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NOVEDAD EDITORIAL

El gran error del megalómano Hitler y otras historias bélicas

El popular historiador británico James Holland publica el primer volumen de su trilogía sobre la segunda guerra mundial

Anna Abella

Tropas alemanas entrando en Polonia en septiembre de 1939 en la llamada guerra relámpago de Hitler. / AFP

Tropas alemanas entrando en Polonia en septiembre de 1939 en la llamada guerra relámpago de Hitler.
El historiador James Holland, autor de El auge de Alemania, durante su visita a Barcelona.
Hitler y Mussolini, en septiembre de 1938, en la frontera alemana, antes de la conferencia de Múnich. 
Tanques alemanes en septiembre de 1939, cruzando un río en territorio polaco. 
El primer ministro británico Winston Churchill (en el centro, con su inseparable puro), en Fort Jackson (Carolina del Sur), con miembros de su estado mayor, en junio de 1942.

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Más de 200 niños, mujeres y ancianos fueron masacrados por los nazis en 1944 en una iglesia de un pueblo italiano al sur de Bolonia, en Monte Sole. Hubo tres supervivientes y una de ellos relató su vivencia al historiador británico James Holland. “Fue sobrecogedor, me explicó que cuando los alemanes iban a dispararles una mujer gritó que iba a buscar a su bebé y corrió. La acribillaron y tiraron una granada. Ella quedó inconsciente, despertó horas más tarde y vio a su madre desangrándose, los cadáveres de sus dos hermanos mellizos de 10 años y a su hermana de 16 herida en la cabeza. Buscó ayuda y una familia italiana del valle la retuvo en un sótano, donde la violaron, pero sobrevivió. Al enterarse, su padre, que estaba en las montañas con los partisanos, se volvió loco”. Holland (1970), autor de ‘El auge de Alemania’ (Ático de los libros), primer volumen monumental (casi 900 páginas) de una trilogía sobre la segunda guerra mundial, que acaba de llegar a las librerías, busca voces como esta, de “testimonios que cuenten sus experiencias y sentimientos”, ya sean civiles o militares, para urdir una narrativa que “empatice con el lector”. A la vez, más allá de la estrategia militar, indaga en aspectos operacionales, como las armas y los recursos de cada país para acabar asegurando, desmontando mitos, que la Alemania de Hitler “no estaba preparada para el conflicto”. “Es sorprendente que aún creamos en la gran maquinaria de guerra nazi”. 

No estaban mecanizados, no tenían suficientes tanques, ni soldados equipados y entrenados, recursos naturales ni combustible, detalla el escritor, popular por sus documentales para la BBC o National Geographic, como ‘Nazi Megaestructuras’, y hermano del autor de novela histórica Tom Holland. “Alemania se sentía vulnerable, era un país en el centro de Europa, con una frontera muy amplia que defender y fácil de atacar. Sentían la amenaza bolchevique”.

El historiador James Holland, durante su visita a Barcelona. /JORDI COTRINA

“Para hacer creer a los alemanes y al resto del mundo que el III Reich era una potencia económica imparable fue crucial el papel de la propaganda, orquestada por Goebbels. Era un genio, maligno –afirma durante su reciente visita a Barcelona-. Durante la 'blitzkrieg' (la llamada guerra relámpago) solo dejó hacer fotos de los tanques y vehículos motorizados, de los que tenían pocos, pero no de los caballos, cuando en realidad dependían más de ellos. Es increíble cómo la gente cree lo que le cuentan. Hoy somos más cínicos, pero en el 2013 toda la población creyó a Tony Blair cuando dijo que Sadam Husein tenía armas de destrucción masiva”.        

Volviendo al pasado, Holland halló un memorándum de Hitler de diciembre de 1941 donde “ordenaba dejar de fabricar armas tan complejas porque lo eran más de lo necesario”, pone como ejemplo la ametralladora MG-42. “Requería nueve inspecciones, cuando con una habría bastado. Disparaba muchas balas y muy rápido, así que era terrible si tú eras el objetivo, pero desperdiciaba mucha munición, generaba mucho humo, se recalentaba y a veces las balas se derretían”. También los tanques, los poderosos Tiger, eran caros de fabricar y necesitaban mucho petróleo que no tenían. Y los uniformes: estaban pensados para causar impacto, pero en tiempo de escasez de recursos consumían más metros de tela que los de los aliados.   

