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CRÓNICA

Fermin Muguruza, en tiempos duros

El cantante preestrenó su disco con The Suicide of Western Culture, 'B-Map 1917 + 100', en un imponente concierto en Salamandra

Jordi Bianciotto

Fermin Muguruza dutrante la presentación de su nuevo disco en la sala Salamandra.  

Fermin Muguruza dutrante la presentación de su nuevo disco en la sala Salamandra.   / CARLOS MONTAÑÉS

La nueva aventura de Fermin Muguruza desprende un arrollador tacto electrónico industrial, aportado por el dúo catalán The Suicide of Western Culture, y una fuerte carga de denuncia, dirigiendo la atención hacia diez puntos del globo asociados a tensiones sociales o políticas, urbes cuyo nombre empieza por B, como la misma Barcelona. Canciones inflamadas, reunidas en el disco ‘B-Map 1917 + 100’, título evocador del centenario de la revolución rusa, que el cantante y activista vasco mostró en primicia en el "ensayo abierto" de este viernes en la sala Salamandra, de L'Hospitalet.

Muguruza ofreció el año pasado una residencia de cuatro meses en la fábrica Fabra i Coats, lo cual explica que la otra noche se dirigiera al público en un catalán bastante fluido y que una de las nuevas canciones, la elegida para abrir el concierto, se titule precisamente 'Barcelona… Sant Andreu'. Una pieza en la que evoca con cierta épica la historia de la antigua fábrica textil y que concluye con una consigna que hoy, vistas las últimas tendencias electorales, podríamos estimar matizable: "el cinturó roig comença a Sant Andreu!".

Guitarra de Lisabö

Junto a él, manejando las máquinas, tuvimos a los artificieros electrónicos de The Suicide of Western Culture (con cambios en sus filas: Juanjo Fernández Rivero no estuvo acompañado por su compañero de dúo, Miquel Martínez, sino por el ingeniero de sonido del disco, Alex Ferrer), así como un infeccioso aditivo orgánico, la guitarra de Karlos Osinaga, Txap, del grupo Lisabö, paisanos de Irún. Colchón sonoro robusto e invasivo al que Muguruza se acogió gustoso mientras la pantalla de vídeo escupía imágenes de iconos disidentes, manifestaciones y cargas policiales.

Viajamos de Beirut a Belfast, y de Bogotá a Belgrado, a través de ritmos corpulentos de sabor industrial ochentero, con vestigios puestos al día de aquella 'electronic body music' a lo Front 242. 'Samplers' como la voz de la palestina Safaa Hathot, y el verbo airado de Muguruza, de cierta fragilidad técnica pero que desprendía energía y autoridad. Canciones guerreras con, a veces, sustanciosas líneas melódicas: ahí estuvo la álgida ‘Brazzaville… Egun on Kinshasa’.

Un día histórico

No faltó un comentario de Muguruza, histórica voz del entorno de la izquierda abertzale, sobre el fin de ETA. "Hoy es un día histórico", subrayó siguiendo en catalán. "Hace muchos años que dije que ETA debía terminar con la actividad armada.  ETA ha muerto, viva el pueblo, que está en pie de paz en las calles, por la liberación de los presos políticos catalanes y vascos".

Entre el repertorio de estreno, tres cuñas con vistas a su pasado: rescates de 'Itxoiten', de Negu Gorriak, y de dos canciones de Kortatu, 'El estado de las cosas' y 'Zu atrapatu arte', conservando todo su vigor entre las nuevas texturas electrónicas, rumbo a la estación final en Berlín en atención a Ulrike Meinhof. Propuesta dura para tiempos de conflicto, Muguruza la desplegará el 3 de junio en la plaza Joan Coromines, dentro de la jornada final, de puertas abiertas, del Primavera Sound.

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