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EL ANFITEATRO

La ópera como puñetazo en el estómago

'Die Soldaten,' en el Teatro Real de Madrid, y 'GerMANIA', en la Ópera de Lyon, coinciden en reflejar la degradación humana y denunciar los totalitarismos

Pablo Heras-Casado y Alejo Pérez encaran con mucho acierto la enorme complejidad de ambas partituras contemporáneas

Rosa Massagué

Una escena de la opera GerMANIA, de Alexander Raskatov, estrenada en la Ópera de Lyon, en la que aparecen Hitler ( Kryshak)  y Stalin (Bezzubenkov) junto a miembros del coro. 

Una escena de la opera GerMANIA, de Alexander Raskatov, estrenada en la Ópera de Lyon, en la que aparecen Hitler ( Kryshak)  y Stalin (Bezzubenkov) junto a miembros del coro.  / STOFLETH

George Benjamin, que fue alumno de Pierre Boulez, explica que tras la catástrofe de la segunda guerra mundial los compositores emprendieron una travesía mental y auditiva cuya música resultante no era amable y remachaba: “no fue escrita para serlo.” Efectivamente, ¿cómo podía serlo tras el horror y la barbarie de los totalitarismos, la guerra y los crímenes contra la humanidad ejecutados a escala industrial? Las óperas ‘Die Soldaten’, del alemán Bernd Alois Zimmermann, representada en el Teatro Real de Madrid, y ‘GerMANIA’, del ruso Alexander Raskatov, en la Ópera de Lyon, son ejemplos fidedignos de aquella afirmación.

En ambas, compuestas con medio siglo de distancia, nada es agradable. Ni la historia que cuentan, ni la música, ni las voces. Son dos puñetazos en el estómago. Las dos atrapan a aquel espectador que no renuncia a explorar la parte más oscura de nuestra común historia reciente ni los recónditos recovecos de la condición humana, capaz de una violencia y degradación moral máximas. De lo último tenemos ejemplos a diario. Su impacto, sin embargo, se amplifica desde un escenario cuando llega a través de la música, el texto y la interpretación. Ambas óperas generan desasosiego. Sobrecogen porque sitúan al espectador al otro lado del espejo.

Estreno mundial

Alexander Raskatov (1953), nacido en Moscú el mismo día del entierro de Josif Stalin, ha dedicado ‘GerMANIA’ a la memoria “de todas las almas destruidas”. En ella late la historia de su propia familia, de sus sufrimientos bajo el estalinismo. La obra fue un encargo de Serge Dorny, el director de la Ópera de Lyon donde ha tenido su estreno mundial. El libreto es del propio compositor y está basada en dos obras del dramaturgo alemán Heiner Müller.

La ópera cantada en alemán y en ruso está formada por diez escenas divididas en dos actos sin interrupción. Mientras el primero evoca el destino colectivo, en el segundo resaltan los valores individuales. La obra es un fresco de la devastación humana creada por los dos totalitarismos del pasado siglo. Las escenas no se presentan de forma cronológica. La primera, por ejemplo, tiene lugar en el muro de Berlín, mientras otras transcurren durante el asedio de Stalingrado donde unos soldados alemanes roen un hueso sin estar muy seguros si es de un caballo o de un soldado.

Vemos a un Stalin borracho y a un Hitler histérico, juntos y por separado; a tres damas que quieren suicidarse ante el avance de las tropas soviéticas hacia Berlín y consiguen que un SS croata que huye y necesita un vestido civil las mate con la única arma a disposición, un hacha. Hay humor negro cuando el ayuda de campo de Hitler llena el depósito para emprender un largo viaje hacia el panteón de los dioses germánicos, el Walhalla, o cuando el ataúd de Bertolt Brecht no corresponde a las medidas del difunto. En la última escena, ‘Auschwitz Requiem’ cantada en francés y en hebreo, sobrevuela el astronauta Yuri Gagarin que va repitiendo “Sombrío es el espacio, muy sombrío”.

Ritmo obstinado

Y sombría, muy sombría es la música de Raskatov. En ella se detectan rastros de Shostakóvich, pero también de quien fue su maestro, Alfred Schnittke. La música, abrupta con un ritmo obstinado, muy expresionista, no ofrece respiro. Cuando se perciben unos acordes de ‘Tristan e Isolda’ en la escena citada de las damas o unas notas de ‘Música para un funeral masónico’, de Mozart, en una escena de Stalingrado, o ‘La Internacional’ en varios momentos, el remanso dura segundos porque enseguida se rompe el espejismo.

