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ENTREVISTA

Xavier Legrand: "¿Puede un marido violento ser buen padre? Claro que no"

El director francés estrena su ópera prima, 'Custodia compartida', en la que describe el horror que un hombre incapaz de reprimir sus instintos más brutales causa sobre su exmujer y su hijo

Nando Salvà

Xavier Legrand, fotografiado el lunes en Los Ángeles

Xavier Legrand, fotografiado el lunes en Los Ángeles / AFP / VALERIE MACON

El cineasta francés se sentó con EL PERIÓDICO durante el pasado Festival de Macao para hablar de su primer largometraje, Custodia compartida, una impactante mirada a la lacra de la violencia de género. En él, toma la controvertida decisión de una jueza de familia como punto de partida para describir el horror que un hombre incapaz de reprimir sus instintos más brutales causa sobre su exmujer y su hijo. El filme llegó a nuestros cines el pasado viernes.

Sobre la violencia doméstica usted ya dirigió el cortometraje Antes de perderlo todo (2013). ¿De dónde proviene su interés en explorar el asunto?
Siempre me han apasionado las tragedias griegas. Y siento que los casos de maltrato familiar son el equivalente actual de esas historias, porque también hablan de lazos sanguíneos, de poder y de venganza. Y, sobre todo, porque cada vez que sale a la luz un nuevo maltrato me hierve la sangre. Y es hora de que los hombres nos pronunciemos sobre ello.

¿Le planteó algún dilema ético convertir un tema socialmente tan traumático en una obra de entretenimiento?
Me esforcé por hacer las cosas bien. Pasé años documentándome, conociendo a víctimas de abusos y visitando grupos de terapia para hombres violentos; pasé noches acompañando a grupos policiales y estudié el trabajo de un juez familiares para entender cómo funcionan las vistas orales en las que se dirime la custodia. Entrevisté a psicólogos, a trabajadores sociales y a presidentes de asociaciones de mujeres maltratadas. Y no hablé con hijos de abusadores porque pensé que habría sido duro para ellos. No me tomé el asunto a la ligera.

Tráiler de ’Custodia compartida’ (2017).

¿En algún momento se planteó hablar de ello a través de un documental?
La violencia doméstica sigue siendo un tabú. Las víctimas no denuncian, y los familiares y vecinos no quieren interferir en la pareja. Es un problema silenciado, a pesar de que los noticiarios hablan cada vez más de él. Por eso no quise adoptar un enfoque periodístico. Preferí usar los métodos para generar tensión que aprendí viendo las películas de Hitchcock, y Chabrol, y Haneke, y así implicar emocionalmente al espectador.

A medida que avanza, de hecho, Custodia compartida va convirtiéndose en una película de terror.
Sí, quise que empezara pareciéndose a Kramer contra Kramer (1979) y que acabara recordando a El resplandor (1980). Y tiene sentido, porque un elemento esencial de la violencia doméstica es el miedo: las víctimas no se atreven a enfrentarse a sus cónyuges ni a huir, por eso se quedan y aguantan situaciones terribles. Por otra parte, evité a toda costa usar los trucos típicos del género. No quise acabar la película con un baño de sangre, a pesar de que quizá habría sido lo más apropiado. Al fin y al cabo, en Francia una mujer muere cada dos días y medio a manos de su pareja o su expareja.

Seguimos siendo parte de una sociedad patriarcal que hace creer a los hombres que las mujeres les pertenecen"

¿De qué manera espera que la película contribuya al debate social?
Cuando se habla de este tema, hay una pregunta que casi nadie se hace pero que es extremadamente relevante. ¿Puede un marido violento ser un buen padre? Claro que no. No sé qué sucede en España pero, en Francia, se da por hecho que las víctimas de la violencia de género son solo las esposas o compañeras sentimentales; los jueces suelen considerar que, si un hombre maltrata exclusivamente a su pareja, no hay motivo para negarle la posibilidad de ver a su hijo. Personalmente, creo que es un razonamiento terrible. De todos modos, no debe de ser fácil arbitrar esos casos, en parte porque los juzgados de familia están desbordados y no tienen medios. Y, además, no tiene sentido señalar culpables. Todos somos culpables.

¿En qué sentido?
Seguimos siendo parte de una sociedad patriarcal que hace creer a los hombres que las mujeres les pertenecen, y por eso ellos creen que tienen derecho a ejercer control y violencia sobre ellas. El protagonista de mi película es un hombre infeliz e incapaz de amar, que se siente rechazado por todo el mundo y que en realidad se considera una víctima. Y ese es uno de los problemas que perpetúan el maltrato: los que lo ejercen se consideran víctimas, y las que lo sufren se sienten culpables. Si queremos progresar como sociedad debemos echar por tierra esos prejuicios urgentemente.