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CRÓNICA

Mirada más cercana al clásico de Bergman

Marta Gil dirige en el Teatre Akadèmia a unos implicados Jordi Figueras y Anna Sabaté en 'Escenes d'un matrimoni'

César López Rosell

Jordi Figueres y Anna Sabaté en Escenes dun matrimoni, de Bergman, en el Teatre Akadèmia.

Jordi Figueres y Anna Sabaté en Escenes dun matrimoni, de Bergman, en el Teatre Akadèmia. / ALBERT SERRADÓ

Regreso al clásico de Ingmar Bergman, que el cineasta inmortalizó en una serie de televisión y en la gran pantalla en 1973 con el título de 'Secretos de un matrimonio'. La producción, que incidía en la propia relación del director con la actriz Liv Ullmann, expuesta con una dureza alejada de cualquier concesión a la hipocresía, sacudió a la sociedad de su tiempo y lo sigue haciendo hoy con las revisiones del filme y las adaptaciones teatrales. Este es el caso del montaje 'Escenes d'un matrimoni' que Marta Gil dirige en el Teatre Akadèmia con los implicados Jordi Figueres y Anna Sabaté para dar vida a los dos protagonistas.

La producción de Les Antonietes y Nexus Europa desarrolla la obra con una mirada más naturalista y cotidiana. Las seis escenas que tiene la pieza muestran la evolución de la pareja durante los 20 años de su intermitente relación. El profesor universitario Johann y la abogada Marianne componen, a los ojos de los demás y a los de ellos mismos, un matrimonio casi perfecto que tiene dos hijas, hasta que tras una cena con otra pareja con problemas, empieza un proceso reflexivo que pone en cuestión la sinceridad de su convivencia y aflora esa soledad en compañía, tan lacerante como la propia soledad misma. De la comprensión inicial se pasa a la ruptura, a la apertura de nuevas relaciones y a diversos reencuentros llenos de contradicciones y agria verbalidad.

Puesta en escena conceptual

Gil plantea una puesta en escena muy conceptual con dos piezas de muebles que se desplazan para hacer diversas funciones. No faltan la botella de whisky y los vasos representativos del creciente alcoholismo de los personajes. El consumo etílico pretende ser liberador pero carga de pólvora los diálogos y ejerce de motor de la desinhibición erótica, muy presente durante la función. El uso del teléfono móvil y de la tableta no es más que un recurso para poner en contexto actual la situación de una pareja en parecidas circunstancias. Los dos intérpretes se visten y se desnudan a la vista del público creando un clima intimista que provoca una sensación de cercanía.

El montaje ofrece una visión menos agobiante que la de la película y dibuja bien la evolución de los personajes. Marianne pasa de la sumisión inicial a la humillante decisión de una ruptura impuesta por su pareja a convertirse en una mujer mucho más fuerte que el tambaleante Johann. Es él quien habla de las personas como "inútiles emocionales" incapaces de hallar y de centrarse en el camino correcto de las relaciones. Pero, a pesar de las idas y venidas, el nexo entre ellos no termina de cerrarse nunca y da cancha incluso a momentos de ternura.

La actuación de los intérpretes está siempre en función de los vaivenes de la obra. Anna Sabaté muestra un 'crescendo' muy potente poniéndose en la piel de un apasionante personaje pero sin dejarse llevar por la visceralidad. Jordi Figueras se mantiene más uniforme durante toda la función, acoplándose muy bien a ella. Ambos ayudan a dar vuelo a esta renovada visión de un clásico que siempre deja un poso de desasosiego, aunque esté atemperado por una mirada menos drástica en lo dramático.