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EL PLAN CULTURAL PARA HOY

Lo mejor de Terry Gilliam

Eduardo de Vicente

Terry Gilliam en una visita reciente al Festival de Sitges.

Terry Gilliam en una visita reciente al Festival de Sitges.

La nueva y laboriosa película de Terry GilliamEl hombre que mató a Don Quijote (ha tardado 25 años en rodarla tras sufrir todo tipo de imprevistos) no parece haber convencido a la crítica en general. Está por ver si el público le da su aprobado, pero aunque no fuera así no hay duda de que el director es uno de los más imaginativos y fantasiosos cineastas contemporáneos. Para valorar con justicia su obra, escogemos cuatro títulos representativos de su desbordante creatividad.


Los caballeros de la mesa cuadrada y sus locos seguidores (1975) 

Gilliam creció como artista junto al grupo cómico Monty Python. Era el único norteamericano aunque luego se nacionalizó británico. Suyas eran las originales animaciones que aparecían en su serie Monty Python Flying Circus y, después, en sus películas. Esta desorbitada versión de la leyenda del rey Arturo fue su debut como director y el de sus compañeros. Está repleta de gags memorables como el del caballero negro que se niega a rendirse aunque su rival le haya amputado medio cuerpo, los caballeros que dicen "ni" o el conejo asesino y, junto con La vida de Brian (dirigida por Terry Jones), son las dos mejores obras del sexteto.  

  

Brazil (1985) 

Su primera película al margen de sus compañeros fue este cuento futurista en el que confió en un actor poco conocido por entonces, Jonathan Pryce, que alcanzaría su mayor popularidad como el padre de Keira Knightley en Piratas del Caribe y que, con el tiempo, sería su definitivo Don Quijote. Interpretaba a un funcionario que, en un mundo burocrático de aroma kafkiano conocía la mujer de sus sueños y se obsesionaba con ella hasta el punto de enfrentarse al sistema. Gilliam tuvo su primer gran encontronazo con los productores que querían una película más optimista y menos oscura. La taquilla no funcionó como se esperaba pero, con los años se ha convertido en un título de culto. Una distopía surrealista con unos escenarios grandilocuentes que permanecen en la retina.


El rey pescador (1991)

El realizador regresó a su manera al tema artúrico con este filme centrado en un engreído locutor de radio (Jeff Bridges) que atraviesa una crisis y conoce a un excéntrico vagabundo (Robin Williams) que busca el Santo Grial en Nueva York y tiene visiones de un caballero rojo cabalgando por Central Park. No está tan lejos su personaje de Don Quijote. Es una historia de redención que combina comedia romántica con drama y gotas de fantástico y lo mejor es como Gilliam pasa con facilidad de un género a otro. Pese al duelo de actores quien se llevó el premio gordo fue Mercedes Ruehl, que ganó el Oscar a la mejor secundaria.

  

Doce monos (1995)

Su mayor éxito comercial llegó cuando menos lo esperaba, con este extraño cuento de viajes en el tiempo que versionaba libremente La jetée, cortometraje experimental francés compuesto por fotografías y un narrador. Bruce Willis es un criminal convicto que debe trasladarse al pasado para descubrir el origen de un virus que ha obligado a los hombres a vivir bajo tierra (el punto de partida recuerda un poco a Terminator, ¿no?). Para ello buscará al fundador de la organización terrorista Doce Monos (Brad Pitt). La realidad y la ficción, los límites entre la locura y la cordura vuelven a ser los temas básicos al servicio de la espectacular imaginación visual del director.  

  
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