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Dylan, un valor eterno

El trovador combinó sus clásicos con material moderno y citas a los estándares americanos en su estreno en el Liceu

JORDI BIANCIOTTO

Bob Dylan con Charlie Sexton en el Liceu. / FERRAN SENDRA

Bob Dylan con Charlie Sexton en el Liceu.
Bob Dylan durante su primer concierto en el Liceu

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El trovador que hace más de 50 años advirtió de que los tiempos estaban cambiando, se suponía que para bien, comenzó su recital de ayer en el Liceu con una canción que podría interpretarse como una enmienda a sí mismo. «La gente esta loca y los tiempos son extraños / Estoy bien enjaulado, no estoy a tiro / Solía preocuparme, pero las cosas han cambiado», nos confesó Bob Dylan en 'Things have changed', con su voz agrietada y opaca, en el primero de sus dos conciertos programados por el festival Guitar BCN (repite hoy sábado).

Dylan en el Liceu, por primera vez, recorriendo un repertorio un poco menos retro que en otras ocasiones, con abundante material de sus discos del siglo XXI, como Love and theft y Tempest, así como esos homenajes al imaginario de los crooners que alimentan sus últimos discos. Un Dylan pianista, como se notó en particular en canciones como la segunda de la noche, 'It ain't me, babe', muy remodelada respecto a la versión folk de 1964. Y un concierto con medidas de celo artístico un poco pasadas de rosca: un empleado se dedicó a pasear por la sala durante todo el concierto enfocando a todo aquel que tuviera un móvil emitiendo el menor punto de luz. Contraproducente: cada vez que apuntaba con la linterna, a veces de lejos, molestaba más que el supuesto infractor.

GARAJE Y MELANCOLÍA  

Concierto, en fin, que exigió concentración absoluta arriba y abajo del escenario. Dylan y sus cinco músicos, rodeados de focos de plató cinematográfico, se lanzaron al rock'n'roll garajero pero técnicamente exquisito de 'Highway 61 revisited'. Registro que contrastó con la melancólica 'Simple twist of fate', vestigio de ese clásico de los discos de divorcio llamado 'Blood on the tracks' (1975), ahora con pedal steel de Donnie Herron y un refinado solo de guitarra de Charlie Sexton.

No tardó en caer el primero de los estándares americanos, para los que Dylan procedió a levantarse y cantar de pie ante un micro de aspecto vintage. Canciones como 'Melancholy mood', la primera, en la que no sabes si, a través de esa voz tan perjudicada, pretende llegar al corazón de ese repertorio más allá de las formas o es que desea ridiculizar a los pretenciosos crooners del jazz. Ahí estuvo también 'Fool moon and empty arms', bonita y romántica, dando paso a un momento doloroso, el concienzudo desguace de 'Tangled up in blue', con su melodía desfigurada a la dylaniana manera, quizá como metáfora del despiadado dolor que expresa la canción, otra de la cosecha de desamor de sus años con Sara Lownds. En ese tramo central de la noche, piezas de 'Tempest' como la arisca 'Pay in blood' y el crudo blues 'Early Roman kings'.

VIAJE DE PESADILLA

Es posible que a esa altura del concierto hiciera falta un clásico correoso para sacudir el patio de butacas, función que Dylan adjudicó con todo acierto a 'Desolation row'el apocalíptico retrato de una civilización jalonado por fogonazos de guerra, racismo, holocausto, prostitución... Lírica hiperrealista recitada al galope, con el ritmo entrecortado y notas de mandolina, conduciendo a un 'Thunder on the mountain' saboteado por cortes de sonido que por unos instantes propagaron el desconcierto.

Un último estándar, 'Autumn leaves', la versión yanqui de las feuilles mortes de Prévert y Kosma, con Dylan acariciándonos los oídos, apaciguó los ánimos camino de un punto cardinal de su obra madura, 'Love sick'. Amor fatal, enfermizo y depredador, con ecos de los pantanos en su día tan bien construidos por Daniel Lanois.

Y un bis sin sorpresas. Primero, 'Blowin' in the wind', con Dylan igualmente al piano y arreglo de violín, y la respuesta levitando en el aire del Liceu, y luego, 'Ballad of a thin man', otra canción literariamente desbocada y de interpretación a la carta, por donde pasean personajes de circo que parecen desafiar la realidad convencional. Dylan enigmático, quizá retorcido, que esté o no «enjaulado» y «a tiro», como decía en 'Things have changed', sigue marcando estilo desde su torre de la canción.

De Sinatra a los archivos de la 'era cristiana'

Hace casi seis años que Dylan no publica canciones nuevas, desde Tempest, lanzado en septiembre del 2012, ya que sus últimos trabajos han consistido en adaptaciones de los estándares del llamado American songbook, con Frank Sinatra como figura inspiradora. Ahí están Shadows in the night, Fallen angels y, para quien no hubiera tenido suficiente, los tres compactos de Triplicate. Pero el cantautor lanzó antes de Navidad uno de sus discos para fans, el 13º volumen de The bootleg series, que ofrece tomas en directo de las giras de los álbumes Slow train coming, Saved y Shot of love. Se trata de los trabajos de sus años de conversión al cristianismo, entre 1979 y 1981. Entre los músicos que participan en las grabaciones están Carlos Santana, Al Kooper y Jim Keltner.

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