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CRÓNICA DE ÓPERA

Bryn Terfel, monumento a la expresividad

El bajo-barítono galés impactó al Palau con un repertorio que mostró lo mejor de su triunfal carrera

César López Rosell

El bajo-barítono galés Bryn Terfel, durante su interpretación en el Palau de la Música. 

El bajo-barítono galés Bryn Terfel, durante su interpretación en el Palau de la Música.  / ANTONI BOFILL

Diecinueve años después de su recital en el Liceu, el carisma escénico y canoro de Bryn Terfel (Pant Glas, Gales, 1965) ha regresado a Barcelona para debutar en el Palau. Ha sido un acto de justicia poética para el legendario intérprete, injustamente olvidado en las programaciones musicales de una ciudad en la que nunca ha cantado una ópera y, a la vez, una oportunidad única para disfrutar de un artista en la plenitud de su madurez. El impactante recital, compartido con la Orquesta Gulbekian de Lisboa dirigida por Gareth Jones y el Orfeó Català y el Cor Jove, fue dedicado a la memoria de Carmen Mateu de Suqué, impulsora del Festival de Peralada donde, en 1990, se produjo el debut operístico europeo del bajo-barítono galés junto a Josep Carreras en la ópera 'Sansón y Dalila'.

La actuación de Terfel fue un monumento a la expresividad tanto por la utilización de su poderoso instrumento vocal como por su extraordinaria vis dramática, con una gestualidad siempre acorde con las piezas que interpreta. El dominio teatral de sus recreaciones y su enorme capacidad de comunicación hacen que los aparentes excesos histriónicos acaben magnificando el sentido y sensibilidad de sus recreaciones. Puede ser malvado, pícaro, insidioso, doliente y hasta un punto gamberro, pero siempre da el tono de sus personajes.

Personalidad arrolladora

Su arrolladora personalidad ayuda a superar cualquier carencia que pueda aparecer (siempre más por exceso vocal que por defecto). Lo demostró con el variado repertorio que ofreció, representativo de su trayectoria, en el que tuvo siempre bajo control el universo de sus pasajes. En 'Sono lo spirito che nega', de 'Mefistofele', mostró el poder de  sus graves y bordó el rol, silbando él mismo con fuerza desbordante los 'fischios' de la partitura.

En 'L’onore! Ladri!'de 'Falstaff' sacó a la luz la picaresca de un papel que parece escrito para sus características vocales y su imponente físico. Con razón es uno de sus roles emblemáticos donde además muestra el dominio de las medias voces. Pero uno de los platos fuertes de la noche fue su versión de la página 'La valquiria' en la que, con  profundidad dramática y sin gesticulación, transmite la angustia y emoción del adiós del dios Wotan a su díscola hija Brunilda.

Lejos de ceder en la intensidad teatral, Terfel no dudó en encararse con 'La muerte de Boris', de 'Boris Godunov'. De rodillas en el suelo, interpretó las alucinaciones y complejo de culpa del protagonista por haber ordenado la muerte del joven zarévich Dmitri. El cantante se metió en la hondura del alma rusa con su estremecedora versión. En un más que popular 'rush' final, el galés emocionó junto al Orfeó con la nostálgica melodía 'Homeward Bound' de Marta Keen y desplegó toda su versatilidad en piezas del musical americano como 'Some enchanted evening' de 'South Pacific' y la aclamada 'If I were a rich man' de 'El violinista sobre el tejado', expuesta con sensibilidad melódica y divertida gestualización. Una canción de cuna galesa cerró su triunfal actuación, en la que las corales del Palau lucieron su buen momento con páginas operísticas como 'Va pensiero', 'El coro de los peregrinos' y 'El coro de los gitanos'. Noche redonda. .

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