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EXPOSICIÓN EN MADRID

Los otros cuadros de Rubens

El Prado exhibe los bocetos pintados del artista, una herramienta de trabajo que acabó siendo un género en sí misma

Son óleos sobre tabla que servían al flamenco para desarrollar composiciones y que tienen el estatus de obras de arte

Natàlia Farré

El inicio de la exposición Rubens, pintor de bocetos, con un óleo de San Mateo del pintor flamenco.

El inicio de la exposición Rubens, pintor de bocetos, con un óleo de San Mateo del pintor flamenco. / GETTY / Pablo Blazquez Dominguez

"En última instancia un boceto de Rubens es un cuadro de Rubens". Vaya por delante la contundente afirmación de Alejandro Vergara, jefe de conservación de pintura flamenca del Museo del Prado. La frase viene a cuento de la exposición que la pinacoteca madrileña dedica al artista, "uno de los nombres fundamentales de la pintura Occidental", centrada en sus bocetos. Piezas que no son menores, no en vano el maestro barroco "fue el inventor del boceto pintado, una nueva forma de pintura". Una herramienta de trabajo que acabó convirtiendo en un género. No se trata de dibujos sobre papel realizados con lápiz, carboncillo o sanguina, pequeños y sin terminar. Sino de óleos sobre tabla o lienzo. A veces de gran tamaño, otras menores. Y en ocasiones abocetados o tan pulidos que parecen la obra final.

Y eso, el soporte y la técnica, es lo que los convierte en verdaderas pinturas. Lo creen y lo creían los expertos, y sobre todo su autor. Para lo primero, basta con ver los marcos que llevan algunas de estas obras, enormes y caros, como el que luce 'El carro triunfal de Kallo' y saber que cuelgan de las paredes de las mejores pinacotecas del mundo; para lo segundo, son evidencias tanto el hecho de que Rubens realizó casi 500 (un tercio de su producción) como que le gustaba conservarlos: el contrato que firmó para decorar la iglesia de los jesuitas de Amberes le daba a elegir entre entregar los bocetos o realizar una obra de más. Escogió la última opción.

Todo ello lo explica 'Rubens, pintor de bocetos', la exposición, fruto de una investigación del Prado y el Museo Boijmans Van Beuningen de Róterdam, lucirá en Madrid desde el martes y hasta el 5 de agosto. La gracia de ver la muestra en Madrid es que el camino que separa las salas de exposiciones temporales, donde se exhiben los bocetos llegados de todo el mundo, y la galería central, lugar en el que lucen algunas de las mejores piezas del pintor, como 'Las tres gracias' y 'La adoración de los reyes magos', es muy corto. Así, el atracón de Rubens está garantizado, ya que el Prado es el centro que custodia una mayor colección de obras de este artista que, además de prolífico, fue culto, viajero, embajador y uno de los pintores preferidos de Felipe IV, amén de consejero de Isabel Clara Eugenia, hija de Felipe II y soberana de los Países Bajos.

Anverso y reverso

Lo de inventor del boceto pintado hay que matizarlo. Lo es porque se trata de "un evento histórico, en el sentido de que sucede en un momento y en un lugar determinados" y Rubens es su protagonista, apunta Vergara, que ejerce de comisario de la exposición junto con Friso Lammertse. Pero antes de que el maestro barroco se pusiera a ello, hubo algún precedente de la mano de Polidoro da Caravaggio, Federico Barrocci, Tintoretto y Veronés. 

Una mujer mira la tabla que tiene pintado 'La caza del León', en el anverso, y 'La boda por poderes de María de Médicis con Enrique IV de Francia', en el reverso.  / SUSANA VERA (REUTERS)

La innovadora aportación de Rubens fue su sistematización: considerar como parte fundamental del proceso preparatorio de una obra pintar al óleo sobre soportes duraderos: tabla o lienzo. Y ello lo convirtió en el pintor de bocetos más importante del arte europeo y a su técnica, en un género. "Fue una herramienta nueva que surgió de forma espontánea. Una de las muchas maneras que hay de crear una obra de arte y de relacionarse con clientes y colaboradores", sostiene Vergara. Pues algunos de estos bocetos fueron pintados para desarrollar ideas sobre composiciones, otros para enseñárselos a los comitentes y los hay que sirvieron de guía para sus colaboradores. 

El tamaño, el estilo y el acabado nunca son iguales. Así, las tablas utilizadas para los bocetos de las escenas mitológicas que Felipe IV le encargó para el pabellón de caza la Torre de la Parada tienen como máximo 28 centímetros de alto. Y son bastante abocetados. En algunas, como en 'Vertumno y Pomona', la capa de pintura es tan delgada que Rubens utiliza la imprimación, la preparación que cubre la tabla, para dibujar la vegetación. Más evidente es dicha imprimación en 'Santa Clara de Asís', apenas un apunte que parece un dibujo. ¿Por qué uso óleo y una tabla para algo tan sencillo? No se sabe pero quizá tenga mucho que ver la gran presencia de madera que había en  su estudio. Tenía muchos restos que reaprovechaba una y otra vez. Ahí están 'La caza del León' en el anverso de 'La boda por poderes de María de Médicis con Enrique IV de Francia', y 'El prendimiento de Sansón', que debajo esconde un boceto de 'La adoración de los reyes magos'.

Todo el poder del Universo

Mayores y más acabados son los bocetos para los tapices dedicados al triunfo de la Eucaristía encargados por la infanta Isabel Clara Eugenia para el monasterio de las Descalzas Reales o la serie dedicada a Aquiles. Ambos conjuntos realizados para ser mostrados al comitente y servir de guía para los creadores de los tapices.

En total 73 bocetos que tienen la categoría de pinturas y que son, sobre todo, la esencia del pintor: Conservan "esa sensación de que en cada curva pintada Rubens acumula todo el poder del universo", reflexiona Vergara. "Era un trascendalista, no un realista. No pintaba la realidad visual sino que pintaba la vida mejorada". Y en ello "ponía toda su alma", apostilla el comisario.