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QUINZENA METROPOLITANA

Aina Alegre, una fiesta coreográfica

Cinco bailarines interpretan 'Le jour de la bête', una reflexión sobre el ritual de las celebraciones populares, en la Sala Hiroshima

Marta Cervera

Una escena de Le jour de la bête, de Aina Alegre. Sala Hiroshima. 

Una escena de Le jour de la bête, de Aina Alegre. Sala Hiroshima.  / Patrick Berger

Aina Alegre (Vilafranca, 1986), bailarina y coreógrafa afincada en París desde hace 10 años, ofrece en la Sala Hiroshima su creación más ambiciosa, 'Le jour de la bête' ('El día de la bestia'). Que nadie se asuste, no es una obra de terror. El título hace referencia a esa parte animal e instintiva que llevamos dentro, a ese espíritu que nos impulsa a traspasar límites en momentos de celebración. "En las fiestas populares, pero también en las 'raves', hay una especie de ritual, algo que nos conecta y nos lleva a traspasar límites. Nos comportamos de una forma distinta en ellas", señala Alegre. "Me interesé por las fiestas populares porque en Vilafranca, de donde provengo, son muy importantes". Su obra coincide en Barcelona con la de otra creadora de su generación, Marina Mascarell, que estrena en el Mercat 'Three times rebel'. Ambas, en cartel hasta el domingo, despedirán la Quinzena Metropolitana.

En 'Le jour de la bête' Alegre baila con cuatro intérpretes de diferentes nacionalidades: Cosima Grande, Aniol Busquets, Teresa Acevedo Charlie Fouchier. "Es una pieza más compleja que las anteriores pero ha sido muy interesante trabajar con gente con tantos referentes distintos. Hemos podido comprobar que las celebraciones populares nos conectan, es un tema universal". Como en anteriores ocasiones, Alegre colabora de nuevo con Roman Mercier en la banda sonora aunque los intérpretes generan sus propios ritmos, sobre todo con elementos de percusión.   

"Las fiestas son celebraciones pero también actos de resistencia y de purga"

¿Qué papel juegan estos rituales en una sociedad cada vez más individualista como la nuestra? Esta es una de las preguntas que se plantea la creadora. "Las fiestas son celebraciones pero también actos de resistencia y de purga". En esa catarsis que se produce en las fiestas mediterráneas, por ejemplo, el fuego es un elemento primordial. y aunque no utiliza ese elemento, sí ha intentado impregnar el espectáculo de esa "energía magnética".

Entre París y Barcelona

Los interpretes bailan en una escenografía despejada, con pocos elementos y un suelo recubierto de tierra. "Las pinturas de Antoni Tàpies, abstractas y creadas con materias orgánicas son un referente para esta obra. También me identifico con esa noción de dejar un trazo que puedo identificar con un gesto", dice la coreógrafa que, por ahora, no tiene prisa por regresar a Catalunya. "Lo que sí me interesa es desarrollar un puente de comunicación entre Barcelona y París. Con la Sala Hiroshima queremos abrir una ventana para intercambiar propuestas". 

Hasta ahora Alegre ha participado como bailarina en todas sus obras, aunque no será así en su próximo proyecto, que estrenará en el 2019.  "Aun no he encontrado mi propio lenguaje y espero no hallarlo nunca porque sería el fin. La búsqueda debe ser continua", afirma este talento emergente que se dio a conocer en el 2011 con 'No se trata de un mundo mitológico'. Su objetivo es que sus piezas sean muy diferentes. "En cada obra busco una corporalidad propia, una expresión física distinta. No me interesa desarrollar un único lenguaje sino inventarlo en función de cada proyecto".

Temas: Danza

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