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ESTRENO EN BCN

'Inconsolable', un duelo luminoso en el Romea

Fernando Cayo interpreta el monólogo de Javier Gomá, primera obra teatral del premiado filósofo

Marta Cervera

Fernando Cayo en una escena de Inconsolable, de Javier Gomá.

Fernando Cayo en una escena de Inconsolable, de Javier Gomá.

Enfrentarse a la muerte de forma lúcida, sin caer en el sentimentalismo pero desde una profundidad conmovedora. Eso es lo que intentará cada noche Fernando Cayo en el Romea con 'Inconsolable', primer texto teatral del filósofo Javier Gomá (Bilbao, 1965), Premio Nacional de Literatura en la modalidad de ensayo. A partir de este miércoles y solo hasta el domingo, el actor recorrerá todos los estados por los que el propio Gomá atravesó en los primeros días de duelo tras morir su padre. "Es una obra escrita sin un lenguaje pedante, ampuloso y arcaizante", afirma el autor que tenía 50 años cuando ocurrió todo. Como suele hacer, había estado apuntando ideas y pensamientos desde el día de la terrible noticia y recurrió a ellos para crear una pieza llena de colores, sentimientos y hasta notas de humor. 

"Utilizo un lenguaje que todo el mundo entiende pero un poco mejor de lo que se suele utilizar al hablar para descender las profundidades más oscuras  y desconsoladas". Pese a la dureza del tema, todo revierte en un canto a la vida. Pensar en la muerte sirve para "incluir colores, rasgos y percepciones a tu propia existencia". Lo ha explicado muy bien Gomá en una rueda de prensa en el Romea junto al protagonista del montaje y al director de la obra, Ernesto Caballero, responsable del Centro Dramático Nacional.

"A los 50 uno sabe ya de qué va todo por eso hay que agitar las fuentes del entusiasmo para recuperar el idealismo, que ya no es fruto de la ingenuidad sino del aprendizaje", ha señalado Gomà, autor de 'Tetralogía de la ejemplaridad' y 'Filosofía Mundana' (Galaxia Gutenberg). "La muerte está muy presente en nuestra sociedad. La vemos a diario en los informativos, las películas y series y los videojuegos. Sin embargo, la mortalidad, la conciencia de tu propio final, es algo que ignoramos".  

En escena Fernando Cayo se transforma en ese hijo que, armado de coraje y valor, revierte la tristeza por la pérdida del padre en una lumniosa visión de todo lo que le queda por delante. "No es un texto convencional. Es una de aquellas obras que te arrastran", ha destacado Caballero. La escenografía cambiante diseñada por Paco Azorín sintoniza con las diferentes fases que atraviesa el protagonista.

"Esta pieza tiene más pulsión vital que teatral porque tiene poca máscara. En realidad no es teatro, por eso toca tanto a la gente", afirma Cayo. Para el actor, que ya ha protagonizado seis monólogos, esta obra es distinta a todo. "Es una experiencia que aporta mucha luz, tanto para mí como para el público". Que nadie tema enfrentarse a ella.         

Temas: Teatro

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