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NOVEDAD EDITORIAL

Charlas de mostrador

El librero Josep Cots debuta en la narrativa con el libro 'Autoretrat de Jordi Garcés', un curioso ejercicio memorialístico sobre el arquitecto

Elena Hevia

Jordi Garcés, Anna Caballé y Josep Cots presentan el libro en la librería Documenta.

Jordi Garcés, Anna Caballé y Josep Cots presentan el libro en la librería Documenta.

Un buen librero no se limita a vender libros. Un buen librero es un bien escaso y se le reconoce porque sabe a la perfección qué es lo que necesitan sus clientes. Prescribe como un médico, cada uno según su debilidad y así, libro a libro, acaba estableciendo un vínculo difícil de definir con el lector. En 1975 Josep Cots abría en la calle Cardenal Casañas una librería pequeña pero ejemplar, Documenta. La gentrificación obligó al traslado del local al Eixample , pero los clientes fieles le siguieron porque necesitaban palabras y no algoritmos. Entre aquellos estaba y está Jordi Garcés, que como el joven arquitecto, que era, fue uno de los primeros en entrar en aquella librería con sus evocadores escaparates. Ahora, 43 años después, ambos están detrás de un curioso libro titulado 'Autoretrat de Jordi Garcès' (Anagrama) firmado por Cots que nace de las conversaciones mantenidas entre los dos–aunque el librero sutilmente se haya mimetizado con el paisaje de la narración- y que conforman unas memorias, una crónica cultural barcelonesa de los últimos años, un anecdotario impagable de sus protagonistas y reflexiones sobre el trabajo de arquitecto.

Padre del poeta Tomàs Garcés y padre de la filósofa Marina Garcés, el arquitecto ha formado parte de la gran cultura catalana del pasado siglo

“Habrá quien crea que somos amigos, pero no, después de tantos años solo hemos ido a cenar una sola vez, en ocasión de la salida de este libro”, dice Cots y lo dice con orgullo porque el conocimiento viene de las charlas de mostrador (todo el que haya pasado por Documenta sabrá qué intensidad alcanzan), y ese mostrador supone la distancia perfecta para retratar al otro. De esas charlas, doce conversaciones de dos horas y media más concienzudamente organizadas por el librero, surge un libro en el que se ha mantenido respetuosa la cadencia del habla del arquitecto y una voluntad claramente oral. Hijo del poeta Tomàs Garcés y padre de la filósofa Marina Garcés, el autorretratado ha formado parte desde niño de lo mejor de la cultura catalana del pasado siglo gracias al círculo de amigos de su padre, gente como Foix, Sagarra, Pla o pintores como Tàpies y más tarde de los suyos propios como Federico Correa o Ricardo Bofill. De todos ellos guarda Garcés sustanciosas anécdotas como aquella en la que Foix ante un artículo periodístico de Tàpies especialmente amargo comentó zumbón. “Caramba, escribe como si las cosas le hubieran ido mal”.

El modelo para ambos estaba claro, esos dos particulares experimentos que hizo Josep Pla con amigos suyos como ‘Vida de Manolo contada per ell mateix’, una autobiografía de Manolo Hugué, y ‘Un senyor de Barcelona’ escrita en primera persona. Cots no se siente especialmente 'planista' pero era inevitable tener presente ese modelo. “Es impresionante comprobar cómo a través del instrumento literario has trasladado una sensación muy próxima como si estuviéramos ahí directamente explicándonos cosas”, celebra el arquitecto.

El seny y la rauxa

Una mirada superficial estimaría que Cots es la rauxa y Garcés el seny. El primer la extroversión y el segundo la reserva. Pero Cots discrepa: “A Garcés no hay que creerlo nunca del todo. No es que quiera engañar pero tiene su particular visión de las cosas. A mí me gusta que no sea una biografía ejemplar”. No lo es. Garcés no se escuda ante sus intimidades, las amistades, sus hijas, sus relaciones sentimentales y en especial, con su compañera la escritora Nuria Amat. “Con los años he aprendido a liberarme de la timidez y el pudor. Pero el hecho de no tener que escribirlo directamente, sino que todo partiera de una conversación me ha dado una gran libertad, porque hay una gran complicidad y me ha proporcionado un espectador”, comenta Garcés que recuerda que cuando trabaja en un proyecto arquitectónico suele pedir a alguien del despacho que se siente a su lado y sea testigo de su trabajo. Y no lo hace porque no tenga que enseñar nada "sino por puro exhibicionismo”. 

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