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ESTRENO

Vilarasau se enfrenta a una Medea del siglo XXI

La actriz asume el rol más "bestia" de su carrera en un depurado montaje dirigido por Lluís Pasqual que concentra la tragedia en una hora

Marta Cervera

Emma Vilarasau en una escena de Medea. 

Emma Vilarasau en una escena de Medea.  / ROS RIBAS

Dos grandes de la escena catalana, la actriz Emma Vilarasau y el director Lluís Pasqual vuelven a rencontrarse con 'Medea', tragedia griega que este miércoles se estrena en el Lliure de Montjuïc. Se trata de una versión actual, un montaje pensado para el público del siglo XXI acostumbrado a la violencia visual, de la célebre historia de la mujer que mata a sus hijos como venganza hacia Jasón, el hombre que la abandona. El montaje, que se vale del vídeo y una banda sonora curiosa donde se mezclan temas de Jeff Buckley, Radiohead, Purcell, Metallica y Nirvana es muy diferente al que el director montó en 1981 con Núria Espert en el Grec. Como entonces parte otra vez de los textos de dos autores, el poeta griego Eurípides y el filósofo romano Séneca. "La obra es una síntesis de ambos y dura una hora", ha explicado Pasqual que ha creado esta nueva versión con Alberto Conejero. Su propuesta ha eliminado el coro en su forma más convencional y cuenta en el reparto con Andreu Benito (Creont) y Roger Coma (Jasó), Joan Sureda (tutor), además de los hijos de Medea y Jasón, personajes sin texto pero sí con voz, ya que cantan.   

Curiosa coincidencia

El director cree que la coincidencia en la cartelera de dos tragedias clásicas -además de  'Medea' esta semana se estrena 'Èdip' en el Romea- refleja la necesidad de entender un mundo cada vez más violento y convulso. "Los mitos griegos están muy cerca nuestro. Los referentes que conectan con Medea son infinitos", afirma Pasqual. "El mundo ha explotado. Si uno piensa que nos gobierna Xi Jinping, Trump y Putin no se levantaría de la cama. El Isis o el Daesh son la pura irracionalidad pero, al igual que ocurre con Medea, ¿quién somos decir si tienen razón o no?".

Roger Coma y Emma Vilarasau en una escena de la obra / rOs ribas

Para Vilarasau "Medea es un personaje inabarcable". Esa mujer nublada por los celos y la venganza es muchas cosas: "Medea es la extranjera, la diferente, aquello que la gente teme por ser lo desconocido. Medea tiene una parte de ese monstruo que todos llevamos dentro. Es la víctima de una situación muy injusta y acaba convirtiéndose en verdugo. Entra en un estado de desequilibrio y, en cuestión de minutos, toma decisiones muy bestias".

Su personaje es hija de rey Eetes, nieta del sol Helio y la maga Circe. Casada con Jasón a quien ayudó a conseguir el vellocino de oro debe hacer frente a una terrible afrenta cuando Creonte, rey de Corinto, decide desterrarla y casar a su hija con Jasón, héroe de los argonautas. "Su estatus no le permite asumir tal humillación". Por eso, en solo veinticuatro horas, Medea acabará con sus rivales de forma radical. 

Choque de culturas

La actriz se niega a simplicar a Medea calificándola de loca o vengativa. "Cualquier calificativo le queda pequeño a esta mujer consumida por la ira, la rabia y la culpa", señala. Mientras preparaba la reacción extrema de Medea con la de ese terrorismo que enfrenta a personas de culturas diferentes incapaces de entenderse. Medea y Jasón representan a dos mundos. Él viene de la sociedad patriarcal y un mundo racional dominado por la lógica y la ley. Ella viene de Asia, un mundo distinto y una cultura que Jasón tilda de salvaje. "La obra hace pensar sobre la incomprensión entre civilizaciones. ¿Por qué esa superioridad de los griegos, esa visión de que su cultura es la mejor?", se pregunta Vilarasau. 

"Nos hemos centrados en ser lo más verosímiles y lo menos retóricos posible"

Lluís Pasqual

Roger Coma considera un reto calibrar "el volumen del personaje para que, sin ser de cartón piedra, sea un héroe y tenga un sentido, una ética que te permita identificarte con él", afirma el actor que se ha acercado al texto sin prejuicios "trabajando más desde la intuición que desde la razón".

Para Pasqual "la gran dificultad de hacer un texto clásico, griego o romano, es encontrar el tono". Por eso se ha esmerado en utilizar un lenguaje de cierto nivel, diferente del lenguaje cotidiano pero que no suena extraño. "Nos hemos centrado en ser lo más verosímiles y lo menos retóricos posible". Consciente que a los actores "cada vez se les pide más verdad", el director se ha esforzado en "pasar de esa retórica de los textos clásicos a una interpretación verosímil o creíble, que no naturalista", aclara. Y ha optado por un espacio y vestuario diseñados por Alejandro Andújar que intentan pasar desapercibidos. "Es como si no existieran". 

Temas: Teatre Lliure

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