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ENTREVISTA

Jordi Costa: "Contracultura es lanzar un gran no a la cultura de los padres"

El crítico barcelonés entona en 'Cómo acabar con la contracultura' una elegía por el movimiento rebelde y utópico que atravesó España en los años 60 y 70

Elena Hevia

El crítico cultural Jordi Costa, en Madrid. 

El crítico cultural Jordi Costa, en Madrid.  / JOSE LUIS ROCA

Años 60. Bajo el  paisaje de esplendor capitalista laten las revueltas estudiantiles, la oposición a la intervención en Vietnam, el movimiento hippy y sus happy flowers, la cultura psicodélica y la irrupción del interés por las culturas orientales. A este caldo, el académico norteamericano Theodore Roszak lo bautizó a pie de obra como contracultura y con ese espíritu utópico se irradió a todo el mundo, incluido un país muy muy lejano y muy muy cerrado como la España franquista. Del ascenso y caída de ese movimiento iconoclasta, plural y subterráneo trata ‘Cómo acabar con la contracultura’ (Taurus), un libro que es a la vez la confluencia de muchas cuestiones que han preocupado al crítico Jordi Costa (Barcelona, 1966).  

¿De qué hablamos cuando hablamos de contracultura? Contracultura es lanzar un gran No a la cultura de los padres y a los discursos del poder. Más que una visión política ortodoxa pretende convertir la vida en una forma de resistencia y también una forma de arte. En Estados Unidos estaba muy claro contra qué se rebelaba. Uno de sus campos de batalla fue el de los límites de la libertad de expresión. Una libertad que aunque sobre el papel fuera un pilar fundamental de su democracia, en realidad los cómics underground y la prensa alternativa demostraron lo relativa que era.

La contracultura en Estados Unidos fue percibida como un valor, pero aquí faltó esa conciencia. Aquí teníamos un dictador y un proceso de camino a la democracia que, por un lado, propició que la contracultura creyera que esas esperanzas utópicas podían cumplirse. Pero cuando llega la Transición y con ello el gusto socialdemocráta propiciado por una cultura de consenso, eso impide a la contracultura cumplir sus objetivos. Aquí se instaura una especie de sentido común que hace que les parezca algo caótico y desordenado que conviene esconder bajo la alfombra.

Su libro está planteado como una novela policiaca de enigma. ¿Quién mató a la contracultura? Mientras escribía pensaba que si esto fuera una novela de Agatha Christie, a lo que más se parecería es 'Asesinato en el Oriente Express' es decir fue un crimen colectivo. A saber: las pervivencias del viejo orden franquista, la manera en que la sociedad democrática corta las alas a la contracultura y luego el propio cansancio o la tendencia al pacto de algunos de sus protagonistas.

"La contracultura tiene muchos cuchillos clavados y a veces también desde dentro" 

Hay evoluciones personales bastante curiosas. Sí, ahí está Boadella que motiva el movimiento por la libertad de expresión, protagoniza 'La portentosa vida del padre Vicente' de Carles Mira, es un fugitivo de la justicia, y ahora hay que ver su modelo de discurso afín al PP. Que Antonio Escohotado, el adalid de las drogas, sea hoy un defensor del neoliberalismo también resulta bastante revelador. En realidad, la contracultura tiene muchos cuchillos clavados y a veces también desde dentro.

Es curiosa su interpretación de que en la seminal 'Pepi Luci Boom...' de Almodóvar late ya una especie de réquiem por el movimiento. Sí, la idea de que una mujer que es el ama de casa reprimida de repente sea liberada por dos agentes contraculturales pero que se acabe reincorporando a una imagen que es pura España negra con el marido maltratador, el crucifijo y la sumisión aceptada parece que nos está diciendo que la contracultura ha servido para liberar una energía y que esa energía va a ser explotada por las viejas instancias del poder.

