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interferencias

Foo Fighters, el grupo cuyo nombre el corrector de textos completa con solo escribir Foo.

AP / JOEL C. RYAN

Escucharás lo que ellos pacten

Nando Cruz

Otra interesante charla de Sónar+D ha versado sobre cómo remover la infinita cantidad de canciones que se acumula semana tras semana en las plataformas digitales para que el público las descubra y se interese por ellas. En Bandcamp, un almacén y tienda donde los artistas deciden a qué precio venden sus discos y la plataforma se queda el 15% y donde hasta el 40% de los compradores deciden pagar más del precio marcado, han inaugurado una línea de artículos temáticos: sobre electrónica latinoamericana hecha por mujeres, sobre marching bands políticas o sobre el dungeon synth, un inquietante y popular subgénero entre el ambient y el black metal. Es periodismo basado en su infinito catálogo.

Pandora, en cambio, es una emisora digital que personaliza un listado de canciones que intuye que te pueden gustar en función de la primera que hayas seleccionado y del 'software' Music Genome Project que han desarrollado. Este sistema etiqueta las canciones desde múltiples puntos de vista (textura de la voz, intensidad rítmica…), que conforman los genes de cada canción. El estudio del genoma de cada canción lo hacen músicos y puede llevar hasta media hora por canción. Vamos, que es más lento que sexar pollos. Eso sí, la selección posterior que conformará tu hora de escucha ya se genera informáticamente.

Mientras anoto nombres de grupos que Pandora propondría a alguien al que le gustasen Foo Fighters, mi móvil hace algo extraño cuando escribo Foo: el corrector me da la opción de añadir la palabra Fighters sin teclearla letra a letra. ¿Cómo sabía que eso era justo lo que quería escribir? ¿Cómo se cuela un grupo de rock de estadios en un editor de textos? La mesa redonda se titula ‘Music industry intelligence’ (yes, sin traducción) y aborda el uso de tecnología para recomendar música. Pero, claro, más allá de las buenas intenciones de esta nueva generación de recomendadores musicales está el negocio puro. Y, por desgracia, ese otro asunto no se trató 

Los grandes contenedores digitales de música, léase Youtube Spotify, hace tiempo que funcionan como las viejas radiofórmulas: si pagas más, te coloco mejor. No es casual que tras ver un clip de tu rapero favorito salga el de ese otro rapero en alza que tú no has escogido. Ni que Spotify te invite a escuchar su lista semanal de novedades encabezada hoy por Luis Fonsi, Daddy Yankee, Kygo y Yandel. Toda esa música que nos aborda o que tenemos a un solo click está ahí debido a acuerdos entre los gestores digitales de esos artistas y las plataformas. Y ahí cada cual negocia con lo que tiene: su historial de visitas, sus acuerdos publicitarios, su talonario… Vamos, el mercadeo de toda la vida.

Tras el concierto de The Venopian Solitude en el Sónar, a uno le asalta la duda. ¿Qué posibilidades tiene una propuesta tan extremadamente caprichosa como la suya de sacar la cabeza en esta nueva jungla digital? ¿Más que en el siglo XX? ¿Etiquetamos su música? #Respingona #Descalza #Marcial #Épica #Estrepitosa #Juguetona #Malasia #Keytar #Xilofón #Carcajada #Thrashmetal #Guardería #Zappa #KimyaDawson #TheyMightBeGiants #BackstreetBoys...

¿Alguien se anima a desmenuzar el genoma de la propuesta escénica de Israel Galván y Niño de Elche?

Temas: Sónar

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