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MUESTRA MUSICAL MULTICULTURAL

Barcelona, sorprendente capital de las músicas balcánicas

El festival Balkabarna crece en su cuarta edición como reflejo del auge de las músicas de Europa oriental practicadas en la ciudad con artistas de orígenes mezclados

Jordi Bianciotto

Los músicos Ugne Daniele, Georgi Dimitrov, Gokhan Surer y Güdelniz Akpolat, en el restaurante Dionisios, de Barcelona, esta semana.

Los músicos Ugne Daniele, Georgi Dimitrov, Gokhan Surer y Güdelniz Akpolat, en el restaurante Dionisios, de Barcelona, esta semana. / JORDI COTRINA

Quizá suene un poco ‘happy flower’, pero hay en Barcelona una comunidad de músicos procedentes del este europeo que han encontrado algo parecido al calor de hogar. “Llegué hace dos años, tras un tiempo en Estambul, y aquí me he visto rodeado de toda una familia de músicos que tocan géneros orientales y balcánicos, sintiéndome a gusto para emprender mi nuevo proyecto”, explica el músico búlgaro Georgi Dimitrov, impulsor del grupo Alaturca Barcelona, uno de los cinco que actuarán este domingo en Balkabarna, festival que ofrece, desde mediodía, 12 horas de programación gratuita en el Parc del Poble Nou.

¿Un festival de músicas balcánicas y Europa oriental en Barcelona, con grupos radicados en la ciudad aunque de orígenes variadísimos? Así se anuncia esta cita que comenzó a andar en el 2014 y que, tras un año de descanso y reflexión, resurge en esta cuarta edición de tiros largos, con tres escenarios y actividades paralelas: propuestas de carácter familiar e infantil, bailes, talleres de  lenguas y gastronomía… Y en el centro de la imagen, los conciertos de Balkumbia, la Orquestra de Ermesinde, Gökhan Sürer, Rembetiki Compañía de Barcelona y Alaturca Barcelona, proyectos musicales para un público diverso y hechos, a su vez, de pluralidad cultural. “La transversalidad del festival comienza en los mismos grupos, formados por músicos de países muy diversos”, explica Jordi Urpí, uno de los ideólogos de la muestra desde la asociación Balkabarna.

Como el viejo chiste

El festival nació, recuerda Urpí, agitador cultural, ‘discjockey’, periodista de ‘world music’, más o menos “como un chiste”, bromea. “Éramos un griego, un francés, una italiana y yo mismo, un catalán, que estábamos atrapados por las músicas balcánicas”. El público que convocaban desde hacía tiempo en Barcelona los conciertos de artistas como Goran Bregovic, Emir Kusturica, Taraf de Haidouks Fanfare Ciocarlia les dio que pensar. “Y en paralelo, comenzaba a cobrar forma una escena local en la que se mezclaban músicos llegados de los Balcanes y de otros lugares, italianos, griegos o latinoamericanos, así como catalanes, todos ellos enamorados de estas músicas”.

Hablamos de un mosaico de géneros muy amplio, que va de la fanfarria a la música oriental sujeta al maqam, el código de la música árabe tradicional, y de ahí a propuestas que, como la del pianista Gökhan Sürer, se escoran hacia el jazz contemporáneo. En torno a muchos de ellos, no todos, hay una idea de ‘balcanidad’ que cohesiona el conjunto de la escena y que ha sobrevivido a la eclosión que, hace ya dos décadas, vivió la ‘world music’. “Sin llegar a un pico de popularidad como el de la música cubana, la balcánica es quizá la que se ha mantenido más estable”, destaca Urpí. ¿Por qué? “Quién sabe: porque está más cerca que otras, porque a diferencia de la salsa se puede bailar sin que te importe hacerlo mejor o peor, o por la influencia de las remezclas electrónicas de gente como Shantel o Gaetano Fabri”.

De puertas abiertas

Que con los años haya aumentado el censo de barceloneses con origen en esos países (hay unos 7.000 rumanos, 6.000 rusos y 2.000 búlgaros censados en la ciudad) es otro factor determinante, aunque los músicos de estos grupos rehúyen la vinculación a comunidades cerradas. “No queremos enfocar nuestra música a un colectivo en concreto, sino compartirla con todos”, subraya Ugne Daniele Reikalaite, la vocalista lituana del grupo Balkumbia, que funde músicas del este y latinoamericanas y que canta en su lengua y en búlgaro, rumano, castellano… ¿Catalán? “¡Aún no, pero pronto, ahí vamos!”, replica ella.

Ugne aterrizó en Barcelona haciendo de trotamundos por Europa y comenzó aquí a prestar atención a la música balcánica, a la que ella aportó su acento báltico. “Aquí hay un movimiento muy grande de estas músicas y me enamoré de ellas. Yo estaba de paso, pero decidí quedarme por eso”, cuenta. También a Georgi Dimitrov, que toca un icónico instrumento oriental de cuerda, el qanun, le sorprendió descubrir, por ejemplo, “las ‘jams’ de rebétiko (género griego), los martes en en el bar Absenta”, y consideró que “faltaba una grupo de música turca en la ciudad”.

Intercambio de ideas

No parece que ese entorno de grupos esté encaminado a cultivar una nostalgia por el país de origen ni un foco de resistencia cultural, sino que más bien los músicos expresan un ánimo de intercambio de ideas y legados colectivos. “Me encanta compartir lenguajes sonoros con músicos que he conocido en Barcelona, ya sean franceses, mexicanos, catalanes…”, explica Gökhan Sürer. No hablamos exactamente de inmigrantes económicos, sino de “estudiantes de máster y doctorados”, señala Güldeniz Akpolat, cantante de Alaturca, así como profesionales emergentes y jóvenes que viajan porque desean ver mundo o, como apunta Urpí, “porque no se sienten a gusto con la situación social o política de su país”.

Ahí, Barcelona desprende unas propiedades singulares. “Esta ciudad tiene una energía que te atrapa, y cuando llegas aquí no quieres irte, aunque la vida del músico  no sea fácil”, asegura Giorgi Dimitrov. Y estas músicas mezcladas aparecen como todo un símbolo y un signo de los tiempos. Como señala Ugne Daniele Reikalaite, y a riesgo de sonar, de nuevo, un poco naíf, “aunque no entiendas las letras, hay una emoción que se transmite al público y que este devuelve creando algo bonito entre todos”.

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