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CRÓNICA DE MÚSICA

Trío de lujo para un gran Schubert en el Palau

Isabelle Faust, Jean-Guihen Queyras y Alexander Melkinov, arropados por tres solistas, interpretan 'La trucha' y otras obras del autor

César López Rosell

Jean-Guihen Queyras, Isabelle Faust y Alexander Melkinov

Jean-Guihen Queyras, Isabelle Faust y Alexander Melkinov / JOSEP MOLINA

Fiesta schubertiana en Palau 100. Los portentosos Isabelle Faust (violín), Jean-Guihen Queyras (violoncelo) y Alexander Melkinov (piano) volvieron a unir su talento para recrear un variado programa de música de cámara y lied, respaldados por el barítono Georg Nigl, Boris Faust (viola) y Laurène Durantel (contrabajo). Los intérpretes deslumbraron al público que salió levitando del recinto modernista. La interpretación del célebre quinteto 'La trucha’ cerró una noche apoteósica en la que tuvo tanto peso el lucimiento de los solistas como el ensamblaje entre ellos. Fue el triunfo de la poesía convertida en música por Franz Schubert.

Pasaban las once de la noche y los espectadores seguían aclamando a los protagonistas de una bien estructurada velada. Una alteración en el orden de la propuesta permitió que Nigl, acompañado por Melkinov, exhibiera la sensible expresividad de su timbre, algo inseguro al inicio, con 'Viola, D 786’. El extenso poema de Franz von Schöber  describe los diferentes momentos de su estado ánimo en una 'balada florida' que alude a la flor de nieve como precursora de la llegada de la primavera. El marcado acento lírico ya no se interrumpiría ofreciendo dos conexiones más  entre los ámbitos poéticos y musicales.

Antes Queyras, con el respaldo de un Melkinov en deliberado segundo plano, hizo aflorar toda la emoción y arrebatadora belleza sonora de su violoncelo Gioffredo Cappa de 1696 con la fascinante sonata 'Arpeggione'. Cada movimiento del arco sobre las cuerdas, con inspirados momentos en pizzicato, representó una sacudida de inspiración melódica. Esta obra fue escrita por Schubert para un efímero instrumento, mezcla de violoncelo y guitarra, que dio nombre a la pieza con posteriores transcripciones para violín y violoncelo.

Cohesión absoluta

La interpretación a cargo de Nigl de 'Sei mir gegrüsst (Yo te saludo)', inspirado en el poema de Fiedrich Rücker que expresa la soledad y el dolor del que está frente a la tumba de su amada, dio paso a la 'Fantasía en do mayor para violín y piano'. Esta obra surgió seis años después del citado'lied' y está caracterizada por la extrema exigencia de la parte de violín. Faust desplegó toda su brillante gama de recursos, sobre todo en las variaciones del Andantino que enlaza con el tema vocal mencionado. El diálogo de la instrumentista con Melkinov  evidenció la gran compenetración entre ellos.

El otro emparejamiento de la sesión se produjo a partir de la recreación de 'Die forelle (La trucha)', una de las canciones más populares del catálogo schubertiano. Nigl extrajo de ella todo su sentido lírico describiendo los sinuosos movimientos de pez en el agua y la amenaza del pescador. Esta pieza dio pie a una de las más populares obras ibstrumentales del autor, con las variaciones del 'lied' expuestas en el cuarto movimiento. La composición, de gran fuerza melódica y tan alegre como animada, encontró en los intérpretes del quinteto la cohesión absoluta, con especial brillo para Faust y Queyras y un Melkinov de gran nivel al piano. Maravilloso.

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