Y convertida también en mercancía durante la Movida. Hay algo de eso, una cierta neutralización, porque allí el impulso llega un tanto desgastado después de pasar por Sevilla, Ibiza, Formentera y Barcelona. Pero yo me resisto a condenar la Movida por entero, porque tiene cosas muy interesantes.

Jamás se me ocurriría pensar que en un libro sobre la contracultura pudiera dar cabida a la Familia Ulises, Mariano Ozores, la Iglesia del Palmar de Troya o el obispo hermano del presidente de Vietnam, que nombró allí obispos. Eso es lo que yo llamo factor James Bond, saltar de un tema a otro y con constantes cambio de escenario. El Palmar es una herejía de la misma forma que lo es la contracultura, me permitía desarrollar la idea de si no existía una contracultura del lado oscuro que se desarrolla en paralelo. Una de las características de la contracultura española es que hay muy poca distancia entre los agentes contraculturales y el viejo orden franquista. El primer hippy español es un Vallejo Nájera y se sigue considerando legionario y franquista siendo hippy en Goa. Hay familias que parece que tienen toda la historia de España condensada, como es el caso de Paul Malvido.

Hermano de Pasqual Maragall. Sí, fue el gran cronista de la contracultura barcelonesa y su hermano construyó la Barcelona del 92, que junto a la Movida o la Expo de Sevilla, podría ser uno de los puntos donde empezó a morir el movimiento.

¿Qué queda de aquello? Nazario y poco más…  Él es un ejemplo de cómo uno puede crecer y seguir manteniendo un puro espíritu contracultural. Hay figuras relevantes que cayeron por el camino o se hicieron marginales como Leopoldo María Panero o Eduardo Haro Ivars, pero creo que no está bien asociar el éxito o la supervivencia con la traición absoluta a los ideales. Yo creo que en Almodóvar o en el regreso al cómic de Mariscal sigue perviviendo parte del antiguo discurso.

¿Se puede interpretar la elección de Màxim Huerta a partir del viejo debate sobre la alta y la baja cultura cuyas fronteras diluyó la contracultura? Creo que la verdadera acción contracultural ante esa elección sería sentarse a esperar, preferiblemente después de una ingesta de alucinógenos de ayahuasca. Pero la elección revela que muchas cosas han cambiado para bien y también que hay otras mejorables.

¿A saber? En el 78, Eloy de la Iglesia dirigió 'El diputado', una película que se interpretó en clave de la prevención que tuvo el PSOE para elegir a Salvador Clotas, el candidato más evidente, como ministro de Cultura, ante el temor de que esta elección fuera manejada como instrumento político. Ahora ya no hay problemas.

"Con todos mis respetos, que el ministro de Cultura, sea un escritor, por así decirlo, de mesa camilla, es desalentador" 

Pero… El hecho de que, con todos los respetos, el ministro sea un escritor, por así decirlo, de mesa camilla, es desalentador. Pero habrá que ver, superar a Wert o a Méndez de Vigo no será difícil.

De todas formas, en su libro no constata la muerte absoluta de la contracultura. Detecta brotes verdes en el mundo 'youtuber'. Los de nuestra generación tendemos a mirar con suspicacia al mundo de los millenials y los youtubers. Es muy difícil no mirar con perplejidad ese narcisismo digital y su discurso que muchas veces es un discurso de consumo. Mira como desenvuelvo esto que me ha llegado de Amazon. Pero de repente ves un youtuber que no quiere pactar con la industria cultural y esa es Esty Quesada, Soy Una Pringada, una chica muy joven plenamente consciente de la influencia de John Waters, del cine de Todd Solondz y de cómo un discurso sobre lo monstruoso se puede convertir en un elemento desestabilizador. Hay otras cosas que rescatan una cierto espíritu contracultural. Quizá el 15-M no nos ha llevado al terreno utópico que nos gustaría pero esa ocupación de los espacios públicos es una demostración de energía que sigue ahí. Hay que ser razonablemente optimista.

Temas: Libros

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