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INTERFERENCIAS

Ambiente en el Primavera Sound

EFE / ALEJANDRO GARCÍA

Un paseo por la playa

Nando Cruz

Los paisanos que han echado la caña de pescar frente a la desembocadura del río apenas oyen la que se hay formada 200 metros más allá, en la otra punta de la playa del Fòrum de Sant Adrià del Besós. Dos equipos de sonido simultáneos emiten música electrónica para unos cientos de personas. Cuatro vigilantes controlan que nadie cruce la valla que delimita el resort playero del festival. Hoy, toda esa arena es el coto privado del Primavera Bits.

Cuatro vigilantes controlan que nadie cruce la valla que delimita el resort playero del festival. Hoy, toda esa arena es el coto privado del Primavera Bits

Una empleada del hogar filipina pasea por la arena. La familia para la que trabaja se ha ido a EuroDisney con los niños y tiene dos días libres. Ha bajado a pie desde el barrio de La Pau, donde vive. Su intención era llegar al Decathlon, pero los vigilantes le dicen que tendrá que recular: hoy por ahí no puede pasar. No se queja. No tiene prisa. Y enfila hacia la avenida del Camp de la Bota.

Al otro lado de la valla, un joven con una bandera australiana a la espalda se ha dormido con la mano apoyada en la barbilla. Se lo mira con lástima un inglés con camiseta del grupo shoegazing Slowdive. Unos metros más allá, otro con camiseta de Ride, otra vieja gloria de la era de guitarras distorsionadas de finales de los 80, fotografía a su pareja que posa frente al mar mientras sorbe de su copa un líquido de color impreciso, pero precio inapelable: 5,5 euros.

No hay caballitos, pero sí una mesa de ping-pong en la que unos italianos echan la partida. Los grandes escenarios quedan a más de diez minutos a pie de aquí. DJ Seinfeld pincha una remezcla del ‘Dedication’ de Krystal Clear que incluye un sample del ‘Good times’ de Chic. “Estamos pasando un buen rato”, sí. ¿Quién osa decir lo contrario? Son las nueve. En el restaurante sobre la arena solo cena una persona. Un fotógrafo profesional inmortaliza la estampa.

Por ahí llega una decena de 'supporters' del Liverpool. Se les distingue por la bandera y los cánticos. Varios espontáneos se suman a la coral 'red'. Ya en resort, elegirán destino: ¿Bacardí Live, Desperados Club o Xiringuito Aperol? Aún no saben que podrían colarse en el lujoso Café del Mar del puerto, con su piscina y sus comodísimos sofás. A la terraza no se puede subir. Según informa una responsable del local, es el cuartel general de Pitchfork, gurús del festival que desde su web dictan las tendencias que luego revierten en el cartel y atraen al público de medio mundo.