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CRÓNICA

Barroco de excepción con William Christie

El maestro debutó en el Liceu con 'Ariodante', de Händel, con Les Arts Florissants y un equilibrado grupo de solistas encabezados por Kate Lindsay

César López Rosell

William Christie, en el Liceu, durante la versión concertante de la ópera de Händel.

William Christie, en el Liceu, durante la versión concertante de la ópera de Händel. / ANTONI BOFILL

William Christie debutó, por fin, en el Liceu con una maravillosa versión en concierto de 'Ariodante', una de las mejores óperas de Georg Friedrich Händel. El director y clavecinista, nacido en 1944 en Buffalo (EEUU) pero nacionalizado francés, regaló una gran noche de barroco al frente de su magnética formación Les Arts Florissants y un equilibrado grupo de solistas, encabezados por la mezzo norteamericana Kate Lindsey. La cantante provocó el delirio con sus pulidas agilidades y sus memorables lamentos.

El viaje por el cambiante tobogán de emociones de la obra se mantuvo siempre dentro de las coordenadas de la tensión dramática del libreto. La magnífica implicación del elenco en las caracterizaciones de los personajes y el sensible respaldo de una exquisita y envolvente orquesta con instrumentos de época hicieron que la función discurriera por los cauces previstos, algo que solo ocurre  cuando detrás hay un gran trabajo previo de coordinación. Christie, meticuloso en los detalles, mantuvo firme el pulso de la dirección manejando perfectamente los tiempos. Como experto en este repertorio, el maestro ha sabido rodearse de un grupo de cantantes de nivel, que respondieron a las exigencias de una partitura dominada por las arias 'da capo' y las consiguientes ornamentaciones.

Penetrante belleza

La penetrante belleza de la música, tanto en los momentos de mayor dramatismo como en los más felices, inundó el ambiente de una sala repleta de händelianos convictos y confesos. Era la segunda vez que la obra se ofrecía en el Gran Teatre (la exitosa primera fue en el 2006, escenificada y con dirección musical de Harry Bicket), pero el hecho de que esta nueva versión fuera concertante no ha desmerecido ni un ápice los buenos resultados.

Lindsey, en el travestido papel del príncipe enamorado de Ginevra (hija del rey de Escocia), deslumbró con sus prestaciones dramáticas y vocales. Dio una lección de canto tanto en los pasajes de gran lirismo como en las rutilantes arias de bravura. Fue maravillosamente expresiva en la célebre 'Infida sei' y desbordante en las coloraturas con una apoteósica 'Dopo notte', así como también en la recreación de los duetos con la princesa.

Chen Reiss (Ginevra) expresó en toda su dimensión el desgarrador dolor de su rol, manifestado sobre todo en el segundo acto cuando es acusada de infidelidad tras un traicionero montaje de su otro pretendiente, el amoral Polinesso. En los momentos de gozo, en cambio, lució sus tesituras más agudas y flexibles. Christophe Dumaux encarna a la perfección al malvado de la historia. Gestos, acciones y canto  fueron servidos con una amplia gama de recursos, una soberbia coloratura y un irónico cinismo. Hila Fahima (Dalinda, sirvienta de Ginevra, implicada por engaño en el plan de Polinesso) superó un reto plagado de exigentes agudos y en todo momento mostró su amoroso carácter. El rotundo bajo Wilhem Schwinghammer (rey de Escocia) fue de menos a más hasta dar con el perfil de un personaje algo falto de expresividad, mientras Anthony Gregory cumplía como Odoardo, consejero del monarca. Barroco de excepción.

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