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CRÓNICA

Thom Yorke, entregado al baile

El líder de Radiohead ofreció en Sónar una actuación a mayor gloria del trance rítmico

Juan Manuel Freire

Thom Yorke, en la última noche de la 20ª edición del Sónar.

Thom Yorke, en la última noche de la 20ª edición del Sónar. / FERRAN SENDRA

Thom Yorke llegó a SónarClub escoltado por la misma (buena) compañía que en la actuación de Atoms For Peace en Razzmatazz del 2013: el productor Nigel Godrich (casi inseparable de Yorke desde mediados de los noventa) y el artista visual Tarik Barri. También el concepto musical se acabó demostrando el mismo: un directo concebido casi como sesión de club, sin espacio entre canciones, entregado antes al ritmo y la textura que a cualquier tipo de estructura rock.

Quien fuera esperando algún guiño a Radiohead (en esta gira ha tocado 'Spectre', concebida para la película de igual nombre de 007 que acabó musicando Sam Smith), saldría defraudado. Quien quisiera bailar de la mano de un Yorke tan desatado como en el icónico vídeo de 'Lotus flower', seguramente quedaría encantado.

Yorke basó el grueso de la actuación en un par de discos a su nombre, el enorme e influyente 'The eraser' y el más olvidable 'Tomorrow's modern boxes', del que rescató al comienzo a 'A brain in a bottle', aportando una guitarra funk a la base de techno minimalista modulada por Godrich. 'Black swan' y 'The clock', ambos extractos del primer álbum en solitario, estuvieron entre los cortes mejor recibidos, aunque más de uno (como el arriba firmante) se preguntaría qué pasó con 'Harrowdown Hill': ¿demasiado dramática para una actuación en la que el impacto físico debía superponerse al emocional?

Ritmo de la noche

Hubo también guiños al único disco de Atoms For Peace ('Amok') y, quizá lo más excitante, un puñado de canciones que por ahora solo se pueden oír en directo, algunas bastante rodadas ('Impossible knots', la casi UK garage 'Traffic') y otras menos escuchadas como la recién estrenada 'I am a very rude person', con insistente percusión a la vez extraña y de tacto tangible, como de madera. Los visuales de Barri transformaban el sonido en imágenes de procesos físicos y químicos difíciles de discernir.

Yorke sabía claramente dónde estaba: no era el sitio ni la hora (dos menos veinte de la mañana) para entregarse a sus tendencias más melancólico-apocalípticas; de ahí seguramente que pasara de un bis con 'Spectre'. Debía mantener arriba a un público que poco antes podía haberse pasado por la sesión/directo de Tokimonsta, productora de Los Ángeles entre el electro-pop, el hip hop, el R&B y, en general, todo lo que pueda bailarse y pueda ser raro e hipnótico. Quizá ese público venía de ver cómo Fatima Al Qadiri combinaba las melodías arabescas, el ritmo khaliji (tradicional del Golfo Pérsico) y el estilo hard drum en su presentación del EP 'Shaneera'. O habían pasado por la sesión de Joe Kay para saciar el hambre de groove negro actual.

Antes, durante y después de Yorke, John Talabot desempolvó y mezcló con esmero su biblioteca de hits nu-disco en una maratoniana sesión en SonarCar (del rato que estuve, me quedo con el 'Bogotá' del portugués Xinobi). La otra sesión larga estelar corrió a cuenta de Laurent Garnier, en su recta inicial basada en un techno sin contemplaciones, el mismo trabajado en directo por Richie Hawtin en un espectáculo, 'CLOSE', salvaje a la par que instructivo: cámaras dispuestas entre su arsenal permitían al público eso, 'acercarse' a la labor de Hawtin, un poco como en los míticos DVDs 'Exhibitionist' de Jeff Mills.

Temas: Sónar

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