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CRÓNICA

Pablo López, emociones de talla XXL

El cantante y pianista inflamó el Liceu con su estilo torrencial, reafirmado en su nuevo disco, 'Camino, fuego y libertad'

Jordi Bianciotto

El cantante y pianista malagueño Pablo López durante su actuación en el Liceu.

El cantante y pianista malagueño Pablo López durante su actuación en el Liceu. / RUBÉN IRÚN

Si hace unas semanas, en el concierto de Bob Dylan, encender discretamente tu móvil aunque fuera para mirar la hora podía ser motivo de expulsión del Liceu, con Pablo López fue más o menos al revés: nada más salir a escena, docenas, quizá cientos de fans se levantaron para grabar cada inflexión vocal, cada gesto del malagueño, sin que eso supusiera ningún problema de protocolo. Al contrario, esa respuesta del público forma parte de la idea de implicación emocional total que transmite el cantante y pianista, y que envolvió su recital de este viernes en el Suite Festival.

En los conciertos de Pablo López, la emoción está cantada desde antes de que suene la primera nota. Hay ganas de formar parte de una especie de peliculón romántico, de colarse en un imaginario regido por motivaciones sinceras, instintos de superación, anhelos de libertad… Conceptos que pueden caer en el cliché, pero que López viste con músicas relativamente sofisticadas. Ahí estuvieron todas las canciones de su reciente 'Camino, fuego y libertad', empezando por ‘El camino’, que contó con una fugaz aparición sorpresa de Antonio Orozco.

Arrebato y melodrama

Arropado por tres músicos, López desplegó todo ese cancionero torrencial, de largos y motivadísimos estribillos, a medio camino entre el arrebato de un Alejandro Sanz y el melodrama pop a lo Keane, y con muestras álgidas como 'El patio'. Hay distinción y cierto refinamiento en sus ideas melódicas, si bien no parece claro que una canción se haga más grande de lo que es a base de alzar y enfatizar el tono de voz y de subrayar cada desenlace armónico con golpes aparatosos e hinchando el respaldo instrumental. Pero, aunque por sus formas su cancionero pudiera abrumar, hubo composiciones estimables como 'El teléfono', sobre un elegante fondo de blues  (y deslices 'sabinianos', como lo de "ser becario en la oficina del derroche”", la tortuosa 'Lo imposible' o ese monumento llamado 'El gato', pese a confesiones chirriantes como la de "mi gato es mucho mejor persona que yo".

En 'Dos palabras', digna de Rufus Wainwright, demostró que el empaque de superproducción no es siempre necesario para tocar la fibra 

El goteo de canciones de sus dos discos anteriores fue recibido con aullidos de reconocimiento, y ahí hay que hablar de la bonita 'Dos palabras', digna de Rufus Wainwright, no es broma, en la que demostró que el empaque de superproducción no siempre es necesario para tocar la fibra. El ambiente inflamado espoleó al Pablo López más hablador, que llegó a aventurarse en un monólogo sobre las matrículas de los coches y los viejos distintivos provinciales. "Lo bonito es creer en la gente y dejarse de MA y CC, el acento lo llevamos dentro", reflexionó. Un comentario que seguramente agradaría a uno de los asistentes, Albert Rivera, de Ciutadans, sentado en el anfiteatro.

Concluido el recorrido con 'La libertad', todo vigor, volcándose dramáticamente en el teclado, el bis condujo hasta el éxito 'Tu enemigo', aunque antes, Pablo López se sentó en una punta del escenario para interpretar con gracia, acariciando una guitarra eléctrica, 'Aquellas pequeñas cosas', de Serrat. Sí, a veces, no hace falta forzar mucho la voz artística para emocionar.

Temas: Liceu

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