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Ziad Doueiri: "Es injusto culpar de todo a los israelís"

El director libanés, exasistente de Tarantino, presenta 'El insulto', la primera película de su país que ha obtenido una nominación al Oscar

Nando Salvà

Ziad Doueiri, en Madrid.

Ziad Doueiri, en Madrid. / EFE / LUCA PIERGIOVANNI

Sorprende oír una afirmación como la del título así pronunciada por alguien de origen musulmán; pero sorprende menos puesta en boca de Ziad Doueiri, conocido por contar historias que ponen en cuestión el 'statu quo' en Oriente Próximo. Hace unas semanas, Doueiri se convirtió en el primer libanés jamás nominado al Oscar gracias a su nueva película, 'El insulto'. En ella, el director afincado en París (antes vivió dos décadas en Los Ángeles, donde se curtió como asistente de Tarantino) relata cómo una discusión aparentemente nimia puede llevar una nación entera al borde del colapso.

¿Realmente cree que una simple ofensa verbal puede poner a todo un país en pie de guerra?
Verá, esta película se inspira en un incidente que me ocurrió en Beirut hace unos años. Estaba en el balcón de mi casa regando las plantas, y sin querer derramé agua sobre un albañil. El tipo me lanzó un insulto, y entonces yo la lancé a él un insulto más grave. El intercambio de ofensas se prolongó unos segundos más, y ahí se quedó. Pero me di cuenta de que el asunto perfectamente podría haber ido a más y más rápidamente. Sí, en Líbano una palabra fuera de lugar puede desatar el caos. Mi país es así.

¿Así? ¿Cómo?
La sociedad libanesa es un polvorín. Está compuesta por grupos cuyas respectivas identidades religiosas e ideológicas se basan en la demonización de la del otro. Y por eso algunas palabras acarrean puro veneno. Yo podría decirle a mi vecino algo como "ojalá violen a tu madre", y no pasaría nada. Pero si me cago en su religión, puedo provocar un conflicto a gran escala.

¿Pedir perdón no sirve de nada?
El problema es que en Oriente Próximo nadie pide disculpas, por nada. No forma parte de nuestra cultura. Y lo convierte en un lugar muy conflictivo, porque además acoge modos de pensamiento muy distintos. Si te sientas a cenar con un grupo de libaneses lo más probable es que todos acaben peleados entre sí. Es todo demasiado complejo. Y yo mismo he sido víctima de esa complejidad.

¿En qué sentido?
Siempre pensé que en Líbano los musulmanes eran las víctimas, los buenos, y los cristianos eran los perpetradores, los malos. Pero con el tiempo tienes ocasión de sentarte con tus enemigos, y te das cuenta de que no son traidores, y de que también lucharon y sufrieron y se sacrificaron en defensa de sus ideales. Esta película intenta demostrar que nadie tiene el monopolio del sufrimiento. En los últimos 40 años los palestinos han tratado de hacerse con él. Pero es injusto culpar de todo a los israelís.

¿Ha sufrido represalias por defender esas ideas?
De entrada, he tenido mil discusiones a gritos con mi madre. Crecí mamando la causa palestina del pecho materno. Mis padres lucharon activamente por ella; mi madre literalmente usó armas de fuego. Perdí a tres primos que murieron luchando por la OLP durante la guerra civil libanesa. Mi familia, actualmente, no me entiende.

Asimismo, en septiembre pasado usted fue arrestado al entrar en Líbano, ¿no es cierto?
Sí, en teoría el motivo de mi detención fue haber rodado en Tel Aviv parte de mi anterior película, 'El atentado', porque los ciudadanos libaneses tenemos prohibido entrar en Israel. Sin embargo, el motivo real fueron los intentos de ciertos grupos de presión de sabotear 'El insulto' y sabotearme a mí. Tuve que enfrentarme a un juicio militar acusado de alta traición. Podrían haberme caído 10 años. Debo confesar que sufrí mucho miedo. No podía dejar de pensar en qué sentiría mi hija.

"Según he oído, los españoles aún mantienen abiertas las heridas de la guerra civil y los franquistas siguen campando a sus anchas"

Hablando de hijos, ¿qué futuro le augura a la región?
La guerra civil libanesa acabó abruptamente en 1990 cuando los líderes de ambos bandos decidieron parchear la situación como quien aplica un torniquete a una herida que sangra. No se trabajó para mitigar los prejuicios y los resentimientos. Y eso es parecido a lo que les pasó a ustedes los españoles, ¿no es cierto? Según he oído aún mantienen abiertas las heridas de la guerra civil, y los franquistas siguen campando a sus anchas. Intuyo que, en parte, el problema de Catalunya tiene que ver con eso. Si no nos reconciliamos con nuestro pasado no podremos construir un futuro.

¿Es 'El insulto' la forma que usted tiene de reconciliarse con el suyo?
Yo hace tiempo que no vivo en Líbano, pero pasé la infancia en medio de uno de los conflictos más complejos del mundo, y me marcó para siempre. Soy un hombre enfadado y, si me lo propongo, soy capaz de ofender de la forma más cruel posible a quien me lo proponga. 'El insulto' es la historia de un hombre que ha sufrido una injusticia y siente que merece ser resarcido. Y he sido ese hombre. Crecí siendo arrestado, maltratado y humillado, y he mantenido esos recuerdos enquistados. Sí, supongo que es hora de dejarlos ir.

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