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ENTREVISTA A LA GANADORA DE PREMI LLIBRES ANAGRAMA

Llucia Ramis o los hijos de la corrupción

La autora de 'Egosurfing' logra en 'Les possessions' un retrato de la sociedad a través de su generación y de la historia familiar

Anna Abella

La escritora y periodista Llucia Ramis, autora de Les possessions, Premi Anagrama. 

La escritora y periodista Llucia Ramis, autora de Les possessions, Premi Anagrama.  / JOAN PUIG

Una crítica a “la corrupción, que ya forma parte del sistema”, una lanza para abolir “el tabú del trastorno mental”, hablar de “las frustraciones masculinas”, de secretos familiares, de “la posesión sentimental” en la pareja, de la extinción del periodismo y, por consiguiente, de la democracia, del acoso de los “frikifans”... Temas que, como la vida misma, se entrelazan en ‘Les possessions’ (Premi Llibres Anagrama de Novel·la), donde Llucia Ramis (Palma, 1977) se enfunda el disfraz de narradora para armar un lúcido artefacto novelístico que habla de “experiencias vividas” y de su “familia, intentando que esta sea un retrato social que invite a la reflexión”. 

Tras el memorialístico ‘Tot allò que una tarda morí amb les bicicletes’, la autora mallorquina, jugando literariamente con la primera persona, se remonta ahora al 2007, cuando (como su narradora, también periodista) publicó su primera novela, ‘Coses que et passen a Barcelona quan tens 30 anys’. La protagonista, afincada en la capital catalana, vuela a Palma para afrontar la locura que posee al padre, que pierde la cabeza tras enfrentarse en una infructuosa batalla legal a una injusticia urbanística y especulativa. “Ve que no puede ganar al sistema. El trastorno mental es como la corrupción. No hablamos de ello y se va haciendo grande. Nadie quiere reconocer un trastorno, una depresión, y crecen. Es un estigma, lo vemos como una tara. Y debemos hablar de ello porque hay mucha gente en esta situación y muchos no vuelven de esa locura”.      

“El problema de la corrupción -vincula Ramis- es también que no hablamos de ella porque es sistémica, estructural y de una forma u otra todos estamos metidos en ella. La justificamos, nos decimos que si no hacemos trampas las hará otro, que si todo el mundo las hace por qué yo no, y así permitimos que el sistema continúe. Y eso nos afecta a todos”.  Y añade que “somos hijos de la transición pero también de la corrupción”. “El sistema económico, para preservarse, sabe que no debe tener vergüenza ni escrúpulos. Nuestra crisis viene porque nos han robado –asegura-. Y para preservar esos poderes existe un interés a favor de la corrupción y en contra del periodismo que acaba con la democracia”. 

"El trastorno mental es un estigma, lo vemos como una tara. No hablamos de él y eso ayuda a que crezca"

Llucia Ramis

Periodista y escritora 

La corrupción emerge también desde un morboso episodio real ocurrido en 1993 cuando el socio del abuelo, el empresario Benito Vasconcelos, se suicidó tras matar a su mujer y su hijo adolescente tras verse arruinado por la propia corrupción que manejaba. “¡Entonces se dijo que eso ponía fin a la era del pelotazo! 25 años después los corruptos siguen sacando pasta de la crisis”.     

‘Les possessions’, además de la posesión de la locura, también indaga en la física cuando los abuelos de la narradora deben vender Can Meixura, la masía mallorquina donde iba de niña. “La casa podía ser de ellos pero la infancia y el pasado es mío. Y con su pérdida pierdo lo vivido allí. No tienes dónde volver. Estás descolocado. Es la sensación de mi generación de no estar en ninguna parte”, asume Ramis, que admite que en la gente de su edad también “hay un punto de cinismo al creer que merece lo que tiene pero no lucha por mantenerlo”. “Nos quejamos mucho pero no hacemos nada para cambiar las cosas. Y debemos luchar para cambiarlas”. 

"En mi generación nos quejamos mucho pero no hacemos nada para cambiar las cosas"

Entre todos los hombres de la novela, que “tienen una frustración que no llevan bien”, el antiguo novio de la narradora, un periodista de la vieja escuela, ejemplifica otro tipo de posesión. “Él la posee sentimentalmente. Es incapaz de dejarla del todo y eso genera malestar y angustia en ella. Pero no hay voluntad feminista ni de críticarle ni de ajustar cuentas con él. Quería explicar un momento muy complicado. Si lo hubiera hecho cuando pasó habría hablado de monstruos. Diez años más tarde hablo de fantasmas. Pasado el tiempo la narradora intenta entender aquella relación”.   

El "psicópata del mes"

Ramis, tras publicar su primer libro, se topa también con “el psicópata del mes” y los “inquietantes ‘friquifans’”. “Para mí la frontera está en el texto y claro que me encanta que me digan que les ha gustado pero muchos lectores me identifican con el personaje e invaden mi vida privada. Hay gente que no conoces de nada y te dice que eres su amigo. Y es muy fácil defraudarles, si un día publicas algo que no les gusta ya eres su enemigo”.      

Apuesta por el periodismo

La autora de ‘Egosurfing’ (Premi Josep Pla 2010) lamenta lo fácil que resulta “un linchamiento en las redes”. Escritores y periodistas “intentamos controlar lo que escribimos y de repente en internet interpretan otra cosa y pierdes el control”. Y enlaza con el periodismo, que para ella, “busca el alma del mundo” pero está en peligro porque nadie parece ya dispuesto a pagar por la información y “porque la gente piensa que es un trabajo que puede hacer cualquiera con un móvil” cuando nadie se cuestiona que alguien “no puede operar a corazón abierto habiendo visto mil tutoriales”. 

“El único periodismo es el de la crónica y la información contrastada. Entendemos la repercusión de lo que publicamos y somos responsables de ello. Los medios son filtros de la verdad. Pero todo responde a unos poderes e intereses económicos. Lo estamos matando entre todos. Como a los políticos, la sociedad ya no nos respeta. La gente prefiere defender a los que opinan como ellos que reconocer unos hechos que le desmienten. Es la posverdad. Ya sabemos que el periodismo no da dinero pero sí da otro tipo de valores y hay que apostar por él”. 

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