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CREACIÓN EN PELIGRO

El callejón sin salida del teatro independiente

Compañías reconocidas como Obskené, La Calòrica, Sixto Paz, Les Antonietes o Els Pirates no pueden salir del circuito de salas pequeñas

Las secuelas de la crisis y la falta de osadía de los programadores complican sobremanera el acceso al gran público

Marta Cervera

Cartel de Balneari, una trilogía sobre identidad, poder y educación de Els Pirates estrenada en El Maldà.   

Cartel de Balneari, una trilogía sobre identidad, poder y educación de Els Pirates estrenada en El Maldà.   
Imagen de Fairfly, un éxito de La Calòrica, actualmente en La Villarroel. 
Imagen de Medusa, de La Virguería.
Alpenstock, comedia de la Companyia  Obskene, estrenada esta temporada en el Teatre Tantarantana.
Òscar Intente (izquierda) y Arnau Puig, en una escena de Othello, de Les Antonietes, en La Seca-Espai Brossa.
Pepo Blasco y Pau Roca en Dybbuk, un montaje de Sixto Paz que se vio en Temporada Alta y La Beckett.
Mima Riera y Xavi Sáez en Esmorza amb mí, lo último de Ivan Morales y Los Montoya en cartel en La Beckett. 

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Catalunya siempre se ha vanagloriado de ser una tierra fértil en el terreno teatral. Pero el 'ascensor' para abrir espacio se ha atascado en los últimos años. La disminución de las subvenciones y los paupérrimos presupuestos de cultura como consecuencia de la crisis, así como el aumento del IVA cultural y la habitual endogamia del sector han supuesto un mazazo para quienes aspiran a abrirse camino y consolidarse. Antes de la crisis, una compañía novedosa podía entrar en el mercado con cierta facilidad. ¿Podría repetirse hoy un éxito como el de T de Teatre? ¿Hallaría Oriol Broggi una sala como la Biblioteca de Catalunya donde germinar los aclamados montajes de La Perla 29?

Dar el salto a salas de cierta capacidad es hoy en día casi misión imposible. Y no es talento lo que falta. Compañías como Obskené, La Calòrica, Sixto Paz, Les Antonietes, Els Pirates, Los Montoya y La Virguería ejemplifican el estancamiento actual. Haber logrado premios Max, contar con el reconocimiento de la crítica y saltar de salas de 50 butacas (como el Maldà y la Flayhard, por ejemplo) o un centenar (el Tantarantana) a espacios de unas 200 plazas (la Beckett, la Muntaner) es ya un éxito. Y mucho más alcanzar La Villarroel, con 407 butacas. Pero de ahí, no suelen pasar. Los teatros grandes, sean comerciales o públicos, prefieren llenar a arriesgar con apuestas por actores, directores y autores no conocidos por el gran público.

"Siempre que montas una nueva creación, y ya llevamos varias, es como si empezaras de cero"

Iván Morales

Director de Los Montoya

"Siempre que montas una nueva creación, y ya llevamos varias, tienes la sensación de que es como si empezaras de cero", dice el polifacético autor y director Iván Morales, de 39 años, cuya compañía, Los Montoya, ofrece estos días en la Beckett 'Esmorza amb mi'.

El entorno no ayuda. "Ahora mismo si quieres hallar tu voz y encontrar la mejor manera de transmitirla al público para ofrecer una experiencia personal y a la vez empática que lo remueva y lo transforme, el mapa externo te lo pone difícil. Todo son obstáculos", confiesa. Los presupuestos de Cultura son paupérrimos aunque desde hace años los políticos se llenan la boca a la hora de ponerla como prioridad. "Has de ser fuerte para seguir luchando por el teatro en el que crees. Necesitamos una cultura que no solo sea para huir de la realidad que nos rodea sino también para encontrarnos".

Como en otros sectores, todos tienen la sensación de que antes se vivía mejor. "Hay demasiada precariedad. El entorno dificulta la consolidación de las compañías. Pero es más necesario que nunca porque necesitamos relatos, historias". Como es natural, quienes tuvieron la suerte de consolidarse en épocas más benévolas no quieren dejar su espacio. Y quienes intentan conseguir su espacio en el panorama teatral lo tiene muy complicado ahora. "Nuestra situación se refleja en el tipo de historias que explicamos y en cómo las contamos". Para evitar costes se trabaja con pocos actores, con escasos medios, bajo mínimos. La mayoría de los componentes de una compañía hacen pluriempleo para subsistir.     

"El tapón generacional afecta a todos los ámbitos de la sociedad. En todo el Estado español la generación que se asentó durante la transición es la que lleva las riendas. Sus miradas, formas y políticas todavía son hegemónicas. No es sano". Es importante tener la sensación de que hay un lugar para diferentes miradas. Pero es difícil. "Si la gente de mi generación aún tiene problemas para consolidarse, imagínate los que ahora son veintenaños".

