Ir a contenido

MUESTRA DE CINE DOCUMENTAL

La gloria rumbera de Petitet

El festival DocsBarcelona abre su 21ª edición con 'Petitet, el rumbero que va prometre l'impossible', película de Carles Bosch en torno al músico y su sueño de llevar el género al Liceu

Jordi Bianciotto

El rumbero Petitet y el realizador Carles Bosch. 

El rumbero Petitet y el realizador Carles Bosch.  / SILVIA POCH

Al periodista y cineasta Carles Bosch le sonó el móvil, un día bajando por la Rambla, y una voz le preguntó a bocajarro: “¿tú eres payo o eres gitano?”. Al otro lado de la línea, Petitet, rumbero de largo y discreto historial, luciendo su habitual buen humor, le invitó al pase de un corto sobre su historia, grabado por el colectivo SomAtents, y que terminaría inspirando una obra más ambiciosa: la película ‘Petitet, el rumbero que va prometre l’impossible’, que se preestrena este miércoles en la apertura del festival DocsBarcelona y que llegará el 8 de junio a las pantallas comerciales.

¿Cuál es ese imposible al que se refiere el título del documental dirigido por Bosch? En realidad, no hay solo uno, como explica él. “Primero, se trataba de cumplir la promesa que Petitet le hizo a su madre de llevar la rumba al Liceu. Y luego, poner el género arriba, perpetuando la memoria de los padres, y devolver a su gente el orgullo de esa música que tanta gloria había dado”, precisa, y añade “otros objetivos más escondidos”: que Petitet “volviera a ser alguien y no se quedara arrinconado en un sofá, y que recuperara la coquetería y el ego que todos tenemos”. La película “también va de eso”.

De Peret a Gato Pérez

Joan Ximénez Valentí, Petitet, sufre una enfermedad minoritaria, la miastenia gravis, causa de una debilitación muscular que le llevó a dejar de lado su trabajo de percusionista, que había ejercido con los grandes de la rumba (y más allá) desde su adolescencia. O incluso antes. “Estuve con Peret desde el vientre de mi madre”, bromea, puesto que su padre, Ramon ‘El Huesos’, ya fue palmero de autor de ‘El mig amic’. Tocó también con Carles Benavent, Raimundo Amador, Kitflus, Chicuelo, Lolita... Y Gato Pérez. “Allá por 1978, en los tiempos de Zeleste”, rememora. “Gracias a Dios, he estado con los mejores músicos y artistas”.

Pero hablamos de una película que, a partir de la música, va más allá de ella, y cuyo punto de partida lo pone esa promesa que Petitet le hizo a su madre, ya fallecida, de colocar la rumba en el escenario del Gran Teatre con toda una orquesta sinfónica. “Hablando con ella siempre le decía que tenía que hacerlo”, recuerda. Para Bosch, Petitet no era un desconocido: “Me acuerdo de él y de Ricardo Tarragona como los Sly & Robbie de la rumba”, lanza aludiendo al tándem de ‘cracks’ del reggae, reclamados por los grandes del rock. Y visto el corto de SomAtents, ‘La roba estesa’, y puesto en situación, vio cómo la película cobraba forma en su cabeza.

La calle de la Cera

Aunque Petitet no ve el documental como la reivindicación de un género agraviado (“la rumba siempre ha sido respetada”), Bosch sí que ve su noción musical, más allá de la orquestación sinfónica, como “un regreso a un estado bastante puro” en comparación con las actuales fusiones de estilos. “Y eso que la rumba se ha salvado gracias al mestizaje”, reconoce. Pero la película pone el foco en un escenario esencial, la calle de la Cera, “el Bronx de la rumba”, describe Petitet. “Allí empezó todo y desde allí se proyectó a todo el mundo. Y comenzó con tres gitanos: mi padre, el Tío Toni y Peret”.

Se ha acabado haciendo amigo de su enfermedad, dice, aunque sospecha que “es más fuerte y terminará ganando”. Pero, mientras tanto, tiene por delante una ruta de conciertos con su espectáculo ‘Petitet i la seva rumba simfònica’. Aunque, antes, un deber pendiente: “¡Aún no he visto la película! No quería, pero este miércoles ahí estaré”.

0 Comentarios
cargando