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INTERFERENCIAS

Primavera Sound 2018: la barbacoa australiana

Nando Cruz

La cantante australiana Amaya Laucirica

La cantante australiana Amaya Laucirica

"¡Bienvenidos a la barbacoa australiana!", proclama el bigotudo presentador. "¡Pero no hay comida! ¡Solo música!", advierte. Y consciente de que a la una y media esa es una muy mala noticia, él mismo se abuchea. "¡Buuuu!". El bigotudo amenizador gesticula y vocifera con el entusiasmo de un vendedor de brebajes del lejano oeste mientras anuncia la primera de las seis actuaciones que este país presenta en el Primavera Pro. Y para llamar la atención de los posibles compradores, se dirige a los profesionales que parlotean en esa zona reservada que ocupa un tercio del Pati de les Dones del CCCB:  "¡A ver si los ficháis!". Los profesionales sonríen.

La australiana Amaya Laucirica sale al escenario con la presión del que presenta su tesis de final de carrera. Difícil llamar la atención con ese cancionero de pop dulce y sintetizado como el que ya hay miles por el mundo. Presenta títulos como 'Under the tide', 'Broken glass' y 'Let it happen'. No son versiones de ChvrchesSia ni Tame Impala. Simplemente, no se le ocurrieron otros más originales. Ejecución tibia, sonrisa tibia, aplausos tibios.

La delegación australiana ha recorrido más de 17.000 kilómetros para presentar en Barcelona media docena de grupos. Echen cuentas de la inversión en billetes de avión y hoteles. Y bienvenidos al fabuloso mundo de las ferias de conciertos, donde las economías más boyantes pueden destinar más dinero para promocionar a sus artistas, hundiendo así un poco más a otros países con mayor riqueza musical pero menos recursos económicos. Así se perpetua una dominación anglosajona basada en patrones y sonidos repetidos hasta el aburrimiento que tan bien escenifica Laucirica.

Australia ha recorrido más de 17.000 kilómetros para presentar en Barcelona media docena de grupos. Bienvenidos al fabuloso mundo de las ferias de conciertos


La otra Amaya puede ver a través de sus inmensas gafas de sol que los vips han vuelto a sus conversaciones; muchos, dando la espalda al concierto. Alguno incluso lamenta que suene tan alto. ¡Así no se puede hablar! Pero aunque parezca mentira, podría ser peor. En el Primavera Pro al menos hay público llano. Unas cien personas se han acercado a escucharla. Ella toca sus canciones modosas y la gente le aplaude con cortesía. Peor es en la feria estadounidense South By Southwest de la que tantos grupos catalanes vuelven habiendo tocado para cuatro gatos; tres de ellos, de la misma delegación catalana. Es el mito de la exportación, esa política cultural que ansía más la palmadita extranjera que la conexión del artista con su propio territorio. Esos grupos podrán decir que un día actuaron en Austin, aunque nunca tocaron en Cerdanyola.

El concierto de Amaya termina con 'More than this'. No, esta tampoco es una versión de Roxy Music. El bigotudo vendedor de brebajes exclama en un voluntarioso catalán: "La vostra futura música d'Austràlia!". Suena a eslogan cocinado en algún despachazo ministerial con vistas al mar. Por la noche, Amaya tendrá una segunda oportunidad de conquistar al público catalán. Mala suerte, su concierto coincidirá con el de Björk.

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