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CRÓNICA DE CLÁSICA

Un gran Bach para un discreto Goerne

El cantante se mostró desnortado junto a la brillante Freiburguer Barockorchrester en una velada en la que brilló el organista Juan de la Rubia

César López Rosell

Un gran Bach para un discreto Goerne

ANTONI BOFILL

Los fieles seguidores de Matthias Goerne no quisieron perderse la cita con el idolatrado bajo-barítono alemán interpretando cantatas de Johann Sebastian Bach. Las había grabado recientemente con la Freiburger Barockorchester, toda una referencia en el repertorio barroco, y con esta formación se presentó el martes en el Palau. La propuesta, completada con otras piezas instrumentales del propio Bach y de Georg Friedich Händel, no podía ser más atractiva, ya que, además, contaba con la participación como solistas de la prodigiosa oboísta Khatarina Arfken y de un estelar Juan de la Rubia al órgano, que acabó siendo el gran triunfador de la sesión con sus virtuosas interpretaciones de la primera sinfonía de la cantata 'Geist und Seele, wird verwirret' y del 'Concierto de órgano en fa mayor' de Händel en el que, con el respaldo de la orquesta y tras reiteradas aclamaciones, acabó ofreciendo una propina.

Fue una velada de altura vista desde la óptica del baremo de la interpretación conjunta de Bach, pero no tanto por Goerne, que pareció desnortado en el inicio durante la recreación de la primera aria de la cantata 'Ich will den Kreuzstab gerne tragen', que le obligó a un descenso a los graves en el que no se mostró cómodo. Tardó en remontar, algo que sucedió en la segunda parte con ‘Ich habe genug’, donde mejoró su nivel pero sin alcanzar la rotundidad expresiva ni el limpio fraseo que le hacen sobrevolar por encima de cualquier acompañamiento cuando se adentra en el territorio del lied. Su proyección fue mejor en los recitativos que en las arias

Lujo instrumental

¿Problemas con una tesitura diferente o simplemente un circunstancial apagón?  Las dificultades no venían de la formación de Friburgo, comandada por el concertino Gottfried von der Goltz. El grupo se mostraba tan lujoso como siempre con una cuerda etérea, cálidos vientos y una gran interacción entre ellos, algo que sucedió tanto con el carácter religioso de las piezas de Bach como en el profano de los conciertos de Händel. En cualquier caso fue interesante ver la diversidad de estilos entre dos deslumbrantes coetáneos. Hubo momentos de gran belleza sonora con la citada Arften dialogando con su oboe con el intérprete.

Capítulo aparte merecieron las interpretaciones de De la Rubia, organista titular de la Sagrada Família y con destacada trayectoria internacional. En sus intervenciones exhibió una técnica, virtuosismo y ágil despliegue de sus manos sobre el instrumento que maravillaron a la sala y a los propios integrantes de una orquesta de la que ha sido solista. Ellos fueron los primeros en aplaudirlo tras una completa actuación para sellar un programa consagrado a dos genios del Barroco.

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