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LA CITA DEL CINE DE AUTOR

Nobuhiro Suwa: "Con el rostro de Jean-Pierre Léaud ya tienes una película"

El más francés de los directores japoneses protagoniza la retrospectiva de este año del D'A Film Festival

Juan Manuel Freire

Nobuhiro Suwa.

Nobuhiro Suwa. / FERRAN SENDRA

Nacido en Hiroshima en 1960, Nobuhiro Suwa quedó deslumbrado de joven por la libertad de la Nouvelle Vague y se convirtió en un cineasta más francés que japonés. De las seis películas que ha rodado en dos décadas, tan solo 'Yuki & Nina' y la recién estrenada 'El león duerme esta noche' han llegado a nuestras salas. Estos días, una retrospectiva del D’A (en colaboración con la Filmoteca de Catalunya) permite recuperar todos sus largos.

Según mi colega crítico Quim Casas, para usted el cine es francés, o no será. ¿Eso es así?
Desde luego, hay un cierto cine francés por el que siento mucha simpatía, y que me ha influido mucho, sobre todo de joven. Pero incluso entonces también me influía lo que se hacía en Estados Unidos. En realidad, no divido el cine por nacionalidades.

¿Cómo empezó su fascinación por la Nouvelle Vague?
 Cuando iba a la universidad Zokei, en Hachioji (Tokio). Descubrí las películas francesas de los 60 y 70 y fue para mí como una conmoción, toda una revolución en mi forma de ver el cine.

¿Qué fue lo que le cautivó?
Recuerdo mucho esa escena de 'Al final de la escapada' con Jean-Paul Belmondo y Jean Seberg caminando por los Campos Elíseos. Puedes ver a gente girándose hacia la cámara. Eso no pasaba en el cine americano que veía por entonces. Pensé que la vida real y el cine podían estar conectados.

En sus inicios, construía sus películas con situaciones improvisadas y encontraba el hilo narrativo durante la fase de montaje.
Al principio, me obsesionaba la idea de poder capturar la vida real, ráfagas de cotidianidad. Cuando iba a las películas solo veía artificio. Pensaba: "yo nunca diría eso", o "eso no es auténtico". Pero mi búsqueda de esa veracidad acaba con 'Un couple parfait'. Luego, empecé a ver que, por qué no, quizá había un mundo que solo existía en las películas.

"Gracias a la Nouvelle Vague, descubrí que la vida real y el cine podían estar conectados"

Desde 'Un couple parfait' sus películas cuentan con capital francés. ¿En Francia le entendían mejor?
Mi anterior película, 'H story', fue un fracaso en Japón, pero en Francia fue bien recibida. Fue el público francés el que me permitió seguir haciendo películas como yo quería. Una productora francesa [Elise Voitey] apostó por mí. Y además, allí es mucho más fácil conseguir subvenciones públicas. También sentía que los profesionales franceses me entendían mejor que los japoneses.

Y de algunos parece inseparable, como de la directora de fotografía Caroline Champetier.
Porque ella entiende lo que hago de forma inmediata e instintiva. En Japón, si llegas a rodar una escena sin guion, quizá solo con una breve situación, no te entienden. Y cuando Champetier ve algo así, se limita a decir, "vamos, adelante".

Usted no habla francés. ¿Eso es un problema?
Existen los intérpretes. Si le soy sincero, durante el rodaje no entiendo ni la mitad de las cosas que dicen los actores. Y en el caso de 'El león duerme esta noche', por ejemplo, los niños improvisaban todo el tiempo… Pero confío en mi equipo. Si ellos creen que algo ha ido bien, yo también.  

En esta última película cuenta como protagonista con Jean-Pierre Léaud, historia viviente del cine francés. ¿Tener ese rostro ante la cámara, quita trabajo al director?
Por supuesto. Yo solo quería filmar ese rostro. Con ese rostro ya tienes una película. Todo lo demás, el fantasma de su antiguo amor, el rodaje de los niños, fueron factores añadidos.

'El león duerme esta noche' tiene aires de canto del cisne de Léaud. De hecho, puede decirse lo mismo de otras películas que ha hecho en los últimos tiempos. ¿Usted piensa mucho en la muerte?
Pienso mucho en ella y ya la he tratado otras veces, pero lo que intento cuando abordo este tema es buscar lo opuesto: hablo sobre la muerte para celebrar la vida, lo magnífico de estar vivo. Para Leáud, 'La mort de Louis XIV', de Albert Serra, sí que supuso un encuentro con la muerte. En el rodaje de mi película gritaba: "¡Estoy sintiendo otra vez la alegría de actuar!". La ha vivido como un renacimiento.

"Hay que ir por la vida de la mano con la muerte", se oye en su película. En Oriente temen a la muerte menos que en Occidente.
Eso es cierto. En Japón, cada verano recibimos a las almas de los ancestros en la festividad del Bon Odori. Y convivimos sin problemas con los fantasmas. Pero, curiosamente, esa frase que cita es del padre de Jean-Pierre Léaud, el escritor Pierre Leáud. La cogí de una obra teatral suya, 'Fugue en mineur(e)', como alguna otra del guion.

La propuesta del día

Este sábado, día 28, se puede cazar en el festival 'Los fantasmas de Ismaël', cuarta colaboración de Arnaud Desplechin y el actor (e interesante director) Mathieu Amalric. Géneros y tonos se enredan, como siempre en Desplechin, en este retrato de un cineasta confundido por la reaparición de su esposa (Marion Cotillard) veintiún años después de esfumarse en misteriosas circunstancias. Teatre CCCB, 22.30 h.

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