'Boom' frustrado

La diversificación de centros para estudiar artes escénicas ha impulsado un 'boom' de compañías y proyectos en Catalunya, destaca Adrià Aubert, de la compañía Els Pirates. Creada hace 17 años, intentan no solo abrirse camino sino ayudar a otros desde el Maldà, sala que gestionan desde hace un lustro gracias a un contrato de alquiler que renuevan anualmente. Están acostumbrados a vivir al día y surfear las circunstancias. Entre sus éxitos figuran 'Balneari', trilogía sobre la identidad, el poder y la educación, y 'Nit de reis', todo un clásico de la sala. Y como coproductores de otras compañías que han estrenado en el Maldà destacan las versiones de 'Les dones sàvies', de la Companyia del Rei.

"Llevamos 10 años y no podemos crecer. Hay un techo. Para dar un salto deberíamos arriesgar un presupuesto del que no disponemos"

Oriol Tarrasón

Director de Les Antonietes

'Vània' fue una aclamada versión de Chéjov de Les Antonietes se vio en el L'Espai Lliure en el 2014 e hizo gira por Catalunya. Pero Oriol Tarrasón, su director, lamenta que nada cambia. Algo no funciona. "No puede ser que cada vez sea como si empezaras de cero. El crecimiento artístico existe porque somos tozudos. La respuesta del público nos estimula. Pero no hay el crecimiento económico necesario para consolidar ese crecimiento artístico", afirma . "Llevamos 10 años y no podemos crecer. Hay un techo. Para dar un salto deberíamos adaptar nuestros proyectos a un tipo de teatro más comercial, y arriesgar un presupuesto del que no disponemos".

Los premios, como el Quim Masó que ayuda a desarrollar proyectos, permiten hacer cosas. Gracias a él La Virgueria montó en el TNC 'Medusa' esta temporada. Pero ¿qué pasa cuando uno lo ha ganado ya todo? "Los premios ayudan a crear un proyecto pero después empiezas cada espectáculo como si fuera el primero. Es agotador". Tarrasón acaba de estenar en La Seca una moderna y comprimida versión de 'Othello', con solo los tres protagonistas principales. Y eso que su compañía es una de las afortunadas por haber conseguido una subvención trienal . "Son ayudas a las que no todo el mundo puede acceder. Te exige poner el 51% del presupuesto en cada proyecto. Es imposible para nosotros asumir el 51% del montaje en una sala grande y tampoco puedes coproducir algo con otra compañía que tenga este tipo de ayuda".

"A los teatros privados no les puedes exigir nada. Pero los públicos deberían poner más la lupa en el trabajo de las salas pequeñas"

Adrià Aubert

Director de Els Pirates

Las programaciones se han vuelto más conservadoras. Los teatros públicos presumen de estrenar obras con todo el papel vendido, generalmente gracias a contar con primeras figuras. Y, cuando apuestan por acercar al público compañías que triunfan en teatros de pequeño aforo, nadie arriesga. El Lliure, en lugar de crear algo nuevo, salvo contadas excepciones, suele apostar por obras aclamadas por la crítica y el público como pasó con la Agrupación Señor Serrano

Ni donde ensayar 

Quienes fundaron el Lliure en los años 70 tenían donde ensayar. Otra compañía histórica como Dagoll Dagom, aliada con Tricicle y Anexa, gestiona los teatros Poliorama y Victòria. Hoy los precios del metro cuadrado en Barcelona hacen inviable siquiera tener un espacio donde ensayar y los espacios en fábricas de creación están a tope. La Calòrica, que estos días triunfa con 'Fairfly' en la Villarroel, está buscando coproductor para dar un salto cualitativo en su próximo espectáculo. Surgieron en el 2010, llevan ya siete propuestas estrenadas y han demostrado su valía, pero sus integrantes necesitan pluriemplearse. "A los teatros privados no les puedes exigir nada. Pero los públicos deberían poner más la lupa en el trabajo de las salas pequeñas donde se están generando los profesionales del futuro", dice Aubert. Este diario ha intentado trasladar la queja a los responsables del Lliure y el TNC. Sin éxito, de momento.

"Faltan oportunidades de producción para jóvenes creadores. Falta reciclaje de actores, dramaturgos y directores", dicen desde La Calòrica. Para Sergi Belbel, autor y director que dirigió el TNC antes que Xavier Albertí, confirma la queja de las compañías independientes. "La situación es un drama. Por suerte, no faltan creatividad ni talento". Hacen falta canales que ayuden a dar salida al actual estancamiento. "Hay poca implicación institucional para revertir la situación", lamenta Aubert. Por su parte, Morales advierte: "Es un peligro que se instale en la sociedad la sensación de que tu trabajo, tu lucha y tu entrega no tienen retorno. En el ámbito teatral es importante hacer historias que hablen de nosotros, que nos expliquen y que no esperen gustar a todos". Es necesaria mayor variedad. "La cultura es un espejo del país. Hay un marco ideológico que decide. Nuestra misión es transformarlo entre todos".

Temas: Teatro

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