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EL FESTIVAL DE MÚSICAS AVANZADAS

¿Y si los extraterrestres invaden la Tierra por culpa del Sónar?

Luces y sombras del apasionante proyecto Sónar Calling GJ273b: algunos científicos consideran un riesgo para la humanidad enviar señales en busca de contacto con inteligencias extraterrestres

Julián García

Gran antena parabólica desde donde salió la señal de radio, en Tromsø, Noruega

Gran antena parabólica desde donde salió la señal de radio, en Tromsø, Noruega / SÓNAR

El Sónar celebra sus 25 años mirando a las estrellas, concretamente a GJ273b, un exoplaneta potencialmente habitable situado en las cercanías de la Estrella de Luyten B, a 12,4 años luz de la Tierra. El festival envió una emisión de ondas de radio en código binario que incluye 33 piezas de música de 10 segundos con el objetivo de propiciar el primer contacto de la humanidad con una inteligencia extraterrestre. La idea es que si los alienígenas de GJ273b captan la señal y contestan, su respuesta llegará a la gran antena parabólica de la European Incoherent Scatter Scientific Association de Tromsø  (Noruega) dentro de 25 años, lo cual coincidirá, a modo de jubilosa celebración, con la 50ª edición del Sónar. Pero… ¿y si lo que llega no es una respuesta amistosa sino directamente la aniquilación del planeta a manos de una civilización malintencionada?

"Si nos contestan será gracias al Sónar. Si nos destruyen será culpa nuestra. Pero, en fin, mejor morir destruidos por un rayo alien que por un misil de Trump", bromea, o no, Sergio Caballero, codirector del Sónar e ideólogo del apasionante "experimento artístico-científico" Sónar Calling GJ273b" con el que se conmemora el 25º aniversario del festival. El caso es que la iniciativa, que habría hecho las delicias de humanistas del contacto amigo con otras civilizaciones como Carl Sagan, ha provocado también el recelo de científicos que alertan de los peligros de lanzar mensajes al cosmos sin ton ni son y, por tanto, de hacernos visibles a ojos forasteros. ¿Y si nos detecta una civilización extraterrestre que ha esquilmado todos los recursos de su planeta? ¿Y si tiene vocación invasora y nos coloniza cruelmente? ¿Y si nos infectan con microorganismos letales o con virus informáticos devastadores? Lo mejor en el cosmos es posar de perfil, pasar inadvertido, vienen a decirnos estos científicos.

Hace 56 años, la ex-Unión Soviética envió al espacio el primer mensaje en busca de respuesta alienígena. Fue una comunicación en morse emitida desde el Radar Planetario Evpatoria de Crimea con dirección a Venus, con las palabras mir (paz y mundo en ruso), Lenin y CCCP. No hubo respuesta conocida. Como tampoco la ha habido, por ahora, a los flamantes Discos de Oro de las Voyager, en los que viajan sonidos e imágenes que retratan la diversidad de la vida y la cultura en la Tierra. Ni siquiera al fabuloso proyecto SETI, que exploró en vano el firmamento durante 50 años en busca de señales de transmisiones extraterrestres. Hibernado el SETI en el 2011, se puso en marcha el proyecto METI, cuya diferencia fundamental es que en lugar de recibir comunicaciones como su predecesor lo que hace es enviar mensajes al cosmos a puntos concretos, potencialmente habitables, como quien lanza mensajes al mar en una botella.

Y eso, quizá, no fue una buena idea, nos advierten algunos científicos, como Stephen Hawking, quien en vida fue uno de los grandes enemigos de la comunicación con inteligencias alienígenas. "Si los extraterrestres nos visitan, el resultado podría ser como cuando Colón llegó a América, y ya sabemos qué les pasó a los nativos americanos". En términos aún más agoreros se expresó David Brin, astrónomo, filósofo y novelista, doble ganador del premio Hugo de ciencia ficción: "Lanzando mensajes y revelando nuestra presencia en el cosmos, la humanidad ha dado un paso temerario e irreversible".

La culpa, al final, será del Sónar.

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