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IDEAS

J.A. Bayona, en el rodaje de Jurassic World: el reino caído.

J.A. Bayona: cuando lo imposible es real

Ángel Sala

Hablar hoy con un director como J.A. Bayona produce una sensación de tremenda satisfacción, más allá de los (espectaculares) logros artísticos de su currículo y centrándose en su propia evolución personal y profesional. Bayona es el ejemplo perfecto de que el talento y la preparación de toda una generación de creadores audiovisuales en nuestro país no es un mito abanderado por gestores culturales y titulares mediáticos, sino una palpable realidad que el estreno de Jurassic World: el reino caído confirma de forma casi definitiva.

El sueño de un amante del cine, de ese cine que ilustró los sueños de toda una generación de espectadores liderado por un indiscutible creador de ilusiones como Steven Spielberg desde los años 70, fructifica en la realidad con una carrera que no solo ha impulsado de manera impresionante al cine español en su repercusión interna y global, sino que pone ahora en el olimpo de los grandes realizadores a un director forjado aquí en una ecuación perfecta de formación, dedicación y, fundamental, pasión.

Porque J.A. Bayona no solo es el modelo de profesional que surge de una perfecta implantación del tejido académico audiovisual en Catalunya con la ESCAC al frente (una vez más, en el recuerdo el gran Josep Maixenchs, recientemente desaparecido), sino un apasionado del cine que creció gracias a los estupendos circuitos de exhibición que existieron en épocas no tan lejanas, que permitían progresivamente que el fan, el cinéfago compulsivo, adquiriera conciencia de su vocación intrínseca y pudiera formarse no solo académicamente sino directamente en las fuentes de la sabiduría audiovisual que eran y son los cines, el vídeo doméstico y los festivales.

J.A. Bayona es el ejemplo perfecto de que el talento y la preparación de toda una generación de creadores audiovisuales en nuestro país no es un mito, sino una palpable realidad que el estreno de 'Jurassic World: el reino caido' confirma de forma casi definitiva

Bayona no es un milagro ni una excepción, es un profesional formado por la necesaria adecuación académica pero también autodisciplinado en su propia asimilación del cine, de la pasión por ver y analizar, por disfrutar y soñar delante de una historia contada en imágenes. La ilustrada inocencia de la que aún hace gala el director de Lo imposible es fruto de un adecuado equilibrio entre conocimiento académicamente adquirido y perfecta canalización y destilación de lo que la experiencia global audiovisual le ha ofrecido. Y de esa manera, cuando ves las imponentes imágenes de Jurassic World: el reino caido reconoces la pasión de su director que ya detectamos en cortos como Mis vacaciones o El hombre esponja o en aquella lúcida oda al género de horror que era El orfanato, su sorprendente y exitosa ópera prima.

En el Bayona actual se sigue reconociendo a ese muchacho inquieto e hiperactivo que se paseaba por los pasillos del Festival de Sitges devorando experiencias y escuchando a sus directores favoritos, estableciendo las sinergias con grandes que entonces empezaban como Tarantino o Del Toro. Viendo y disfrutando el cine de Bayona se reconoce esa savia creadora y creativa que circula por los festivales de cine del mundo, ese fandom ilustrado y no meramente exclamativo que sigue viendo el cine como una elemento de expresión privilegiada capaz de trasmitir magia, en definitiva, de componer el discurso mediante la emoción. Y emoción no solo es hacer llorar (algo que Bayona sabe conseguir, incluso en su entrega jurásica), sino integrarse en el discurso cinematográfico, acompañar a los personajes de ficción en su aventura virtual, romper la frontera de la pantalla meramente con la sinergia infinita de la pasión del relato en imágenes.

En referencia a esto, Bayona en Jurassic World: el reino caido demuestra que la tecnología actual (en relación metalinguística con su aplicación al cine) hace posible la plasmación del cuento, dibuja con precisión los contornos del relato fantástico como también de la pesadilla. Y posiblemente en esto sea Bayona uno de los directores actuales que mejor recoge ese testigo del demiurgo Spielberg, ese genio a veces tan contestado que en un año en el que certifica la codificación digital de su universo en Ready Player One apadrina una tesis sobre la propia materialización de la fantasía a través del relato contemporáneo.

Y nos trae de la mano a Bayona para recordarnos que esa política integradora en lo académico, en la gestión cultural y en la canalización del talento crea personas con mayúscula y autores sin tapujos como el realizador barcelonés, símbolo de que el camino está trazado, que el sueño es posible y que esa excelencia a veces resulta de una alquimia basada en la valentía, la ruptura de barreras y la liberación inteligente de la pasión, una pasión que cuando se conecta con el cine, con el audiovisual amplio y global es la mejor forma de entender nuestro mundo, de codificar en el relato nuestra propia existencia común.  

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