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GALARDÓN

Quim Monzó, es un honor

El acto de entrega del Premi d'Honor de les Lletres Catalanes osciló entre la política y el surrealismo

Elena Hevia

Quim Monzó recoge el Premi dHonor de les Lletres Catalanes en el Palau. 

Quim Monzó recoge el Premi dHonor de les Lletres Catalanes en el Palau.  / JOAN CORTADELLAS

En un premio como el de Honor de les Lletres Catalanes, que se postula como el Nobel 'nostrat', opera claro está el mérito literario. Pero como Òmnium Cultural, su organizador, obliga y con su presidente Jordi Cuixart en Soto del Real, al acto de entrega no le faltó intensidad patriótica como demostró el hecho de que las ovaciones más cerradas y extensas se las llevara otro Quim, que no Monzó, el flamante president Torra. Su entrada provocó  que el Palau de la Música se viniera abajo como lo no habría conseguido ni Herbert Von Karajan. Aquello tuvo mucho de operístico, de ‘vapensierismo’ verdiano: ¡Llibertat, llibertat, llibertat! Las intervenciones oficiales, empezando con el mensaje de presidente de la entidad, Jordi Cuixart, su imagen en la pantalla y su carta leída por el actor Lluís Marco, y siguiendo el vicepresidente Marcel Mauri de los Ríos, que hizo un llamamiento a la pluralidad en un difícil pero esforzado pancatalanismo invocando a ilustres no soberanistas como Juan Goytisolo (ya en el recuerdo), Serrat o Marsé.  “Porque esto no vale ni no se incluye a todo el mundo”.

Dicen que los malos tragos se pasan mejor a base humor, y en el caso de Monzó, al que siempre se le ha dado bien unir la mala baba con una mirada grotesca, las risas estuvieron aseguradas. Hubo una dramatización teatral, bastante ingeniosa oficiada por Òscar Dalmau, con algunos momentos estelares en los que era difícil imaginar que aquello lo estuvieran contemplando las fuerzas vivas del país (y no tan vivas si se cuenta al expresidente Montilla) y la ciudad (Gerardo Pisarello). El primero fue la aparición en pantalla de Las supremas de Móstoles, manos a la obra con ‘Eres un enfermo’, o lo que es lo mismo una perla de la banda sonora sentimental del escritor, a la que siguió un curioso episodio teatral en el que intervinieron superman y superwoman, cortos de presupuesto, ya que el traje y los calzoncillos de él pasaron a vestirla a ella que se había presentado sobre el escenario así desnuda y natural. Todo ello para provocar ese clásico y entrañable gag (estilo Benny Hill, ¡y en el Palau!) de amagar con chocar la mano y acabar chocando el pene del, al fin desnudo, Superman (no esperen nada extra). Pero estas dos situaciones fueron poca cosa comparadas con la actuación de un politoxicómano Albert Pla (por lo menos así se presentó en su canción) que tal y como nos tiene acostumbrados no dejó un solo vicio fuera, ni siquiera ‘respetó’ a los escolanets de Montserrat (lo que en aquel entorno no dejaba de tener su gracia) y entonó incluso un “ Catalunya, vaja merda!” (se supone que la ‘merda’ era la cogorza, pero fue tal el caos que no quedó claro.

Todos los Monzó 

Respecto a Monzó la glosa de su figura tocó todos los palos. Su reinvidicación periodística, la exaltación internacional con los 15 traductores que el pasado domingo le habían acompañado en un acto en la librería Calders, la evocación de su pánico escénico en la radio y la televisión (certificado por Jordi Basté y Mònica Terribas), el parlamento más formal del experto Manel Ollé e incluso una bailarina aquejada de San Vito que reflejó lo más característico del escritor, su perpetuo movimiento, un síndrome de Tourette que es su seña de identidad y que ha propiciado su escritura tourettiana. 

Dos gafas para leer y dos versiones de su parlamento necesitó el autor para mostrarse mínimamente seguro. ¿Y de qué iba a hablar el autor si no es de su infancia? De aquel piso de Sans donde no había apenas libros y sí algún manual de electricidad paterno y una enorme radio. Sus lecturas las pescó de un bibliobús de la Diputación. “Ese bibliobús –recordó- había servido durante la guerra para llevar al exilio a Mercè Rodoreda, Francesc Trabal, Armand Obiols y Joan Oliver y esa es la imagen más clara de lo que vivimos y estamos viviendo todavía”. 

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