28 nov 2020

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festival de cannes

Lee Chang-dong crea un paisaje paisaje moral y psicológico espectacular en 'Burning'

'Dogman', de Matteo Garrone, es una de las experiencias más crudas y descorazonadoras proporcionadas por el certamen

Nando Salvà

Lee Chang-dong, en Cannes.

Lee Chang-dong, en Cannes. / AFP / LOIC VENANCE

La nueva película de Lee Chang-dong, 'Burning', toma un relato de Haruki Murakami de apenas 70 páginas y lo convierte en nada menos que dos horas y media de metraje. Y pese a lo poco prometedora que esa descripción pueda resultar -al menos para aquellos no familiarizados con las habilidades del director coreano-, el resultado es una red de obsesiones, celos y venganza en la que no hay más remedio que quedar atrapado.

Al principio de la película un joven de campo, Jongsu, se reencuentra con una antigua compañera de colegio; tras una cita y algo de sexo, ella se va de vacaciones a Kenia. Regresa acompañada de un compatriota que tiene mucho dinero, y maneras exasperantemente educadas y, en general, el tipo de atributos que pueden resultar increíblemente hostiles para alguien como Jongsu. Poco después la chica desaparece, y los dos hombres se entregan a una danza mutua de acoso y provocación que no puede acabar bien.

En el proceso, 'Burning' mantiene un ojo puesto en las dinámicas de clase, pero su historia es ante todo la de un hombre que finalmente se abre al mundo solo para descubrir que el mundo no tiene otra intención que pisotearlo. Cierto que Lee se toma su tiempo para conducir el relato a su impredecible resolución, pero el paisaje moral y psicológico que transita hasta llegar a ella es espectacular.

Vidas muy perras

'Dogman', la otra aspirante a la Palma de Oro presentada este jueves, es la película más impactante del italiano Matteo Garrone desde 'Gomorra' (2008). Su protagonista, Marcello, posee un salón de belleza canino en un inhóspito suburbio cuyos habitantes son más feroces que cualquier de los perros que aparecen en pantalla. Marcello es un hombre que solo quiere que le hagan caso; por eso se dedica a vender cocaína en el barrio y por eso tolera a Simone, un delincuente increíblemente violento al que parece ver como un rottweiler al que tarde o temprano logrará domesticar. Contemplarlo fracasar de forma catastrófica es una de las experiencias más crudas y descorazonadoras proporcionadas por el festival hasta ahora.