Hitler, que Holland ve como un “megalómano” con un “poderoso ego”, cometió un gran error de cálculo. “Pensó que al invadir Polonia, Gran Bretaña y Francia no declararían la guerra. Se equivocó, porque en realidad tenía una visión política muy limitada y no tenía experiencia militar. No era como Churchill o Roosevelt, hombres de Estado de verdad que vieron la amenaza nazi y tenían un amplio conocimiento geopolítico global. Además, Hitler estaba rodeado de personas que nunca le cuestionaban y le decían sí a todo y empezó a creerse invencible. Según él, Alemania se convertiría en un Reich que duraría 1.000 años. En caso contrario llegaría el Armagedón. Creía que su destino era ir a la guerra o hundirse”. 

El primer ministro británico, Winston Churchill (en el centro, con su inseparable puro), en junio de 1942. / Ap

También aborda el historiador la relación entre el Führer y Franco. “Al margen de cierta afinidad ideológica no se llevaban bien. Franco era más pragmático, sabía que España era un país empobrecido tras la guerra civil y no quería entrar en la guerra mundial. Y, si hubiera entrado, más bien habría sido un obstáculo y habría retrasado a Hitler, como le pasó con Italia y Mussolini –explica el británico-. A Hitler le interesaba llegar a Gibraltar para dominar el Mediterráneo pero Franco se mantuvo neutral porque dependía mucho de la ayuda de Gran Bretaña, que le amenazó con quitarle el aprovisionamiento y crear un bloqueo si se aliaba con Hitler”.

Hitler y Mussolini, en septiembre de 1938, en la frontera alemana, antes de la conferencia de Múnich.  / AP

Desmonta Holland algunos mitos, como que “los pilotos de los cazas británicos eran la última línea de defensa de Inglaterra”. Tras ellos, indica, “había la Royal Navy, un canal minado y líneas de bombarderos preparados para lanzar armas químicas”. Eso demuestra, afirma, que “los alemanes no tenían una opción real de invadir el país”. También recuerda que Gran Bretaña “era el principal productor de armas del mundo y, a diferencia de Alemania, contaba con los recursos con los que la proveía Estados Unidos y con los de sus antiguas colonias”. En cambio, Hitler “no tenía acceso al comercio naval, ni una gran flota mercante y sufrió el bloqueo marítimo inglés que la relegó al Báltico”. Y mucho tuvo que ver, asegura, la necesidad “de Alemania de obtener alimentos y combustibles en el avance hacia el Este”. Es ahí, a mediados de 1941, con el inicio de la operación Barbarroja, la invasión de Rusia, donde Holland cierra este primer libro de la trilogía.

Visita a Auschwitz

Según el autor, el régimen nazi “se asentaba en unas bases muy frágiles, en un mundo imaginario donde sus líderes hacían lo que querían y creían que los arios fueron la primera raza que pisó la Tierra, cuando lo irónico era que casi ningún líder nazi se ajustaba al prototipo de ario ideal, rubio, alto y de ojos azules”. “Solo hay que ver a Goebbels o Hitler…”, sonríe.             

Holland admite que “pasar tres semanas en un escenario de guerra en Afganistán” le hizo entender “qué es la guerra, cuán peligrosa es y cómo actuamos en situación de peligro”. “La peor experiencia era ser soldado de infantería, que ven a quien matan –opina. En un bombardero o un submarino matar es más impersonal”. Pero lo que más le ha conmovido en su carrera, además de hablar con la superviviente de la masacre nazi en Italia, fue Auschwitz. “La cámara de gas, los hornos crematorios… Sentí náuseas. Pensé en el gas, que les mataba lenta y dolorosamente, en que mientras agonizaban sabían que iban a morir y veían cómo morían a su alrededor. Es monstruoso”. 

Tanques alemanes en septiembre de 1939, cruzando un río en territorio polaco.  / AFP

  

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