franica, 1970), Premi Joan Miró 2017, en la instalación que abre la exposición que la Fundació Miró le dedica (hasta el 30 de septiembre). 

La inmensa circunferencia de cuscús dibujada con figuras geométricas evoca la legendaria ciudad argelina de Ghardaia desposeída de sus edificios. ¿Por qué? Porque su arquitectura era muy especial y en ella, dicen, se inspiró Le Corbusier para desarrollar el universo formal de la arquitectura moderna. El suizo se apropió de ello. Attia lo recuerda porque sus líneas de trabajo giran alrededor de esto, de la relación entre arquitectura y colonialismo, de las heridas de la historia (físicas, emocionales y políticas), y del papel catártico del arte. 

Y, sobre todo, alrededor del concepto de reparación, de cómo estas heridas se curan. "En Occidente,  intentando no dejar cicatrices para que no quede ni rastro de la herida; en muchas otras culturas dejando la sutura a la vista, incluso convirtiéndola en algo estético. Para Attia, los traumas que heredamos, si los escondemos, vuelven", explica Martina Millà, comisaria de la muestra. 

De la primera guerra mundial a Ester Quintana

Los del artista, nacido en Francia de padres argelinos, tienen mucho que ver con el colonialismo. Pero sus obras también tratan de las heridas de Europa, como la primera guerra mundial, o de Barcelona: ahí está Ester Quintana o los inmigrantes encerrados en la Escola Massana reclamando sus derechos. El testimonio de estos últimos lo recoge en un vídeo de reciente creación. El trauma de la primera guerra mundial, en dos piezas que llegan al alma. 

La primera, 'Open your eyes', fotografías de soldados desfigurados durante la contienda se aparejan con máscaras africanas reparadas con objetos occidentales. Mientras en Europa se intentaba borrar las heridas de los combatientes con una incipiente cirugía estética, en el mundo no Occidental la reparación pasaba por darle una nueva forma a la herida  y, así,  una nueva vida al objeto-sujeto herido. En la segunda pieza dedicada a la primera guerra mundial, la instalación 'J’accuse' convierte a los soldados heridos en tallas africanas que miran la película homónima de Abel Gance, una denuncia del conflicto.

Estas son algunas, hay más, de las piezas más impactantes de 'Las cicatrices nos recuerdan que nuestro pasado es real', titulo de la exposición sacado de un fragmento de la novela de Cormac McCarthy  'Todos los hermosos caballos'. 

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