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CRÓNICA DE CONCIERTO

Animal Collective, de vuelta a la inocencia

El núcleo compositor del grupo de culto recuperó el clásico 'Sung tongs' del 2004 en una noche especial en Apolo

Juan Manuel Freire

Animal Collective, en Apolo.

Animal Collective, en Apolo. / FERRAN SENDRA

Dos cuartas partes de Animal Collective, Noah Lennox (también conocido como Panda Bear) y David Portner (alias Avey Tare), se han sumado a la moda de recuperar discos clásicos en su integridad. Tras tocar su álbum 'Sung tongs', del 2004, en el concierto de 21º aniversario de la web musical 'Pitchfork', decidieron sacar el revival de gira, en noches de más bien curiosa intimidad para un grupo ya acostumbrado a montajes más exuberantes y arreglos de densidad fuera de lo común.

Lo que no quiere decir que Lennox y Tare no ofrezcan solos toda una exhibición de ingenio, o mejor, genio musical. Las canciones de 'Sung tongs' tienen mucho de regresión infantil, de retorno a esa feliz inconsciencia que tenemos antes de pasar a la excesiva autoconsciencia. Pero el dúo exhibe esbelta madurez al distribuir sus ingredientes: guitarras cíclicas, percusiones tribales, voces que cambian de lo gutural a lo agudo en un nanosegundo… Lo del martes en la sala Apolo fue un despliegue de virtuosismo disfrazado de delirio salvaje.

Con solo cuatro guitarras acústicas, algún pedal de bucle y un tom de piso, esta versión reducida de Animal Collective armó una gozosa ceremonia de rituales liberadores que a veces buscaban la profunda concentración (algunos fans hicieron callar a otros, quizá no tan fans) y otras el baile loco alrededor de un fuego imaginario.

Entre los primeros, la introducción 'Tuvin', un tema solo oído en directos que parece tributo al canto de garganta de Tuva; también la extrañamente acuática 'The softest voice' o la hipnótica pieza central 'Kids on holiday'. Entre los segundos, ese gran arranque del disco recuperado, 'Leaf house', que aunque no lo parezca por su nervio y alegría, trata sobre el fallecimiento del padre de Lennox. O, rizando el rizo del desenfreno, dos locuras como 'Who could win a rabbit' y 'Mouth wooed her', basadas en bruscos giros melódicos casi como los improvisados por el dúo Fred Armisen-Kristen Wiig en 'Saturday night live'.

De regalo hubo un bis con más temas de aquella época del grupo: 'Prospect hummer' y 'I remember learning how to dive', grabados en su día con la diosa folk Vashti Bunyan, más la rareza de directos 'Don’t believe the pilot'. Noche para fans muy fans, fans completistas.

Completando la noche, Eric Copeland (miembro de Black Dice, otro grupo elemental del Brooklyn más experimental del cambio de milenio) sacudió la psicodelia electrónica con toques acid house de 'Goofballs', su reciente disco para DFA, el sello cofundado por James Murphy de LCD Soundsystem. 

Temas: Sala Apolo