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ENTREVISTA

José Eduardo Agualusa: "Hay muchas historia en mi país que esperan ser contadas"

El autor publica 'Teoría general del olvido' , una novela con el trasfondo de la guerra civil de Angola

Elena Hevia

El escritor angoleño José Eduardo Agualusa, en un céntrico hotel de Barcelona. 

El escritor angoleño José Eduardo Agualusa, en un céntrico hotel de Barcelona.  / ALBERT BERTRAN

José Eduardo Agualusa. Angoleño. Blanco. Hijo de colonos portugueses y uno de los autores fundamentales de la nueva narrativa africana. Su nombre integró la lista de aspirantes al Booker por su magnífica novela ‘Teoría general del olvido’ (Edhasa / Periscopi),  todo porque, señala con humor en su visita a Barcelona, tiene un traductor al inglés “excelente”.  El hoy escritor tenía 15 años cuando su país se independizó de la metrópoli y aunque cursó sus estudios en Portugal, gran parte de su juventud se inscribe sobre el telón de fondo de la larga y cruenta guerra posterior, mal llamada civil, porque en realidad fue un efecto colateral de la política de bloques durante la guerra fría.

Una mujer se empareda en su apartamento de la capital angoleña mientras a su alrededor estalla la guerra. Es difícil creer que esta novela tan apuntalada en las palabras fuera previamente un guion de cine. Sí, no llegó a rodarse, era demasiado difícil trasladarlo a imágenes, pero utilicé la historia que me había acompañado desde hacía años para escribir una novela que, por una vez, sabía cómo iba a terminar. Lo cierto es que el guion lo guardé en un cajón y no volví a consultarlo.

¿Qué le interesaba de esta historia de enclaustramiento voluntario durante 28 años? Viví en un edificio idéntico al de Ludo, mi protagonista, en Luanda durante un tiempo de mucha intransigencia política mientras trabajaba como periodista. Recuerdo que no tenía la menor gana de salir de casa y empecé a imaginar qué ocurriría si decidiera no salir jamás.

En el fondo el encierro también puede ser una metáfora de la soledad del escritor. El escritor trabaja rodeado de libros, pero aunque lo parezca no está del todo solo. Está rodeado de voces, de historia que se abren como ventanas.

"La poesía en mí es inevitable. Mostrar la violencia poéticamente ayuda a templarla y a suavizarla" 

Su novela expresa muy bien esa idea. Además parte del reto de reflejar la violencia de una forma muy poética, lo que podría parecer en principio una contradicción. La poesía en mí es inevitable. Soy un gran lector de poesía y necesito impregnarme de ella cuando escribo ficción. Creo que es una característica de los narradores angoleños, algunos fueron antes poetas. Mostrar la violencia poéticamente ayuda a templarla y suavizarla.

¿Se podría decir que escribe para comprender mejor su país? Sí, absolutamente. Y no solo mi país, sino también el lugar que yo ocupo en él. Esa fue mi primera intención, después vino el enamoramiento de las palabras.

Habla de comprenderse a sí mismo, ¿eso tiene que ver con el hecho de ser hijo de colonos portugueses? ¿Eso genera una identidad nacional confusa? Eso de la identidad nacional no es algo que se plantee habitualmente en Angola. Yo he vivido muchos años fuera, en Portugal, en Brasil y últimamente en Luanda. Si me preguntan dónde me sitúo digo que soy angoleño de lengua materna portuguesa. En Luanda, mi familia, mis amigos y la gente con la que trato suele ser de habla portuguesa. Ni en Angola ni en Mozambique me ha preguntado por mi identidad.

El escritor José Eduardo Agualusa, en su reciente visita a Barcelona  / Albert Bertran 

Quizá sea algo europeo, hablar de una minoría blanca en un país africano y ponerse a pensar en Suráfrica. Es completamente distinto. En Angola no se puede hablar de blancos étnicos, no hay una comunidad blanca organizada. Los angoleños de ascendencia portuguesa están totalmente integrados en el tejido social. 

Qué le deben sus libros a la tradición oral africana. Muchos críticos citan el realismo mágico a la hora de hablar de su literatura y creo que no le gusta.  No, no me gusta, porque no procede de ahí. El angoleño tiene un talento natural para contar historias y yo crecí con eso. Hay muchas historia en mi país que esperan ser contadas, tienen que ver con su pasado reciente y con el hecho de que Luanda recibe a personas de todo el mundo, especialmente aventureros locos, todo eso es una máquina narrativa. Tenemos más historias que escritores.

Eso es bueno. Sí, en Portugal están pasando por un momento particularmente rico en lo que se refiere a los escritores. Muchos jóvenes autores dominan muy bien la lengua, pero... no tienen nada que contar.

¿Cómo de cerca vivió la violencia de la interminable guerra civil?  Las imágenes que llegaron a Europa fueron terribles. En Mozambique fue peor, porque la guerrilla angoleña estuvo más organizada. Algo típico que se ve en conflictos africanos, la amputación de manos y de orejas, eso no se dio en Angola. Pero sí, como periodista entrevisté varias veces a Jonás Sambivi, el fundador de UNITA. Era un hombre interesantísimo y completamente loco. Situó su cuartel general en el sur de Angola, un lugar al que todavía llaman la Tierra del Fin del Mundo, inaccesible y solo habitada por elefantes. Tenía un dominio total sobre la gente y asesinaba a quien le daba la gana.

La novela plantea la idea de si es necesario o no el olvido para avanzar socialmente. Es una discusión que seguimos teniendo en Angola.

Y en España también. En general en todo los países que han pasado por dictaduras. Cuando visito Serbia, Argentina o Chile me hacen partícipe del debate: qué se debe hacer dialogar u olvidar.

¿Y qué piensa? Mia Couto, escrito mozambiqueño y buen amigo, es partidario del olvido, pero yo no. Yo prefiro el ejemplo surafricano de los tribunales de reconciliación. Colocar frente a frente a los que cometieron los horrores y a sus víctimas. Esta idea de perdonar y ser perdonado me gusta.

"En Angola todos somos optimistas, los pesimistas se suicidaron todos. Bromas aparte, hay motivos para la esperanza" 

¿Si pregunto por el futuro de su país, es optimista? En Angola todos somos optimistas porque los pesimistas se suicidaron todos. Bromas aparte hay motivos para la esperanza, el actual presidente Joao Lourenço ha desmantelado los negocios privados de la familia del anterior presidente que se mantuvo casi 40 años en el poder y ha dado a entender que está preocupado por el tema de la corrupción. La sociedad civil angoleña se ha sofisticado y está más reivindicativa que nunca. La corrupción afecta ahora directamente a Portugal.

¿Cómo es eso? Angola en los últimos años ha invertido en Portugal y muchos hijos de dirigentes angoleños han conseguido posiciones importantes en las empresas y bancos portugueses. Así que es probable que cuando caigan unos caigan también los otros.

Temas: Angola Libros