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ÓPERA

Una 'Manon Lescaut' falta de emoción en el Liceu

Liudmyla Monastyrska y Gregory Kunde defienden sus roles en lo vocal pero se muestran carentes de expresividad en la ópera de Puccini

César López Rosell

Una imagen de Manon Lescaut en el Liceu.

Una imagen de Manon Lescaut en el Liceu. / ALVARO MONGE

Si algo requiere una ópera como 'Manon Lescaut', el primer gran éxito de Giacomo Puccini, es una expresividad mayúscula en la exposición de la pasión, la sensualidad y el desgarro final de la historia de amor de los protagonistas. Y también mucha química entre los amantes que dan vida a la trama verista. De todo ese componente emocional faltó mucho, la noche  del jueves, en el Liceu.

Liudmyla Monastyrska (Manon), que debutaba en el rol, exhibió una poderosa dotación vocal, pero nunca consiguió transmitir la emoción que exige este melodrama lírico, ni siquiera en su bien recreado himno de soledad del final 'Sola, perduta, abbandonata... ',  precisamente por sus carencias como actriz. Gregory Kunde, al que el Gran Teatre ha adoptado como uno de sus ídolos, desplegó bien sus recursos con más que notables agudos pero nunca consiguió hacer creíble al joven enamorado Renato des Grieux. De hecho, ninguno de los dos dio la imagen de los vigorosos y atormentados amantes. A pesar de esta circunstancia el público aplaudió calurosamente a ambos premiando su esfuerzo canoro.

El veterano Carlos Chausson dio un curso de canto y buen hacer dramático recreando a Geronte di Ravoir, un rico recaudador de impuestos que consigue los favores de Manon a cambio de ofrecerle una existencia de lujo en la que se siente cómoda, aunque nunca haya olvidado a su primer amor.

Fue muy notable la actuación de David Bizik, como hermano y alcahueto de la protagonista, y también la del resto del reparto. La inclusión del actor Albert Muntanyola es una buena idea. El intérprete encarna al viejo Des Grieux cuando acude a recuperar la memoria de su amada en la isla de Ellis frente a Nueva York. Este centro, cerrado en 1954, se utilizó como filtro de los emigrantes que llegaban a EEUU durante la primera mitad del siglo XX y a Davide Livermore le ha servido para ambientar el montaje.

El hipotético desierto de Louisiana, donde se desarrolla el final de la historia, es sustituido por la isla. Un Des Grieux ya octogenario acude allí para rescatar sus recuerdos en una especie de 'flashback' cinematográfico. Siempre en escena, verá desfilar toda su historia de amor como si fuera una película de la tragedia. Vídeos con imágenes históricas del fenómeno migratorio ayudan a ilustrar esta efectista puesta en escena.

La orquesta de la casa, conducida por Emmanuel Villaume, se mostró correcta en el ensamblaje con los cantantes y se ganó el aplauso tras su interpretación del 'intermezzo' que precede al tercer acto. El coro estuvo a la altura del reto. La presencia del 'president' Joaquim Torra, Elsa Artadi y la 'consellera' de Cultura, Laura Borràs, se hizo notar en esta función, en la que una de las comentarios más generalizados era el de inquirir sobre el papel que jugaría el nuevo ministro de Cultura, Màxim Huerta, en el apoyo a la lírica y otras artes.

Temas: Liceu

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