Sin embargo, característico del compositor es el tratamiento de la voz a la que ha dedicado varias obras sinfónicas y de cámara. En ‘GerMANIA’ la lleva a límites casi imposibles. El catálogo de voces es extremo. Hay tesituras de soprano coloratura, contralto, contratenor, tenor sobreagudo, ‘tenor bufo histérico’, barítono Martin (ligero), bajo profundo y bajo octavista. También es extrema la escritura que va de pianissimi a fortissimi sin transición. Dificilísima de cantar.

Dieciséis cantantes y actores interpretan los 40 papeles de la ópera. El día del estreno destacaron el ‘tenor bufo histérico’ James Kryshak (Hitler), el bajo octavista Gennadii Bezzubenkov (Stalin), el tenor Karl Laquit (Gigante rosa) con unos agudos estratosféricos y las intérpretes de las tres damas, Sophie Desmars (soprano coloratura), Elena Vassilieva (soprano dramática) y Mairam Sokolova (contralto).

La formación orquestal es grande con el añadido de siete percusionistas, cuatro tubas Wagner y numerosos metales repartidos entre el foso y dos palcos de la sala. El director argentino Alejo Pérez codujo con mano firme el gran torrente instrumental y vocal.

La puesta en escena de John Fulljames y el decorado de Magda Willi trasmiten el carácter extremamente sombrío de la ópera, el de un mundo sin compasión que se desarrolla en una plataforma giratoria dominada por una montaña que parece de ropa pero de la que también asoman cadáveres.

Estreno en España

Tras su estreno absoluto en Lyon, ‘GerMANIA’ es una ópera que merece un recorrido por los teatros europeos. Lo mismo que ‘Die Soldaten’, de Zimmermann, vista muy raramente. A la dureza del tema y de la música se añaden la enorme complejidad de ponerla en escena. Hay que agradecer al Teatro Real y a su director Joan Matabosch el estreno en España de esta obra fundamental del repertorio contemporáneo.

Zimmermann (1918-1970) nació en el año en que acabó una guerra y muy joven combatió en otra. De la brutalidad de aquella experiencia nace ‘Die Soldaten’, la historia de Marie, hija de un comerciante destinada a casarse con Stolzius, un joven tímido y muy enamorado, pero la muchacha prefiere a Desportes, un oficial de la nobleza que la seduce. A partir de ahí empieza la carrera de la joven hacia su destrucción. Es violada por el montero de Desportes (no hace falta añadir ‘brutalmente’ porque toda violación es brutal digan lo que digan unos jueces). Marie acaba convertida en la puta del regimiento. En la última y terrible escena su padre no reconoce a la hija que le pide limosna. También Stolzius pasa por un proceso de humillación y degradación del que se libera asesinando a Desportes y suicidándose.

Para representar este drama que según Zimmermann transcurre en el ayer, el hoy y el mañana, el compositor organiza el libreto a base de escenas superpuestas, lo mismo que la partitura con formas musicales yuxtapuestas de distintas épocas (‘Dies irae’ gregoriano, Bach, jazz, o serialismo) e interpretada por una enorme orquesta a la que añade un combo y una formación de metales.  

Dirección escénica de Calixto Bieito

En la puesta en escena de Calixto Bieito, nada es gratuito. Es más, parece que ante la brutalidad de la historia el director de escena haya moderado su habitual carga demoledora. Dada la complejidad de la acción y la grandiosidad de la orquesta que no cabe en el foso (130 músicos), Bieito y la escenógrafa Rebecca Ringst han diseñado un enorme andamiaje de tubo en el escenario sobre el que sitúan a la formación con los músicos vestidos de soldado mientras que la acción se desarrolla en el foso cubierto.

Pablo Heras-Casado, también con uniforme, dirigía la imponente formación atento a todas las yuxtaposiciones de la partitura y de la acción sin que se le escapara el difícil control. Ayudaba en ello el apuntador Vladimir Junyent, visible para el público, quien daba las entradas a los cantantes que tenían al director a sus espaldas.

Una obra de este calibre necesita unas voces muy templadas en el repertorio contemporáneo. La soprano Susanne Elmark como Marie dio todo y más de lo que una voz puede dar en un papel tan intenso, cambiante desde la inocencia inicial hasta la degradación final. Destacaron Uwe Stickert como el despreciable Desportes, Pavel Daniluk como Wesener (padre de Marie), y Leigh Melrose como el enamorado Stolzius. Hay que mencionar la presencia de una vieja gloria  como Hanna Schwarz como la anciana madre de Wesener, y la veterana Iris Vermillion como madre de Stolzius.

‘Die Soldaten’ está basada en una obra de Jakob Lenz escrita en 1776 con una finalidad de denuncia social y como un medio de regeneración. Casi dos siglos y medio después, aquella denuncia sigue siendo tan necesaria como lo era en el siglo XVIII y es que no hay forma de aprender.

‘GerMANIA’, vista el 19 de mayo. ‘Die Soldaten’, vista el 24 de mayo.

   

Temas: Ópera

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