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GRUPO CON ORÍGENES EN LA CALLE

Ljubliana & The Seawolf, como una misa

El grupo barcelonés presenta la mística rockera de su nuevo EP, 'Shit dope', en sala Laut

Jordi Bianciotto

Ljubliana & The Seawolf.

Ljubliana & The Seawolf. / LOLA ERRANDO


El mundo es un lugar inestable que fácilmente puede conducirnos al descalabro mental, y la música irrumpe ahí como tabla de salvamento. “Yo lo que quiero es curarme. Del coco. La música me sirve para eso”, afirma sucintamente Pot Batlle, cantante y guitarrista del grupo barcelonés Ljubliana & The Seawolf, que este jueves presenta su tercer disco, el EP por ahora digital ‘Shit dope’, en la sala Laut (21.00 horas).


El nombre de la banda es un vestigio de sus primeras influencias, el folk con vistas a la Europa oriental, que Batlle cultivó en sus días de trovador por las aceras de Londres a cambio de la voluntad. “De vuelta a Barcelona me di cuenta de que aquí tocar en la calle no se valoraba, se asociaba a los sintecho”, explica. Desde aquellas canciones con tejidos acústicos (banjo, violoncelo, mandolina), Ljubliana fue evolucionando, tras abandonar el circuito callejero y desarrollando su identidad en el estudio, hasta su actual free rock de estructuras cambiantes y rico en temperamento. 

Música curativa

El grupo dice concebir la música “como una religión” y tanto ensayos como conciertos equivalen a “ir a misa”, a hacer algo en lo que “crees”. Un planteamiento al que Pol Batlle ha llegado, dice, tras sufrir “experiencias personales bastante ‘heavy’”, incluidas enfermedades de parientes cercanos. “Y siempre acabo llegando a la misma conclusión: qué suerte tengo haciendo música y no otra cosa, porque me cura. Incluso las amistades mismas que forjas en torno a la música son un engranaje que te ayuda”.


Batlle ha escrito las cuatro canciones del nuevo EP (“con aportaciones y arreglos de todos”), un trabajo cuya pieza principal, ‘Shit dope’, alude a “la mierda de la droga, que te distrae pero no te lleva a ninguna parte y te hace inhibirte de tus responsabilidades”. Aunque, más allá de eso, la pieza habla de “los productos bien empaquetados para enganchar a la gente: el mundo digital, las redes…” Y el sexo virtual. “Tengo un hermano de 12 años que seguro que mira porno en el móvil. Yo lo hacía con 14, pero era en el ordenador y a escondidas de mis padres. Esta evolución me parece peligrosísima”. 


En otra de las canciones, ‘Dare I ask why?’, el grupo juega con los roles de género a partir de la figura mitológica de un Minotauro asexuado. “La historia de que Teseo lo mata y salva a Ariadna me parece muy aburrida, y era divertido jugar con la feminidad que hay dentro del hombre”, señala Batlle que recuerda su infancia jugando con pintalabios y zapatos de tacón. “Crecí en una familia muy abierta de miras: nunca me dijeron ‘tu color es este y no aquel’”. 

Waits y Bowie

Hay un ingrediente teatral, admite, en sus puestas en escena. En parte, herencia de sus padres, técnicos de escenografía, pero también porque su arrebatada estética musical parece invitar a ello. “Me han dicho que parece que canto superdrogado, y no es el caso, aunque me sabe mal matar el mito”, bromea mientras se toma, por cierto, una infusión de miel y limón para cuidar la garganta. Entre los artistas que más le han marcado cita a dos, Tom Waits David Bowie. “Gente que creó un mundo alrededor de la música. Un lugar en el que ya no existe el estilo musical”.


Sí, la de Ljubliana & The Seawolf es una música intensa, que exige un compromiso. “Y que se presta a llorar, a reír, a castigarte, a hacerte daño”, desliza él. Canciones que se ampliarán en otoño, cuando el grupo publique un nuevo epé que, fundido con este, verá la luz en vinilo. ¿Asentando ese sonido eléctrico tormentoso de ‘Shit dope’? “No lo creo: seguramente en el próximo disco habrá otro giro. Nos sale natural”.

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