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EL ANFITEATRO

La Fenice ha encontrado la fórmula del elixir del éxito

El teatro veneciano ha superado la crisis con más títulos y más representaciones

El director Ortombina defiende el melodrama como la literatura nacional

Rosa Massagué

Una escena del primer acto de Lelisir damore, de Donizetti, en una producción del Teatro La Fenice de Venecia.

Una escena del primer acto de Lelisir damore, de Donizetti, en una producción del Teatro La Fenice de Venecia. / MICHELE CROSERA

Hay teatros de ópera de repertorio, por ejemplo Viena o Múnich, en los que un elevado número de producciones, algunas con varias décadas de vida, se van alternando en la programación año tras año, y teatros de ópera de temporada, como el Liceu, donde el número de óperas es más reducido y se representan dentro de la estación anual. Y hay un teatro que ha combinado las filosofías opuestas sobre las que se basan ambos modelos. Este teatro es el veneciano La Fenice y el resultado positivo le ha permitido salir de la crisis general que atenaza al sector y ser uno de los pocos coliseos operísticos italianos saneados.

El ‘inventor’ del elixir del éxito es Fortunato Ortombina, recién nombrado director general del teatro veneciano tras ser su director artístico durante una década. Desde este puesto planteó el cambio de La Fenice del teatro de temporada que era al híbrido ‘funcionante’ que es en la actualidad.   

Ahora mismo en el cartel, ‘Elisir d’amore’ (Donizetti) alterna con ‘Norma’ (Bellini) y con ‘La Traviata’ (Verdi). Acaba de presentar ‘Orlando furioso’, de Antonio Vivaldi, y se dispone a estrenar en Italia ‘Richard III’, del contemporáneo Giorgio Battistelli con una producción de Robert Carsen. Programa al menos 18 títulos por temporada con unas 150 funciones durante 11 meses y siempre con público en la sala. Y cuenta además con el Teatro Malibrán. 

En un despacho pequeño, pero lleno de luz y con el murmullo de fondo del escaso tráfico de un canal secundario, Ortombina explica el cambio: “La Fenice era un teatro que solo daba satisfacción a los abonados y a los periodistas. Ofrecía nueve títulos y no llenaban la sala, pero las subvenciones públicas corrían con el gasto. El impacto social de la música no tenía importancia”. Un cambio en la legislación y la crisis del 2008 lo cambiaron todo. Los teatros de ópera tuvieron que convertirse en fundaciones de derecho privado y las subvenciones quedaron reducidas.

Fue en este punto cuando la Fenice mudó. “Los cuerpos estables trabajaban solo por el 40% de sus salarios. Así se dobló la productividad”, dice el director quien asegura que este aumento se hizo sin problemas sindicales. ‘L’elisir d’amore’ puede ser el símbolo de este cambio. La primera ‘nueva’ temporada que se presentó (2010-2011) incluía 12 representaciones de esta ópera de Donizetti. Pese a los augurios negativos, el teatro se llenó.

De los 36 millones de euros de presupuesto, el Estado financia la mitad, el Ayuntamiento veneciano contribuye con dos millones y la Región con medio millón. El resto, la venta de entradas y patrocinio. El público también cambió, dividido ahora en dos mitades entre italianos (20% de venecianos) y extranjeros por obra y gracia del turismo.

La misión

El cartel de las temporadas es netamente italiano lo que ha suscitado críticas sobre todo desde el extranjero. Ortombina las rechaza y lo hace defendiendo una misión cultural: “Nuestra literatura nacional es Bellini, Donizetti, Verdi… Es el melodrama. Desde tiempos de Miguel Ángel no ha habido hombres que hayan participado tanto en el nacimiento de una nación como ellos”. (Posiblemente Dante consideraría candidato a las torturas de su ‘Infierno’ al director).

Su idea está sintetizada en los dos únicos cuadros que cuelgan en las paredes de su despacho. Uno es una octavilla anunciando una intervención de uno de los artífices de la unidad de Italia, de Giuseppe Garibaldi, en La Fenice el 28 de febrero de 1867, seis meses después de que Venecia se uniera al nuevo Estado, y un retrato del director Arturo Toscanini, un ‘hijo’ de aquella unificación que difundió el melodrama italiano por todo el mundo.

En la programación es lo que domina y lo que permite incursiones en otros terrenos. Pese a ser veneciano, Vivaldi se representa raramente y Ortombina quiere subsanar esta ausencia con el citado ‘Orlando furioso’ esta temporada y ‘Farnace’, la próxima. En la anterior programó las tres grandes óperas de Claudio Monteverdi (‘L’orfeo’, ‘Il ritorno di Ulisse in patria’ y ‘L’incoronazione dei Poppea’), dirigidas por John Elliot Gardiner.

No faltó Mozart con ‘Don Giovanni’, ni una obra poco representada, ‘Cefalo e Pocri’, del también difícil de encontrar en los escenarios Ernst Krenek. ¿Y Wagner? “Siempre llena, el público sabe que el compositor murió en Venecia”, dice Ortombina y recuerda a un jovencísimo Christian Thielemann, 21 años, dirigiendo su primer ‘Tristan und Isolde’ en La Fenice en 1980.

Como el Barça

El tiempo apremia porque hay representación en el teatro, pero Ortombina no quiere acabar sin antes insistir en esta comparación: “En Italia el Real Madrid será siempre La Scala, pero todo el mundo tiene que ver a La Fenice como el Barça”.

Será casualidad pero aquel día se representa ‘L’elisir d’amore’ en una producción propia del teatro dirigida por Riccardo Frizza. La puesta en escena de Bepi Morassi es muy eficaz. Unos telones que remiten a los decorados de su estreno en 1832 definen la teatralidad de la obra con mucho movimiento coreográfico, mucha comicidad bien repartida y una muy buena dirección de actores. Si en los tiempos en que Venecia era parte del imperio austro-húngaro los venecianos protestaban contra los austriacos lanzando octavillas desde los pisos altos del teatro, ahora lo que cae son volantines anunciando el elixir del ‘dottor’ Dulcamara.

La soprano Irina Dubrovskaya en el papel de Adina hizo gala de unos agudos muy poderosos. Leonardo Cortellazzi era un Nemorino que cantó con gusto y elegancia. El ‘Dulcamara’ de Carlo Lepore tenía el punto justo de histrionismo. Completaban el reparto Marco Filippo Romano (Belcore) y Arianna Donadelli (Giannetta).

Temas: Ópera

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