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festival de cannes

Bradbury en la era de los 'emojis'

La adaptación de Ramin Bahrani de 'Fahrenheit 451' se esfuerza sobre todo por ser cine de acción

Nando Salvà

Los actores Michael B  Jordan y Sofia Boutella con el director Ramin Bahrani, durante la presentación de Farenheit 451. 

Los actores Michael B  Jordan y Sofia Boutella con el director Ramin Bahrani, durante la presentación de Farenheit 451.  / GEORGE PIMENTEL

‘Fahrenheit 451’ vio la luz hace 65 años pero cualquiera diría que fue un libro concebido para nuestra época. Uno lo lee e inevitablemente piensa no solo en Trump y en Putin y todos esos líderes mundiales propios de distopía, sino también en Twitter e Instagram y otros sistemas de dominación ideológica disfrazados de tecnología lúdica. Pero lo cierto es que Ray Bradbury lo escribió para alertarnos sobre la posibilidad de que un día las pantallas que iban propagándose por los salones de las casas acabarían convirtiendo la literatura en algo no solo prescindible sino directamente indeseable. Uno de sus principales impulsos era el desdén por la televisión, que anulaba el intelecto y la creatividad de todo el que la miraba. Y por eso resulta irónico que precisamente la televisión sea el medio para el que ha sido concebida la nueva adaptación de ese libro seminal.

Muchos son los cambios que ha sufrido la historia en su tránsito a la nueva película, producida por HBO y presentada hoy fuera de concurso en el Festival de Cannes. Uno de los más obvios es también uno de los más críticos: aunque todavía hay libros impresos que quemar en el futuro que imagina, la mayoría de ellos existen en formato digital. Los bomberos asignados al rastreo y destrucción de obras literarias ya no se dedican solo a reducir páginas a cenizas; también destruyen los discos duros y los ordenadores confiscados, y eso inevitablemente trae a la memoria esa escena de ‘Zoolander’ (2001) en la que Derek Zoolander y Hansel, para extraer un archivo de dentro de un ordenador, lo estampan contra el suelo. Un buen virus se antoja una solución destructora más efectiva.

Como un emoticono

Pero la más criticable de las actualizaciones aportadas por el director Ramin Bahrani es otra. Aunque sin duda defectuosa, la adaptación de la novela François Truffaut dirigió en 1966 concluía con una bellísima escena en la que los miembros de una pequeña sociedad de bibliófilos caminaban por un bosque recitando los libros que habían memorizado; de aquella película emanaba una sensación inconfundible de amor por la literatura de la que ahora, medio siglo después, no queda ni rastro. La nueva versión se esfuerza sobre todo en ser cine de acción. “Esto es todo lo que necesitáis saber. Cualquier cosa más os convertirá en enfermos. En locos”, asegura el jefe de bomberos a un grupo de niños mientras les enseña ‘emojis’ que representan la Biblia, ‘Al faro’ y ‘Moby Dick’. Y de hecho la nueva película a menudo funciona como un emoticono, una versión simplificada de su modelo. Su gran mérito es que nos recuerda los placeres que proporciona pasar un par de horas con la tele apagada, leyendo un buen libro.

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