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FESTIVAL DE CINE

El Panahi más feminista seduce a Cannes

El director iraní presenta a competición '3 faces', un retrato de una sociedad con tradiciones y normas destinadas a deificar la masculinidad

Nando Salvà

Behnaz Jafari, una de las protagonistas de 3 faces, muestra el cartel del director, Jafar Panahi, que no puede estar presente en Cannes al tener prohibida la salida de Irán. 

Behnaz Jafari, una de las protagonistas de 3 faces, muestra el cartel del director, Jafar Panahi, que no puede estar presente en Cannes al tener prohibida la salida de Irán.  / ERIC GAILLARD

Suele decirse que los buenos artistas hallan la mejor inspiración en las limitaciones, y no hay mejor prueba de ello que la obra reciente de Jafar Panahi. Desde que en 2010, por motivos políticos, los tribunales de su país le prohibieron hacer películas y viajar al extranjero durante 20 años, el iraní no solo se las ha arreglado para seguir contando historias filmadas y proyectándolas con éxito en festivales –‘This Is Not a Film’ (2011) viajó a Cannes almacenada en un pendrive camuflado en una tarta, y con ‘Taxi Teheran’ (2015) ganó el Oso de Oro de la Berlinale--; la necesidad de esquivar la prohibición ha hecho de ellas obras que no son ni ficciones ni documentales y que, de forma increíblemente ingeniosa, ponen en cuestión su propia naturaleza y de paso la del cine mismo. Eso, claro, mientras cuentan cosas trascendentes sobre el complejo contexto personal y social en el que han sido creadas.

La primera escena de ‘3 Faces’, que Panahi ha presentado este domingo a competición en Cannes –‘in absentia’, inevitablemente--, es un videomensaje telefónico en el que se ve a una aspirante a actriz explicando su desesperada situación y, acto seguido, ahorcándose. En la escena siguiente vemos a Panahi –que se interpreta a sí mismo— viajando en coche junto a la actriz Behnaz Jafari –ídem— justo después de recibir el vídeo. Desconcertados, viajan a un pueblo a las afueras de Teherán, del que la presunta víctima procede, para desentrañar el misterio. ¿Es la muerte real o un montaje, una mera ficción? Y la pregunta también es aplicable a lo que estamos viendo. ¿Qué es real y qué ficticio en ‘3 Faces’? Cierto que, por un lado, adopta maneras más inconfundiblemente cinematográficas que las obras más recientes de Panahi; que, en otras palabras, es más película. Pero al mismo tiempo el director sigue jugando al despiste, como demuestra esa escena en la que recibe una llamada de su propia madre, que le pregunta si está rodando una película. Claro que no, contesta él, lo tiene prohibido.

Lo que nos propone, en todo caso, no es un mero juego metatextual. A partir de esa premisa, ofrece el retrato de una sociedad formada por gente esencialmente decente pero en la que imperan una serie de tradiciones y normas destinadas a deificar la masculinidad de forma absurda, y que en el mejor de los casos son simplemente supersticiones estúpidas –como la que dicta que el lugar donde se entierra el prepucio de los niños circuncidados determina su futuro— y en el peor causan terrible sufrimiento. Sobre todo, cómo no, a las mujeres, privadas de la posibilidad de decidir su propio futuro y a quienes, en general, se otorga menos valor que al ganado. En el proceso, ‘3 Faces’ logra implicarnos en su investigación como lo haría un ‘thriller’, pero al mismo tiempo avanza a un ritmo relajado, y dotada de un tono liviano y casi jovial. Sin embargo, bajo esa aparente placidez Panahi aloja un inconfundible poso de melancolía y amargura. De nuevo, resulta difícil categorizar las historias que el iraní cuenta. Que cada uno las llame como quiera, pues; eso da igual. Lo importante es que él las siga contando.

Mujeres contra el Estado Islámico

También presentada hoy a concurso, ‘Las chicas del sol’ comparte muchas de las inquietudes temáticas de ‘3 Faces’ y muy poca de su pericia abordándolas. Mientras retrata a una guerrilla de mujeres kurdas que combaten al yihadismo en el norte de Kurdistán, pone imágenes a todas esas pavorosas historias que hemos leído sobre mujeres empujadas por el Estado Islámico al esclavismo sexual y vendidas como si fueran carne.

La francesa Eva Husson hace girar su historia en torno a dos personajes. Por un lado, una periodista adicta al drama que la vida en el frente garantiza; por otro, sobre todo, una combatiente a quien los extremistas arrebataron a su esposo y su hijo, y cuya tragedia personal es rememorada a través de una sucesión de ‘flashbacks’. Husson, qué duda cabe, arroja luz sobre una inhumanidad de la que quizá no se haya hablado lo suficiente, y eso se basta por sí solo para otorgar cierto valor a su película. Sin embargo, para ello recurre a un catálogo de torpezas y trampas dramáticas: los personajes ni por un segundo resultan creíbles, las palabras que salen de su boca casi siempre sirven para verbalizar sus emociones o los temas de la película, y los intentos de conmovernos son tan histriónicos que al final, al contrario, solo logran distanciarnos.

En última instancia 'Las chicas del sol' se revela como una obra deshonesta, que recurre a su enfoque feminista y su urgencia política para darse unos aires de importancia que por méritos artísticos propios no merece.

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