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CRÓNICA

Luz Casal, en un gran momento

La cantante ofreció un vibrante recital en el Liceu en el que recorrió al completo su nuevo disco, 'Que corra el aire', y revivió una amplia selección de clásicos

Jordi Bianciotto

Luz Casal, durante el conciertl del Liceu.

Luz Casal, durante el conciertl del Liceu. / FERRAN SENDRA

Luz Casal sigue recordándonos que mantener una carrera para todos los públicos es compatible con el cuidado artesanal de la obra y con la inquietud artística: ahí tenemos este nuevo disco, ‘Que corra el aire’, en el que brinda otra de sus colecciones de tribulaciones en primera persona a un paisaje de canción emotiva con acentos pop. Repertorio que puso uno de los dos pilares de su recital en progresión triunfal de este sábado en el Liceu, dentro del Suite Festival.

La cantante gallega, o asturiana, marcó primero territorio con el repaso de esas once nuevas canciones a partir de la declaración de principios que le da título. Apuesta valiente, situándose en el presente a partir de la misma pieza ‘Que corra el aire’, donde nos habló de su espacio más privado, allá donde “no traspasan la puerta falsas promesas / ni los regalos envenenados”, acogiéndose a un ritmo de agradable pop ligero.

Conexión barcelonesa

Pero, aunque ese dinamismo volvió a acompañarla en la alegre ‘Días prestados’ y en la rockera ‘Tanto ruido’, el nuevo material se asentó en los medios tiempos, entre elegantes giros melódicos como los de ‘Miénteme al oído’, con sutiles acentos americanos ‘roots’, ‘Volver a empezar’ y la melancólica ‘Meu pai’. Sonido pop esbelto y con poso a cargo de una banda que incluye al teclista catalán Josep M. Baldomà (Sanpedro, Refree, Sidonie…). Pensando en él y en otros cómplices del disco, encabezados por el productor Ricky Falkner, destacó Luz la “enorme conexión del disco con Barcelona”. La dama de la canción se alzó en ‘Quise olvidarte’, la nostálgica ‘Morna’ y esa ‘Amores’, de Mari Trini, que hizo suya augurando lo que estaba por venir.

Porque, superado el test, llegó el momento de soltarse.  La voz de Luz no alcanza las cotas agudas de otros tiempos, pero compensa esas faltas con un magnetismo interpretativo abrumador. Su conocida tendencia a estirar las sílabas soltándolas bruscamente con su punto de chulería reservó momentos de deleite en ‘Entre mis recuerdos’, ‘No me importa nada’ o la siempre arrolladora ‘Besaré el suelo’, y su don como encantadora de serpientes se desplegó en ‘Un nuevo día brillará’, dirigiendo el canto del público y dominando la escena.

Así, crecida como maestra de seducciones, consumó la conquista del Liceu con ‘Es por ti’, el ‘Boig per tu’, de Sau, y un tramo rockero con esas canciones quizá banales pero que vuelven majareta al patio de butacas, coronadas por ‘Loca’ y ‘Rufino’. El Gran Teatre, alborotado, y un fundido con ‘Piensa en mí’ y ‘Te dejé marchar’, dejando la impresión de que Luz Casal, y se diría que no solo su carrera sino su vida entera, vive un excelente momento.

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